Este artículo pertenece a la serie: Sola Escritura: ¡No! Tradición: ¡Sí! para ir a la entrada principal (Índice) clic en el nombre de la misma.
Para no hacer de nuestros escritos un tratado inmenso hemos tomado la decisión de incorporar en apéndices información que si bien es importante «no es imprescindible».
En los diversos artículos de la serie se encuentran los enlaces a cada uno de estos apéndices, según se corresponda.
Índice de los apéndices:
Apéndice 1: En dónde dice la Biblia qué…
Apéndice 2: Algunas precisiones sobre la Biblia
- La Biblia no cayó del cielo
- Alguien tuvo que haber recopilado el Nuevo Testamento
- Los primeros cristianos no tenían Biblia recopilada
- La difusión del cristianismo se dio gracias a la predicación y testimonio de los apóstoles
- Las escrituras eran muy difíciles de copiar
- Jesús, que sepamos, nunca escribió nada, ni siquiera un solo renglón
- La Iglesia Primitiva no pretendió entregar epístolas o evangelios reproducidos a todos fieles
- En los cultos de los primeros cristianos se leían escritos apócrifos y nunca tuvieron Nuevo Testamento completo
- Nicea y el canon
- Iglesia antes del canon
- La Palabra de Dios no se autentifica por sí misma, esta necesita testigos
- Otras herramientas de interpretación bíblica
- ¿Quién puede interpretar la Biblia?
- ¿Y si un obispo se equivoca?
- ¿Puede un católico leer la Biblia y buscar su propio significado?
- ¿No es la visión católica dictatorial?
Apéndice 3: Desmostando la Sola Scriptura desde la Lógica
Apéndice 4: Resumen de este artículo (con las principales citas usadas)
Apéndice 1: En dónde dice la Biblia qué…
Debemos de recordar que si un protestante o un miembro de una secta derivada del protestantismo nos pide que respondamos a una de sus preguntas u objeciones basadas en la Biblia, antes de proceder hay que pedirle que él nos demuestre con qué derecho usa la Biblia contra nuestra fe, es decir, que nos demuestre –y por escrito sería mejor– que la Biblia es Palabra de Dios y que solamente debemos creer lo que dice la Biblia. Si no lo hace, o no puede, o no quiere, entonces, simplemente digámosle que tampoco nosotros le responderemos su objeción, puesto que él no sabe por qué usa la Biblia.
Los protestantes usan las Escrituras, tanto para su devoción y alimento particular (lo cual alabamos y deseamos que continúen haciéndolo) cuanto para objetar a los católicos las enseñanzas principales de nuestra fe (quién no ha escuchado hasta el cansancio la pregunta: ¿dónde dice la Biblia que…?), en lo cual hay un abuso pasmoso, puesto que precisamente ellos deberían primero probar por qué tiene que estar en la Biblia lo que nosotros enseñamos y creemos, lo cual no pueden hacerlo, porque esta no dice que todo tiene que estar allí. Atención con esto: no estamos diciendo que las verdades de nuestra fe no estén en la Biblia, sino que, si bien están allí (explícita o implícitamente), el que “tengan que estar” no es doctrina bíblica. Nota del recuadro 2.4.2.
Apéndice 2: Algunas precisiones sobre la Biblia y otras
Es menester puntualizar lo siguiente, a lo que bien se puede llegar por el puro sentido común, y escudriñando un poco en la historia. Las ideas son abordadas en el cuerpo del documento y aquí solo se ofrecen de forma sucinta:
1.- La Biblia no cayó del cielo, muchos hermanos dicen: – la Biblia la puso Dios y cuando Cristo se fue, nos dejó la Biblia para que hiciéramos solo lo que ella dice. ¿Dónde viene eso en la Biblia? Los libros de la Biblia que tenemos fueron escritos a lo largo de los años, y en diferentes partes no fue escrita de un solo tomo, ni por un solo autor.
2.- Alguien tuvo que haber recopilado el Nuevo Testamento debido que todos los libros de la Biblia y en especial los del Nuevo Testamento estaban regados. Los doce apóstoles solo estuvieron reunidos en el concilio de Jerusalén (Hechos 15), después de ahí nunca estuvieron reunidos para poder ponerse de acuerdo en juntar dichos escritos, además de que circulaban una gran cantidad de escritos apócrifos, así como epístolas de los padres apostólicos, cómo Ignacio de Antioquia y Clemente de Roma que circulaban casi o en igual medida que las epístolas de los demás apóstoles, y que no fueron puestos por la Iglesia en el canon ¿Cómo pudieron los Cristianos saber cuáles eran inspirados y cuáles no? Si todos los escritos hablaban de Cristo, alguien tuvo que haberlos separado. Muchos mencionan: pues, los cristianos sabían cuales escribieron los apóstoles. Pero si ni Marcos ni Lucas eran apóstoles ¿Entonces? ¿Cómo sabría un cristiano que el evangelio de Mateo es de Mateo, si el propio no lo dice? Solo lo sabemos por el título que es puesto en tu Biblia, pero el libro por sí solo no lo dice, ni lo decía. Además muchos cristianos con buena intención firmaban como otros solo para corregir y educar en la fe, en este caso numerosos eruditos sitúan la segunda carta de Pedro.
3.- Los primeros cristianos no tenían Biblia recopilada inclusive aun si la tuvieran no la podían leer, por el alto grado de analfabetismo, la lectura de las escrituras era privilegio de unos pocos, no de todos los cristianos. Pero volviendo al asunto, durante los primeros siglos los cristianos no tenían un canon definido para el Nuevo Testamento. La mayoría de los libros actuales eran comúnmente aceptados, pero algunos no, y también había algunos libros que por entonces eran muy aceptados como sagrados por muchísimas comunidades y que finalmente fueron rechazados y hoy no están en la Biblia. Entonces, ¿quién decidió qué libros eran Palabra de Dios y cuáles no lo eran? Pues fue precisamente la Iglesia Católica bajo el influjo del Espíritu la que lo decidió en el III Concilio de Constantinopla en el año 691. Hasta casi un siglo después no existía una Scriptura definida y aceptada por todos, por lo que la idea de Sola Scriptura resultaría hasta entonces absurda. ¿Quiere eso decir que el cristianismo no apareció hasta el siglo VIII? Pero los protestantes aceptan firmemente la decisión de la Iglesia del 691 y la consideran tan infalible hasta el punto de fundamentar toda su fe en, y solo en, los libros que la Iglesia Católica en ese concilio decidió que eran la Palabra de Dios. Esa infalibilidad absoluta solo puede proceder de Dios, del hecho de ser la Iglesia que Dios fundó y la misma a la que Jesús prometió enviar el Espíritu Santo para que tuviera recto discernimiento y no se saliera de la Verdad. Es en virtud de esa protección divina que podemos estar seguros de que las enseñanzas y decisiones doctrinales de esta Iglesia son verdaderamente Palabra de Dios, incluidos los textos que ella decidió que así lo eran. Pues fue esa misma Iglesia la que declaró oficialmente también en un concilio que la veneración de los santos y el uso de imágenes (por solo escoger dos doctrinas católicas bien atacadas por los protestantes) en el culto era conforme a la voluntad divina. Si alguien acepta firmemente que esa Iglesia dijo correctamente en cuanto a qué libros eran sagrados, no tiene esa persona ningún argumento serio para negarle a esa misma Iglesia la infalibilidad cuando dijo que el culto a los santos y el uso de imágenes eran también cosa sagrada (o cualquier otra doctrina). Si se rechaza o se pone en duda lo segundo, entonces no se tendría ningún argumento para aceptar sin dudar lo primero. Si se niega la infalibilidad de la Iglesia entonces se tendría que rechazar el Nuevo Testamento como base infalible de la fe protestante. La misma doctrina que niega a la Iglesia Católica no podría existir si negamos a la Iglesia Católica, eso es una profunda contradicción en la base misma de las creencias protestantes, por ello repetimos lo que dijo San Agustín, si yo acepto la Biblia como Palabra de Dios sin dudarlo es porque así me lo ha enseñado la Iglesia Católica, no sería posible rechazar a esa Iglesia sin rechazar también a la Biblia que ella nos dio. Eso explica por qué los católicos tenemos doctrinas que no aparecen en la Biblia y aun así no vemos en ello ninguna contradicción ni ningún problema. Nuestra fe no procede exclusivamente de la Biblia, como la protestante, sino de la misma Iglesia, que fue fundada por Jesús y otorgada con su poder para no caer en el error (aunque nada nos libra del pecado).
