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3.9 ¿Qué hubiese pasado si los Reformadores hubiesen conocido las consecuencias de su doctrina?

Lutero, ante Carlos V, se niega a retractarse o buscar otra vía – escena de Carlos Rey Emperador, la teleserie de RTVE
Es imposible saberlo, aunque por las dudas (Ver punto 1.1, Los “reformadores” sufren las consecuencias de su propia doctrina) que sufrieron cuando comenzaron a ver a la Reforma fragmentarse, infinitamente inferior al que vemos hoy día, es muy probable que lo hubiesen pensado dos veces. Sinceramente creemos que Lutero no tenía ni idea de lo que su nuevo sistema iba a producir, pero de haberlo podido saber no es probable que hubiera querido contrariar el profundo deseo de unidad repetido tantas veces en el Nuevo Testamento.
La Iglesia siempre está necesitada de reforma, pero la solución no estaba en el camino tomado por los reformadores. El ejemplo de santos como San Francisco de Asís o San Ignacio de Loyola renovó con más fuerza la Iglesia que todos los reformadores y heresiarcas juntos, porque aquellos, dóciles como verdaderos instrumentos de Dios, entendían que es desde dentro de la Iglesia, y bajo la autoridad instituida por Jesucristo, donde podemos realmente hacer la diferencia con la gracia de Dios.
Hay que decirlo pero los reformadores no tenían la santidad para una tarea semejante. Sin descartar la posibilidad de que ellos tuvieran genuinamente intenciones de reformar la Iglesia, ya que la intención del corazón solo la ve Dios, basta observar sus escritos y su comportamiento para darse cuenta de esto. Su vida llegó en ocasiones a ser una antítesis del evangelio y hoy día las consecuencias de sus enseñanzas son desastrosas.
Por supuesto, sería necio negar que parte de la responsabilidad la tuvieron muchos católicos y miembros de la jerarquía, que sumidos en una vida aberrante, dieron pie para que estos hombres dominados por sus pasiones y no por la gracia de Dios, demolieran parte de la Iglesia y sumieran a muchos en el error del relativismo de interpretar la Biblia a su antojo: “Dios juzgará a cada quien y tenga piedad de todos”.
Hemos analizado la interrogante que titula este apartado y no hemos podido sentenciar una respuesta concreta; sin embargo, si la misma fuera formulada como sigue: ¿Qué hubiese pasado si la Reforma Protestante hubiera tenido lugar en los siglos primero o segundo? De seguro tendríamos que decir: la Cristiandad fuera muy poco creíble.
Bienaventurados aquellos que permanecieron y permanecen fieles en la Iglesia, la siempre santa y necesitada de reforma.
“Hijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo. Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros”. 1 Juan 2: 18-19

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