Sin categoría, Sola Escritura, Tradición Oral Apostólica

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Este artículo pertenece a la serie: Sola Escritura: ¡No! Tradición: ¡Sí! para ir a la entrada principal (Índice) o para descargar el pdf que contiene la serie clic en el nombre de la misma.

4. Conclusiones

Con la ayuda del Apéndice 3 basta lo siguiente para concluir:

  “… como todo lo que afirman los hagiógrafos o autores inspirados lo afirma el Espíritu Santo se sigue que los libros sagrados enseñan sólidamente, fielmente y sin error, la verdad que Dios hizo consignar en dichos libros para nuestra salvación…” Concilio Vaticano II 1963” Dei Verbum, Cap. XI

“… es tan grande el poder y la fuerza de la Palabra de Dios, que constituye sustento y vigor de la Iglesia, firmeza de fe para sus hijos, alimento del alma, fuente límpida y perenne de vida espiritual… Los fieles deben tener fácil acceso a la Sagrada Escritura…” Concilio Vaticano II 1963” Dei Verbum, Cap. XXI

«La Iglesia recomienda de manera especial e insistentemente a todos los fieles la lectura asidua de las divinas escrituras para que adquieran la ciencia suprema de Jesucristo (Fil 3: 8), pues desconocer las escrituras es desconocer a Cristo”. CIC. 133. 

Algo que debemos tomar en cuenta, es que hasta el demonio se sabe muy bien las Escrituras, y no por eso podemos confiar en su interpretación, o en la de cualquiera que traiga una Biblia bajo el brazo (Mateo 4: 1-10). Solo podemos confiar en aquellos a los que le dijo el Señor:  

 “El que a vosotros recibe, a mí me recibe” Mateo 10: 40

 “El que a vosotros oye, a mí me oye; y el que a vosotros desecha, a mí me desecha” Lucas 10: 16

Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.” Mateo 16: 19

Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano. De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo.” Mateo 18: 17-18

“…Como me envió el Padre, así también yo os envío.” Juan 20: 21

Para llegar a una verdad completa tenemos que buscar en la Biblia y en la Tradición ininterrumpida de los apóstoles, solo así sabremos que puede decirnos la Palabra de Dios escrita, la Biblia sin la Tradición es una “verdad a medias”, y una verdad a medias puede confundir peor que una mentira, la Biblia y la Tradición forman la unidad.  

En el siglo I y hasta mediados del II aun estaba muy viva la predicación de los discípulos de Jesús, y muchos cristianos eran discípulos de los apóstoles o de sus discípulos, por lo que las predicaciones eran aun algo vivo y fresco en aquellas iglesias. De hecho si ciertos escritos y epístolas recibieron la consideración de “portadores de la verdad cristiana” fue porque encajaban perfectamente en esa Tradición Oral recibida, y no al revés. En este sentido, la doctrina protestante de la Sola Scriptura necesitaría demostrar justo lo contrario, que el cristianismo de los primeros años fue solo un conocimiento difuso hasta que los escritos bíblicos fueron redactados, y entonces todos los cristianos pudieron ya acudir a esos textos para conocer la verdad. Pero lo que vemos es totalmente lo opuesto, los cristianos reciben su fe de forma oral, y cuando empiezan a aparecer textos difundiendo el cristianismo, solo aquellos que se ajustan del todo a esa fe que han recibido oralmente serán considerados fiables y dignos de ser usados para la instrucción y conocimiento de la fe. Es por eso que algunos textos rápidamente logran la aceptación de todos (como los cuatro evangelios y buena parte de las epístolas) mientras que otros reciben diferentes grados de aceptación en las diferentes iglesias, aunque estas variaciones iniciales no impiden que todas las iglesias sean conscientes de que comparten una misma y única fe apostólica: la Tradición. Por eso no puede sorprendernos que precisamente San Pablo aluda repetidamente a la fe transmitida como una “Tradición” (1 Corintios 11: 2; 2 Tesalonicenses 3: 6. 2: 15), o sea, algo transmitido oralmente, y no como unos escritos de los que no nos podemos salir.

Vayamos pues con objetividad, a darle el lugar que le corresponde a la santa Palabra de Dios, que se hizo para y por la Iglesia, debe ser leída en la Iglesia, y debe ser interpretada en la Iglesia que le vio nacer. Un libro Católico, publicado por católicos, preservado por católicos, y enseñado por católicos. Dios sea bendito por su palabra escrita, pero más aun bendito sea Dios porque tengo quien me la interprete sin error.

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—- Fin de la seire —-

 

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Acerca de José Carlos Pando Valdés

Gracias por dedicar parte de su tiempo a la lectura apologética, tan ncesitada dentro de la Iglesia actual. Que Dios lo colme de Bendiciones.

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