4.- La difusión del cristianismo se dio gracias a la predicación y testimonio de los apóstoles no a la indispensable lectura de la Biblia, cuando se trataba de convertir a un Judío, se le mostraban las escrituras que apuntaban hacia Cristo (Hechos 17: 11), pero en la conversión de los paganos, de ninguna manera podía utilizarse la escritura, porque simplemente las desconocían, ya que los judíos ni siquiera dejaban tocar un texto sagrado a un pagano porque se pensaba que los profanaban. Todo era principalmente basado en la predicación, lo notamos porque el primer escrito que está en el canon cristiano (Mateo) se escribió cerca de 10 a 20 años después de la resurrección de Cristo, por tanto, no se tenían escrituras cristianas durante un buen tiempo.
5.- Las escrituras eran muy difíciles de copiar debido a que no existía la imprenta, sino hasta el siglo XV, lo que volvemos descartar que haya sido la autoridad del cristiano de los primeros siglos y la guía que todos debían tener para ir al Cielo, así como la propagación del cristianismo debido a la Biblia, y que todos pudieran tener al menos un libro, increíblemente muchos acusan a la Iglesia de esconder las escrituras, pero ¿Cuáles escrituras? Si las únicas que existían eran copiadas para leerse en las Iglesias, imposible que todo el pueblo pudiera poseerlas como hoy día.
6.- Jesús nunca escribió nada (Juan 8: 6 no nos dificulta entender esto), ni siquiera un solo renglón sino que mandó una Iglesia para anunciar el evangelio y la salvación de las almas (Marcos 16: 15-20; Mateo 28: 19-20), hasta donde sabemos tampoco mandó a escribir nada, de ser así, todos los apóstoles hubieran escrito al menos algo, pero de ellos, solo escribieron: Mateo, Juan, Santiago, Judas y Pedro. Y escribieron Pablo, Marcos y Lucas que no fueron discípulos directamente de Cristo, Marcos escribió su evangelio por Tradición oral de Pedro, y Lucas por lo que recibió de Pablo. Lo cual nos deja de manifiesto que Cristo nunca nos dejó una Biblia, por lo tanto nunca pretendió que estuviéramos sujetos a la Biblia como la única autoridad, sino a la Iglesia (1 Timoteo 3: 15; Mateo 18: 17-18) para guardar la verdad y la unidad, y sobre todo la verdad de las escrituras, pues debido a la libre interpretación de la Biblia, los resultados de unidad en los cristianos han sido desastrosos (Juan 17: 21).
7.- La Iglesia Primitiva no pretendió entregar epístolas o evangelios reproducidos a todos los fieles para que los leyesen en las Iglesias y se convirtieran, porque sabemos que no existía la manera rápida de copiar dichos escritos, inclusive el papiro para escritura era muy difícil de elaborar, no era como hoy, ni mucho menos el elaborar una tinta que durara impresa mucho tiempo, lo cual nos damos cuenta lo difícil que era escribir una epístola, y más reproducirla a todos los cristianos, muy poco se escribió en pieles de animales, debido a que la escritura se borraba fácilmente. El curtir piel y elaborar papiro, no era un oficio de todos, pero cuando se elaboraba una piel o papiro, era para una necesidad primaria, como el calzado y la vestimenta, para las barcas y demás, la palabra del Señor no se difundió por escritos, sino por predicación y testimonio principalmente (Hechos 6: 7; 13: 49; Romanos 10: 17; 1 Tesalonicenses 2: 13). Muy absurdo sería pensar que los primeros cristianos tuvieran la Biblia como ley, entonces los apóstoles y miles de cristianos se hubieran evitado sus martirios quedándose escondidos en sus casas leyendo la Biblia, muy fácil hubiera sido mandar escrituras a todas las comunidades y haber evitado la predicación y la enseñanza pública, por lo que precisamente fueron ejecutados.
8.- En los cultos de los primeros cristianos se leían (cuando tenían) escritos del Antiguo Testamento, o las epístolas o evangelios que se pudieran tener (aun apócrifos), nunca tuvieron Nuevo Testamento completo al menos por casi cuatro siglos cuando fue posible recopilar dichos escritos, y fue precisamente cuando las persecuciones cesaron de parte de la Roma imperial, hasta ese entonces se pudieron juntar los obispos para decidir sobre qué libros habían de ponerse en el canon cristiano.
En la actualidad se conservan más de tres mil códices o manuscritos en papiro y pergaminos que contienen copias de los libros de la Biblia; entre los más importantes tenemos:
- El códice Vaticano del siglo IV, se conserva en la biblioteca del Vaticano.
- El códice Sinaítico del siglo V, parte se encuentra en el monasterio ortodoxo de Santa Catalina en el monte Sinaí. Y parte en el museo británico de Londres.
- El códice Alejandrino del siglo V, en el museo británico de Londres.
- El códice de Efrén del siglo V, se exhibe en la biblioteca de París.
Todos ellos no están completos, por ejemplo: al del Vaticano le faltan los dos libros de Macabeos, pero es una prueba de que los libros deuterocanónicos ya eran copiados por los cristianos antes del siglo IV. No hay código alguno que haya sido de origen protestante (porque simplemente no existían protestantes), todos fueron conservados por la Iglesia Católica alrededor del mundo, y hoy son guardados en los museos importantes. Por lo que nos damos cuenta, que si la Iglesia odiara o no respetara la Biblia, le hubiera sido fácil quemar el libro que supuestamente dicen los hermanos que contradicen sus doctrinas.
9. Nicea y el canon, lo que se pretende sugerir al mezclar estas categorías es sencillamente falso, el asunto del canon ni siquiera se trató en el concilio y ningún dato histórico nos permite suponer que el concilio tuvo alguna influencia al respecto.
10. La Iglesia antes del canon. Aunque desde finales del siglo primero vemos algunos casos aquí y allá en los que se habla de ciertos escritos cristianos como inspirados, y por tanto sagrados, será solo décadas más tarde cuando empecemos a ver poco a poco cómo van apareciendo listados en los que se recogen cuáles de esos escritos son considerados totalmente fieles a la verdad. Pero en un principio, dichos listados no surgen como propuestas de un canon sagrado, al estilo de hoy, sino algo así como “lecturas imprescindibles para comprender correctamente nuestra fe”. Y es entonces cuando empiezan a surgir polémica sobre ciertos libros, pues algunos defienden que tal o cual libro o carta es totalmente conforme a la fe y otros defienden que no son un espejo suficientemente bueno de esa fe y por tanto no merecen ser declarados “lectura recomendada” (por expresarlo de alguna manera), aunque eso tampoco implicaba siempre pensar que tuviesen doctrinas erróneas. Al fin y al cabo ya había muchos textos y cartas cristianas, y tras rechazar los que no eran conformes a la Tradición verdadera, aun quedaban muchos textos ortodoxos de entre los cuales solo los más selectos merecían ser usados en las asambleas como herramientas para profundizar en la fe.
Esa actitud ante los escritos cristianos explica el hecho de que en los primeros cuatro siglos no hubiera un consenso absoluto sobre qué libros eran inspirados, aunque sí había consenso global sobre cuál era el Evangelio, o sea, la buena nueva predicada por Jesús, y ese Evangelio era lo que la Iglesia transmitía, la Tradición. Esto se ve claro en algunas citas de los primeros cristianos como estas:
“Yo hice, pues, mi parte, como un hombre amante de la unión. Pero allí donde hay división e ira, allí no reside Dios. Ahora bien, el Señor perdona a todos los hombres cuando se arrepienten, si al arrepentirse regresan a la unidad de Dios y al concilio del obispo. Tengo fe en la gracia de Jesucristo, que os librará de toda atadura; y os ruego que no hagáis nada en espíritu de facción, sino según la enseñanza de Cristo. Porque he oído a ciertas personas que decían: Si no lo encuentro en las escrituras fundacionales (o sea, el A.T.), no creo que esté en el Evangelio (o sea, el mensaje de Jesús). Y cuando les dije: Está escrito, me contestaron: Esto hay que probarlo. Pero, para mí, mi escritura fundacional es Jesucristo, la carta inviolable de su cruz, y su muerte, y su resurrección, y la fe por medio de Él; en la cual deseo ser justificado por medio de vuestras oraciones.” San Ignacio de Antioquía (?-107 d.C.), Cara a los Filadelfios 8, finales del siglo primero
“Junto con las interpretaciones (de los evangelios), no vacilaré en añadir todo lo que aprendí y recordé cuidadosamente de los ancianos, porque estoy seguro de la veracidad de ello. A diferencia de la mayoría, no me deleité en aquellos que decían mucho, sino en los que enseñan la verdad; no en los que recitan los mandamientos de otros, sino en los que repetían los mandamientos dados por el Señor. Y siempre que alguien venía que había sido un seguidor de los ancianos, les preguntaba por sus palabras: qué habían dicho Andrés o Pedro, o Felipe, o Tomás, o Jacobo, o Juan, o Mateo o cualquiera otro de los discípulos del Señor, y lo que Aristión y el anciano Juan, discípulos del Señor, estaban aun diciendo, porque no creía que la información de libros pudiera ayudarme tanto como la palabra de una voz viva, sobreviviente” Papías de Hierapolis (69-150 d.C.), discípulo de San Juan, año 100, citado por Eusebio de Cesarea en su obra Historia eclesiástica III, 39
“Porque al usar las Escrituras para argumentar, la convierten en fiscal de las Escrituras mismas, acusándolas o de no decir las cosas rectamente o de no tener autoridad, y de narrar las cosas de diversos modos: no se puede en ellas descubrir la verdad si no se conoce la Tradición. Porque, según dicen no se trasmitiría (la verdad) por ellas sino de viva voz, por lo cual Pablo habría dicho: «Hablamos de la sabiduría entre los perfectos, sabiduría que no es de este mundo». Y cada uno de ellos pretende que esta sabiduría es la que él ha encontrado, es decir una ficción, de modo que la verdad se hallaría dignamente unas veces en Valentín, otras en Marción, otras en Cerinto, finalmente estaría en Basílides o en quien disputa contra él, que nada pudo decir de salvífico. Pues cada uno de éstos está tan pervertido que no se avergüenza de predicarse a sí mismo depravando la Regla de la Verdad. San Ireneo de Lyon (130-202 d.C.), discípulo de San Policarpo, que era discípulo de San Juan. Contra las Herejias III 2, 1-2. Año 130
“Cuando nosotros los atacamos con la Tradición que la Iglesia custodia a partir de los Apóstoles por la sucesión de los presbíteros, se ponen contra la Tradición diciendo que tienen no solo presbíteros sino también apóstoles más sabios que han encontrado la verdad sincera: porque los Apóstoles «habrían mezclado lo que pertenece a la Ley con las palabras del Salvador»; y no solamente los Apóstoles, sino «el mismo Señor habría predicado cosas que provenían a veces del Demiurgo, a veces del Intermediario, a veces de la Suma Potencia»; en cambio ellos conocerían «el misterio escondido», indubitable, incontaminado y sincero: esto no es sino blasfemar contra su Creador. Y terminan por no estar de acuerdo ni con la Tradición ni con las Escrituras” San Ireneo de Lyon (130-202 d.C.), discípulo de San Policarpo, que era discípulo de San Juan. Contra las Herejias III
“…pero la fuerza de la Tradición es una y la misma. Las iglesias de la Germania no creen de manera diversa ni transmiten otra doctrina diferente de la que predican las de Iberia o de los Celtas, o las del Oriente, como las de Egipto o Libia, así como tampoco de las iglesias constituidas en el centro del mundo” San Ireneo de Lyon (130-202 d.C.), Contra las herejías I, 10,2. Año 130
“Siendo, pues, tantos los testimonios, ya no es preciso buscar en otros la verdad que tan fácil es recibir de la Iglesia, ya que los apóstoles depositaron en ella, como en un rico almacén, todo lo referente a la verdad, a fin de que «cuantos lo quieran saquen de ella el agua de la vida» (…) Entonces, si se halla alguna divergencia aun en alguna cosa mínima, ¿no sería conveniente volver los ojos a las Iglesias más antiguas, en las cuales los apóstoles vivieron, a fin de tomar de ellas la doctrina para resolver la cuestión, lo que es más claro
y seguro? Incluso si los apóstoles no nos hubiesen dejado sus escritos, ¿no hubiera sido necesario seguir el orden de la Tradición que ellos legaron a aquellos a quienes confiaron las Iglesias?” San Ireneo de Lyon, Contra las herejías III, 4,1. Año 130
“Porque todos éstos vinieron mucho después de los obispos, a los cuales los Apóstoles encomendaron las Iglesias; y esto lo hemos expuesto con todo cuidado en el tercer libro. Todos los predichos herejes tienen pues necesidad, por su ceguera acerca de la verdad, de caminar por otros y otros atajos, y por eso las huellas de su doctrina se dispersan de modo desacorde e inconsecuente. Mas el camino de los que pertenecen a la Iglesia recorre el mundo entero, porque posee la firme Tradición que viene de los Apóstoles, y al verla nos ofrece una y la misma fe de todos…” Ireneo de Lyon, Contra las herejías V, 20,1
Y recordemos de nuevo que quien tales cosas nos está diciendo en estas tres últimas citas, San Ireneo, no es un cristiano cualquiera, sino un obispo cuyo maestro recibió la fe de boca del mismísimo apóstol San Juan, y Papías escribe esa cita cuando aun está vivo su maestro, también San Juan, y San Ignacio es contemporáneo de Papías. Con lo cual vemos que no es cierto lo que a menudo dicen los protestantes de que la Iglesia Primitiva seguía la doctrina de la Sola Scriptura y fue la Iglesia Católica la que en el Concilio de Trento (s. XVI) o en algún otro anterior (tal vez Nicea) consagró la Tradición como segundo pilar de la fe. La Iglesia Primitiva consideraba que su fe surgía principalmente de la predicación de los apóstoles, y los escritos apoyaban esa fe, y no al contrario. Sería con el tiempo cuando esos escritos al pasar a considerarse Palabra de Dios, como los del A.T., adquieran un papel principal junto a la Tradición (pero ni mucho menos anulándola). Mientras la predicación apostólica está aun fresca, los textos escritos son considerados por la mayoría un soporte secundario; será cuando pase el tiempo y la predicación original se empiece a ver con cierta lejanía cuando el asunto de qué escritos recogen más fielmente esa Tradición vaya adquiriendo cada vez mayor importancia y comiencen a surgir las inquietudes por definir un canon universal para todas las iglesias.
Por eso, si hasta finales del siglo segundo se nos suele hablar de los textos escritos como un apoyo de la Tradición, a partir de entonces vemos cómo va apareciendo también el concepto inverso, afirmando que la Tradición es la herramienta que nos permite interpretar correctamente los textos escritos, lo que quiere decir que la fe ya se basa en ambos pilares, no solo el oral sino ahora también el escrito. Por ejemplo encontramos palabras como estos fragmentos de Tertuliano de Cartago (160-220 d.C.) en su obra “Prescripciones contra todas las herejías”, en donde ataca a los herejes que intentan interpretar las Escrituras según sus propios criterios sin hacer caso a la Tradición de la Iglesia recibida de los apóstoles:
“Ellos (los herejes) ponen por delante las Escrituras y, con semejante audacia, inmediatamente impresionan a algunos. (…) primero debe ser discernido a quién corresponde la posesión de las Escrituras, a fin de que no sea admitido a ellas aquél a quien de ningún modo corresponde. (…) no deben ser admitidos los herejes para emprender un desafío sobre las Escrituras, pues sin las Escrituras probamos que ellos no tienen nada que ver con ellas (…) Ahora bien, qué hayan predicado, esto es, qué les haya revelado Cristo, también aquí deduciremos esta prescripción: esto no se debe probar de otro modo sino por medio de las mismas iglesias que los apóstoles fundaron, predicándoles ellos mismos ya sea de viva voz, como se dice, ya sea, después, por medio de cartas. Si así están las cosas, es cierto, igualmente, que toda doctrina que concuerde con la doctrina de aquellas Iglesias Apostólicas, matrices y fuentes de la fe, debe ser considerada verdadera, pues sin duda mantiene aquello que las Iglesias recibieron de los apóstoles, los Apóstoles de Cristo, Cristo de Dios (…) Un tratado sobre esta materia no será del todo inútil para instruir tanto a los que están todavía en un estadio de formación como a los que, satisfechos con su fe sencilla, no investigan los fundamentos de la Tradición, y, debido a su ignorancia, poseen una fe que está a merced de todas las tentaciones.”
Y mucho más contundente aun es San Agustín de Hipona, a quien muchos protestantes pretenden presentar como partidario de la Sola Scriptura:
“Todo lo que observamos por Tradición, aunque no se halle escrito; todo lo que observa la Iglesia en todo el orbe, se sobreentiende que se guarda por recomendación o precepto de los apóstoles o de los concilios plenarios, cuya autoridad es indiscutible en la Iglesia.” Agustín de Hipona, Carta a Jenaro, Ep 54,1-2
“No creería en el Evangelio si a ello no me moviera la autoridad de la Iglesia católica (…) Si tú dices, No creas a los Católicos: Tú no puedes con rectitud utilizar las Escrituras para traerme a la fe en (el hereje) Maniqueo; porque fue bajo el mandato de los Católicos que yo creí en las Escrituras. (…) Pero si por casualidad tienes éxito en encontrar en las Escrituras un testimonio irrefutable del apostolado de Maniqueo, debilitarías mi consideración para con la autoridad de los Católicos quienes me dicen que no te crea; y el efecto de esto será, que yo no creeré más en las Escrituras tampoco, porque fue a través de los Católicos que yo recibí mi fe en ellas; y así lo que sea que me traigas de las Escrituras no tendrá más peso para conmigo. Así que, si no tienes una prueba clara del apostolado de Maniqueo encontrada en las Escrituras, yo creeré a los Católicos en vez de a ti. Pero si tú encuentras, de alguna manera, un pasaje claramente a favor de Maniqueo, no les creeré ni a ellos ni a ti: ni a ellos, porque ellos me mintieron con respecto a Maniqueo; ni a ti, porque me estas citando esas Escrituras en las cuales he creído bajo la autoridad de “esos mentirosos”. Pero lejos de que yo no vaya a creer en las Escrituras; creyendo en ellas, no encuentro nada en ellas que me haga creerte a ti.” San Agustín, Contra la epístola fundamental de Maniqueo, cap V
Así que aquí en los textos de San Agustín, a caballo entre los siglos IV y V, se habla a menudo de las Escrituras (ya AT y N.T.), pero se rechaza cualquier interpretación de ellas que no esté en concordancia con la Tradición Apostólica preservada en la Iglesia. Y es ahora, cuando las Escrituras se han consolidado como el segundo pilar en la transmisión de la fe, cuando los debates sobre qué libros transmiten fielmente la Tradición y cuáles no, cobran fuerza, aunque no tanto como para provocar serios conflictos y enfrentamientos ni para que se lleguen a lanzar acusaciones de herejía por no compartir los mismos listados al 100% (algo frecuente en aquella época en cuanto se consideraba que alguien cambiaba algo de la doctrina). Esta ausencia de acusaciones heréticas es muy buena prueba de que las distintas iglesias consideraban que la fe podía ser la misma aunque los libros usados no fuesen exactamente los mismos.
Esto hace que si el Concilio de Nicea (año 325), Constantino o cualquier otro hubiera manipulado un libro de la Biblia para cambiar doctrinas a su antojo (suponiendo la imposibilidad de que hubiera podido hacerlo sin que nadie se diera cuenta), la reacción de los cristianos no habría sido la de cambiar sus creencias para adaptarse al nuevo texto, sino simplemente habrían rechazado ese texto por no estar conforme con la Tradición viva de la Iglesia. Por no mencionar la obviedad, claro está, de que en esos momentos eran ya millares las biblias repartidas por todas partes dentro y fuera del Imperio, y cualquier modificación habría sido detectada sin ningún problema. No es imaginable que los mismos cristianos (obispos y demás) que estaban padeciendo persecución y muerte por permanecer fieles a su fe, en pocos años aceptaran sin rechistar que el nuevo emperador les cambiara radicalmente las doctrinas cristianas delante de sus narices y reaccionaran al resultado del Concilio con el alborozo general que nos describen las crónicas.
11. La Palabra de Dios no se autentifica por sí misma, esta necesita testigos. Delirio es de algunos anticatólicos el afirmar que la palabra de Dios se autentifica por sí misma, que no necesita testigos. Este reclamo es sencillamente no bíblico. En la escritura las personas tenían regularmente que examinar la revelación para ver si comunicaba la palabra de Dios. Esta no era siempre obvia, aun para las personas que recibían la revelación.
Por ejemplo, en 1 Samuel 3, cuando Dios habló por primera vez a Samuel, el joven profeta no reconoció la palabra de Dios. Pensó que era el anciano sacerdote Elí quien lo llamaba, entonces se levantó, fue al lugar donde descansaba Elí y le dijo: “Heme aquí; ¿para qué me llamaste?” Pero Elí le dijo: “Yo no he llamado; vuelve y acuéstate”. Esto sucede tres veces: Dios llama a Samuel y el joven profeta, pensando que es Elí, salta (de la cama) y se apresura para ver qué quiere. Finalmente el anciano y experimentado sacerdote cae en la cuenta que Dios está llamando al muchacho y le dice qué hacer la próxima vez que escuche la voz. Resulta que el joven profeta no fue capaz de reconocer la voz de Dios y el experimentado sacerdote Elí tuvo que ayudarlo a reconocer la palabra de Dios. ¡Obviamente, la palabra de Dios no dio testimonio de sí misma delante de Samuel!
De modo semejante, en 1 Reyes 13, un hombre de Dios es enviado desde Judá a Bethel para profetizar. Dios le dice que no coma o beba hasta regresar. Pero a su regreso, un anciano profeta de Dios le dice que el Señor ha revocado el mandato de comer y beber. El hombre de Dios va entonces a su casa con el anciano para cenar. Pero cuando están comiendo, tiene la revelación que la orden de no comer ni beber tiene todavía efecto; el anciano profeta había mentido. Esto muestra otro caso donde un profeta no es inmediatamente capaz de discernir entre la voz de Dios y la voz del error. El hombre que Dios envió a Bethel no detectó el hecho de que lo que le dijo el anciano profeta no era palabra de Dios. Esta pretendida revelación no dio testimonio de sí misma como falsa palabra de Dios.
En Deuteronomio 13 y 18, Dios concede dos pruebas para saber si un profeta profiere la palabra de Dios. Si el profeta hace una predicción falsa o aconseja adorar otros dioses, no habla por boca del Señor. El hecho de que Dios conceda estas pruebas muestra que las revelaciones deben ser examinadas porque no siempre es obvio qué es y qué no es palabra de Dios.
Es por esto que Pablo dice en 1 Tesalonicenses 5: 20-21: “No menospreciéis las profecías. Examinadlo todo; retened lo bueno.” La Biblia nos dice así explícitamente que debemos examinar lo que es palabra de Dios y lo que no lo es, como en 1 Juan 4: 1: «…probad los espíritus si son de Dios…»
Entonces la palabra de Dios no da testimonio de sí misma en el modo en que alegan algunos protestantes. Dios nos invita y manda examinar cualquier revelación que pretende provenir de él. Esto incluye la escritura. Si alguien ofrece un libro que pretende ser (parte de) la escritura, tiene que ser examinado para ver si es un escrito apostólico o un escrito meramente humano.
12. Otras “herramientas” de interpretación bíblica. Aquí solo hemos tratado (punto 2.6) estas 6 herramientas metodológicas, pero no queremos decir que son las únicas que se pueden usar. Además de atenerse siempre al marco de la Tradición (que es lo fundamental), hay otros tres factores imprescindibles para poder hacer una interpretación correcta.
Contexto
Cualquier interpretación puede fallar si no se conoce bien el contexto cultural, histórico, lingüístico, etc. en el que aparece el texto original.
La revelación es progresiva
También hay que tener en cuenta que la revelación es progresiva, así que lo que dice el Nuevo Testamento siempre está por encima de lo que diga el Antiguo, hasta el punto de poder derogarlo, matizarlo o contradecirlo. El Antiguo Testamento siempre ha de interpretarse a la luz del Nuevo y sin perder de vista que la dirección en la que se mueve toda la historia sagrada es la redención de Cristo.
El mensaje bíblico es global
Los protestantes tienen tendencia a discutir una doctrina enfocándose en una o varias citas concretas. Los católicos siempre deben tener presente la unidad de la Biblia y su enfoque debe de ser siempre global, por eso en nuestras discusiones no usamos tantísimo las citas concretas como hacen los protestantes, porque eso al final consigue que los árboles no te dejen ver el bosque. Si la interpretación de una cita concreta no armoniza bien con el mensaje bíblico en general, entonces esa interpretación no puede ser la correcta. El ejemplo más claro es el de una secta filipina. Ellos afirman que Jesús es malvado, y muestran un montón de citas aisladas (del AT y NT) en las que parece muy claro que así es. Pero es evidente que el sentir general de la Biblia es el contrario, así que parezca lo que parezca un texto suelto, su verdadero significado no puede contradecir el mensaje global que la Biblia transmite. Por ejemplo usar la cita “yo no he venido a traer la paz sino la espada” (Mateo 10: 34) para demostrar que Jesús era belicoso sería absurdo, pues toda la imagen que los evangelios nos dan de Jesús es la de un enorme pacifista, así que en esa cita la interpretación literal no es posible, Jesús estaba hablando alegóricamente, de conflictos provocados por la búsqueda de la justicia y la verdad, no de guerras y matanzas. Además, la Tradición así lo confirma.
13. ¿Quién puede interpretar la Biblia? Pero no basta con interpretar la Biblia dentro de la Tradición. Para los católicos, solo la Iglesia (no sus individuos) puede atreverse a hacer esa interpretación. Son los papas, obispos y teólogos quienes están legitimados para escudriñar las escrituras intentando aclarar lo más posible su significado. Son ellos quienes tienen que atenerse al marco de la Tradición en sus juicios, y son los papas y obispos (ni siquiera los teólogos) quienes deben recoger y filtrar esas reflexiones e interpretaciones para dar su “nihil obstat” (nada que objetar), o sea, su aprobación de que tales reflexiones son acordes con la tradición y por lo tanto “católicas” en el más puro sentido del término.
14. ¿Y si un obispo se equivoca?
Efectivamente, un obispo puede equivocarse en una interpretación o al dar su “nihil obstat” sobre una interpretación o reflexión que ha hecho un escritor, pensador o teólogo católico. No solo es posible, sino que tenemos múltiples casos, en los primeros siglos y también en los años actuales. En el siglo XX no son pocas las herejías que se han difundido en libros católicos poseedores de un “nihil obstat” del obispo correspondiente (por supuesto no es lo normal pero casos hay), y por dar un ejemplo clamoroso, recordemos que una de las herejías más importantes de la historia cristiana, el arrianismo, encontró en el siglo III el apoyo de un grupo de obispos que defendió esa doctrina como propia. En casos como ese los obispos errados son excomulgados y declarados herejes, o son censurados y disciplinados para que no propaguen sus errores doctrinales. Pero si los propios obispos se equivocan, ¿quiénes declaran que se han equivocado? Pues el papa y el resto de los obispos de la Iglesia. Eso ocurrió en el Concilio de Nicea (año 325), cuando la inmensa mayoría de los obispos cristianos declaró que el arrianismo era herético y por tanto los obispos que defendían esas ideas en el concilio tuvieron dos opciones, retractarse y volver a la ortodoxia o ser excomulgados y declarados heréticos. El papa, como cabeza de la Iglesia, es el único dotado de infalibilidad en cuestiones doctrinales y el garante de que aunque el error lograra extenderse por los obispos, la doctrina verdadera quedaría protegida e intacta.
15. ¿Puede un católico leer la Biblia y buscar su propio significado? Los católicos siempre han tenido acceso a los textos bíblicos, aunque en algunas épocas la Iglesia lo desaconsejó (desesperada por intentar contender el torrente de nuevas herejías que la doctrina protestante de la Sola Scriptura desató en Europa). Los antiguos cristianos, como los actuales, leían la Biblia buscando inspiración, intentando escuchar a Dios hablándoles a ellos a través de esos textos. Así un católico puede leer una parábola o un salmo y aplicar su mensaje a su vida personal, encontrando allí un consuelo o enseñanza que encuentra aplicación a su propia vida y circunstancias. Pero eso no es interpretación, sino inspiración. Un católico no puede sacar de ahí conclusiones universales como si hubieran encontrado una nueva versión doctrinal, un católico solo puede hacer eso como ejercicio personal aplicable solo a sí mismo en ese momento determinado. Con la misma lógica, la Iglesia considera que la Revelación terminó al morir los apóstoles y quedó completada, pero sí admite que Dios puede hablarle a los cristianos de una u otra manera (sueños, visiones, etc.), y eso sería una revelación individual, válida y aplicable solo a quien la recibe pero que nada añade ni aporta a la Revelación universal contenida en la Biblia a la luz de la Tradición. Por tanto, cuando un protestante interpreta un pasaje bíblico, él piensa que está entendiendo mejor lo que la Biblia realmente quiere decir, pero cuando un católico lee un pasaje bíblico, sabe que no puede hacer su propia interpretación personal, sino solo escuchar a Dios y observar cómo su alma reacciona ante ese mensaje y qué conclusiones (personales) saca de esa lectura, sin pretender con ello añadir ni quitar nada a la doctrina recibida de la Iglesia.
16. ¿No es la visión católica dictatorial? Esta crítica es frecuente hoy en día. Sin duda el proceder protestante o evangélico en concreto resulta más democrático, y por tanto más al gusto de los tiempos presentes. Hay incluso un movimiento evangélico encargado de dilucidar qué frases bíblicas son fiables (atribuibles a Jesús) y cuáles son deformaciones o errores de los evangelistas. Publican una Biblia con el texto en varios colores según la fiabilidad de cada palabra o frase. ¿Cómo llegan a sus veredictos? Votando, por supuesto. No puede haber proceder más democrático que reunirse para votar qué nos parece verdadero y qué nos parece falso. Mejor una iglesia donde los fieles deciden cada cinco años cuál es la verdad que una Iglesia jerarquizada en donde una sola persona tiene, en última instancia, siempre la última palabra y exige obediencia. El problema es que no estamos tratando con la política, sino con la religión. No se trata de consensuar unas opiniones, sino aclarar y preservar la Verdad, y la Verdad no puede ser fruto de las opiniones cambiantes de los seres humanos. La Verdad no es algo que deciden los hombres, sino algo que es, y que ha sido revelado por Dios, por eso la Verdad se puede aclarar, explicar, adaptar, actualizar, aplicar, pero nunca variar, distorsionar o cambiar. Por acción de Dios, porque la sensatez lo demanda y porque la práctica lo demuestra, la estructura jerárquica piramidal de la Iglesia Católica ha demostrado ser la que mejor preserva la Verdad con el paso de los siglos, independientemente de que su funcionamiento pueda adquirir un carácter más o menos asambleario, pero siempre con la garantía de que hay una última palabra en asuntos doctrinales a la que todos deben obediencia. Las iglesias de carácter democrático serán quizá vistas con más agrado por quienes no distinguen bien entre política (creada por el hombre) y realidad (creada por Dios), pero no podemos permitir que la Iglesia sea víctima de las modas humanas. En ciencia, la verdad se demuestra experimentalmente, no votando. Imagínese que se hiciera una votación mundial para decidir si los agujeros negros existen o no o si la materia oscura del universo es poquita o mucha. Si la ciencia asumiera el resultado de esa votación podría ser un desastre. No, la ciencia no se vota, se investiga y se demuestra. Pero las verdades de la fe están fuera del alcance de la ciencia así que no pueden investigarse, por eso han sido reveladas, y lo que hay que hacer con ellas es preservarlas, no discutirlas. Si queremos preservar un legado sin variación, entonces el sistema democrático sería probablemente la peor de todas las opciones. Pero aclaremos que estamos hablando de doctrinas, no del funcionamiento humano de la Iglesia como organización, que como elemento humano que es, puede adoptar la organización que en cada momento se considere más idónea.
Apéndice 3: Desmostando la Sola Scriptura desde la Lógica
Empecemos por aclarar que en Lógica (no nos referimos al “sentido común” sino a la ciencia del razonamiento) la premisa o premisas de un raciocinio se tienen que aceptar como verdaderas “sin necesitar demostración alguna”, pero si no se aceptan entonces cualquier razonamiento, sea correcto o incorrecto, se rechaza; para lo cual basta con que una sola premisa no sea cierta.
Trataremos entonces de razonar cuál de las dos posturas (la católica o la protestante), “aunque indemostrables” (por el concepto de lo divino), tiene más probabilidades de ser cierta. Y es lo que haremos a continuación. Para entender como funciona la ciencia del razonamiento clic aquí.
El conjunto de premisas que usan los protestantes por un lado y los católicos por otro son el fundamento de todas sus creencias, en el sentido de que son la herramienta que ambos grupos usan para decidir cuál es o no la Verdad, y tienen estos nombres:
Magisterio de la Iglesia: Los católicos creen que toda creencia debe salir del Magisterio de la Iglesia, el cual se basa en la autoridad que la Iglesia obtiene de Dios (mediante el Espíritu Santo) para poder interpretar infaliblemente la Verdad a partir de los textos sagrados (Biblia) o los de la predicación oral de los apóstoles (Tradición). Jesús no va a consentir que su Iglesia caiga en el error, tal como nos prometió. También tiene poder para establecer una nueva doctrina de tipo utilitario (no de nueva verdad, sino de nuevo uso o actuación) siempre que no contradiga a la Palabra de Dios, lo cual permite adaptar el cristianismo a nuevas circunstancias sin pervertir la Verdad ni un ápice.
Sola Scriptura: Los protestantes creen que toda creencia únicamente puede salir de la Biblia interpretada individualmente con la ayuda de la inspiración del Espíritu Santo. En la práctica el concepto suele ampliarse hasta creer que si no es bíblico es antibíblico.
Para que estas dos doctrinas fundamentales o premisas sean verdaderas deberían cumplir varias condiciones de la Lógica y también del sentido común:
1- Esa premisa tiene que haber sido establecida por Jesús, pues no tendría sentido que viniendo Jesús a traernos la verdad se fuera sin haber dejado muy clara la base en la que toda la verdad debía estar apoyada.
2- Por pura cuestión de lógica, ni esta premisa ni sus razonamientos derivados de ella pueden caer en la contradicción.
3- Siendo la verdad solo una, esa premisa debe servir para llegar a esa única verdad, y no a enunciados incompatibles o diversos.
Apliquemos ahora estas tres condiciones a las dos premisas que estamos tratando para ver en cada caso si es verdadera o ha de ser falsa.
Test a la Sola Scriptura
1- La Sola Scriptura es una doctrina establecida por Jesús.
FALSO
Jesús no estableció la Sola Scriptura, nunca dijo que sus discípulos solo debían fiarse de lo que años más tarde algunos de sus seguidores dejarían por escrito ni tampoco en esos escritos se dice tal cosa. Los libros del Nuevo Testamento no se completaron hasta finales del siglo primero, pero se tardó aun mucho más (de hecho siglos) hasta que todas las comunidades cristianas aceptaron por Palabra de Dios los mismos libros que hoy consideramos serla. Hasta principios del siglo tercero las comunidades cristianas no solo no coinciden del todo en cuáles libros de nuestro Nuevo Testamento son realmente inspirados, sino que casi todas, por no decir todas, están aceptando como palabra de Dios otros libros que hoy no forman parte de la Biblia (como la Didaché, el Apocalipsis de Pedro, la epístola del papa Clemente a los corintios, etc.). Así que según la doctrina de la Sola Scriptura, hasta el siglo III todas las comunidades cristianas no solo eran heréticas, sino que era imposible no serlo, pues Jesús y los apóstoles “nos abandonaron” y ni siquiera nos dijeron qué textos eran aquellos en los que en ellos y solamente en ellos se contenían la palabra de Dios. Es más, no será hasta finales del siglo VII, en el año 691 cuando por fin la cristiandad entera reconozca como sagrados a los mismos libros que hoy los protestantes aceptan como parte del Nuevo Testamento. Es en ese momento, y no antes, cuando ya tenemos una scriptura sobre la que poder aplicar el test de la Sola Scriptura, por lo que hasta entonces nadie tenía ni siquiera las herramientas para poder llegar a conocer la verdad.
Pero la cosa se complica aun más, porque ¿quién fue aquella autoridad que decidió cuáles libros eran y cuáles no eran Scriptura? Nada más y nada menos que la Iglesia Católica en el III Concilio de Constantinopla del año 691. Esa misma Iglesia que los protestantes dicen que no es divina sino asociación humana y pagana creada por Constantino, y por tanto herética y errada, es la que decidió cuáles serían esas escrituras sagradas sobre las que los protestantes, siglos más tarde, edificarían todo su sistema de creencias. Si los cimientos de un edificio están podridos, toda la edificación es inestable y se caerá. No pueden los protestantes defender que su sistema de creencias es sólido y al mismo tiempo atacar la Iglesia que ha sentado los fundamentos sobre los que se asienta todo su sistema.
Para evitar caer en esta tremenda contradicción, ciertos protestantes afirman que la Iglesia, en ese concilio, se limitó a declarar oficialmente como sagrados los mismos textos que ya todos los cristianos consideraban sagrados. Pero quien tal cosa afirma solo puede decir eso ignorando totalmente la historia. Es cierto que la mayoría de los libros eran aceptados por todas las comunidades, pero había aun libros que hoy son canónicos y por entonces no eran aceptados por todos, y también al contrario, libros no canónicos tan arraigados en grandes zonas de la cristiandad que existía una enorme resistencia a dejar de considerarlos sagrados. El ejemplo más claro fue el Apocalipsis, que era fuertemente rechazado por la mayor parte de las comunidades orientales. Por tanto si el Nuevo Testamento es hoy exactamente como es, fue por decisión de la Iglesia católica, la cual actuó bajo la protección del Espíritu Santo.
Los protestantes no aceptan que el Espíritu Santo sea el que guía en todo momento las decisiones doctrinales de la Iglesia, pero la mayoría hace ciertas excepciones, para evitar caer en la contradicción que estamos comentando: están dispuestos a admitir que el Espíritu Santo verdaderamente guio a la Iglesia Católica en determinados concilios. Entonces el III Concilio de Constantinopla, que fijó el canon bíblico, estaba inspirado por el Espíritu Santo. Algunos otros concilios también fueron inspirados, pues en ellos se establecieron doctrinas fundamentales que son hoy comunes a católicos y protestantes (como el Credo de Nicea). Pero otros concilios no estuvieron inspirados por el Espíritu Santo y por tanto no solo generaron doctrinas falsas sino que según muchos estuvieron inspirados directamente por el Diablo, como por ejemplo el II Concilio de Nicea en donde se defiende el ya común uso de imágenes en el culto.
El problema de esta última opción, que es la más extendida, es que para saber si una doctrina es falsa o verdadera ellos utilizan siempre las Escrituras, que según ellos es un criterio claro; pero para decidir si un concilio es inspirado o no ¿qué criterio se puede emplear que sea igualmente claro e infalible? ¿cómo es posible que la misma Iglesia sea en unos casos instrumento de Dios y en otros instrumento del Diablo? Y si así fuera ¿cómo podría un cristiano saber en qué decisiones es divina y cuándo diabólica? Si la Iglesia no tiene la verdad ni es de fiar ¿cómo puede un protestante estar seguro de que el canon que la Iglesia decidió es verdaderamente la Palabra de Dios? y si eso no es seguro, ¿qué sentido tienen entonces todas las doctrinas que surgen de aplicar la Sola Scriptura? Pues si la base es dudosa, más dudoso aun ha de ser todo lo que de ella se derive.
2- La Sola Scriptura no cae en la contradicción.
FALSO
Acabamos de ver que sí. Esta doctrina dice que toda la verdad está en los textos sagrados y la Iglesia católica es falsa y anticristiana por no sostener esta misma doctrina. Pero la autoridad que ha decidido cuáles son esos textos sagrados es esa misma Iglesia que ellos dicen ser falsa y anticristiana. Por tanto los textos sagrados serían falsos o incompletos por lo que no podrían contener toda la verdad, que es lo que esta doctrina afirma. Como hemos visto también, los otros intentos de resolver esta contradicción caen a su vez en otras contradicciones. Solo esto bastaría para dar la Sola Scriptura por inválida.
3- La Sola Scriptura llega a una sola verdad.
FALSO
No hace falta ningún acto de fe para reconocer la cruda realidad de que los protestantes están divididos en numerosas ramas e innumerables iglesias que se diferencian unas en algo, otras en mucho y otras en muchísimo. Todas ellas afirman con igual contundencia y convicción que sus doctrinas son las verdaderas. Y la manera en la que un protestante crea una doctrina es pedirle al Espíritu Santo que le guíe en la recta interpretación de la Biblia, y a partir de ahí, cualquier interpretación que hagan les puede parecer correcta a condición de que su autoestima se lo permita. De este modo miles de personas han llegado a miles de conclusiones diferentes partiendo de los mismos textos; muchos se han quedado su “nueva verdad” para sí, y otros se han sentido lo suficientemente fuertes o vanidosos como para crear su propia iglesia y llevarse tras de sí a otras personas que no tienen tanta fe en sí mismos como para confiar en sus propias revelaciones y prefieren confiar mejor en las de los demás. Si verdaderamente fuese el Espíritu Santo quien guía a estas personas hacia una correcta interpretación, en ese caso todos llegarían a la misma conclusión y descubrirían las mismas verdades, pero eso no ocurre.
Las ramas protestantes beben todas ellas, al menos en parte, de dos fuentes fundamentales: Lutero y Calvino. El hecho de que Lutero y Calvino, aplicando la Sola Scriptura, llegaran en muchos casos a conclusiones diferentes demuestra que no es posible que ambos contaran siempre con la inspiración del Espíritu Santo. O bien uno fue siempre inspirado y el otro no, o bien ambos fueron inspirados en unas ocasiones sí y en otras no. Según el caso esto nos da dos panoramas:
- Si ambos fueron inspirados a veces, pero no siempre, ¿cómo podemos estar seguros de que cuando Lutero “descubrió” la doctrina de la Sola Scriptura lo hizo bajo la inspiración del Espíritu Santo? (No podríamos basar todo nuestro sistema de creencias en una simple posibilidad.)
- Veamos ahora el caso de que uno de los dos fuera inspirado siempre. Tendría que ser Lutero, que fue quien proclamó la doctrina de la Sola Scriptura. Si Lutero siempre estuvo inspirado, la Sola Scriptura sería correcta, pero entonces Calvino nunca tuvo la inspiración divina y por tanto sus doctrinas son falsas, excepto cuando coinciden con las de Lutero.
Pero este segundo caso plantearía otro problema. Si defendemos esta idea de que Lutero siempre dio con la verdad (y por tanto la Sola Scriptura sería con seguridad verdadera) tenemos que defender con igual ahínco que Calvino solo tenía razón cuando coincidía con Lutero, y se equivocaba siempre que disentía de él, o sea, Calvino sería irrelevante. Como todas las ramas protestantes actuales tienen una mezcla desigual entre Lutero y Calvino, rechazar a Calvino y quedarse solo con Lutero equivaldría a abandonar sus creencias y hacerse todos luteranos, pero de los del siglo XVI, pues incluso los luteranos actuales tienen en parte influencia calvinista. Y eso supondría igualmente aceptar TODAS las doctrinas de Lutero, incluyendo por ejemplo la idea de que María es Madre de Dios y madre nuestra, que fue Virgen antes durante y después del parto y que no tuvo más hijos que Jesús. Salgamos por donde salgamos saldremos chamuscados. Porque aunque rechazaras todas las ideas calvinistas, si de Lutero tomas unas doctrinas sí y otras no, ¿cómo sabes tú cuáles son las verdaderas y cuáles las equivocadas? Y si no tienes ningún medio infalible para saberlo ¿cómo puedes saber si su doctrina de la Sola Scriptura era o no verdadera? ¿Con qué criterio aceptas su doctrina de la Sola Scriptura y rechazas su doctrina de María Madre de Dios? ¿Por qué no rechazas los mismos libros del Nuevo Testamento que él rechazó? Tomar y dejar lo que nos interesa no es criterio alguno para tener la verdad.
Y es nuestra opinión que cualquiera de estos tres puntos aquí tratados, por sí mismos serían suficientes para probar que la Sola Scriptura no solo carece de fundamento, sino que por todas partes cae en contradicción tanto en cuanto a sí misma como en cuanto a todo el sistema de creencias que en ella se basa.
Pero veamos ahora de qué modo resiste la Iglesia idéntico test.
Test al Magisterio de la Iglesia
Esta doctrina o concepto se basa en la idea de que la Palabra de Dios se transmitió primero de forma oral, y posteriormente también de forma escrita
(¿quién podría negar esto?) y por tanto ambas fuentes de información son complementarias y no se pueden contradecir. Desde el punto de vista protestante podríamos explicar esto diciendo que las creencias católicas se basan en la Biblia, como ellos, pero además también hay creencias que no están en la Biblia pero se conservaron mediante la Tradición Oral (que poco a poco también fue poniéndose por escrito). Y no está tampoco de más recordarle a más de un católico este mismo punto. Así mismo la Iglesia recibió de Jesús el poder para decidir y la infalibilidad para acertar en sus decisiones doctrinales y generar también doctrinas utilitarias, como ya hemos comentado (el uso de imágenes no sería una nueva verdad, sino una nueva doctrina utilitaria, un asunto práctico).
Si queremos ser consistentes con esta premisa, al igual que lo fuimos con la Sola Scriptura, tenemos que intentar demostrarla según su propia doctrina, recurriendo a las fuentes de la Biblia y de la Tradición por igual, lo que nos obliga en este caso a realizar un doble test. Pero ya hemos analizado (en el Apéndice 2: 10) que en la propia Tradición se recoge la idea de que la Verdad no está limitada a la Biblia, esto con las palabras de San Ignacio de Antioquía (Cara a los Filadelfios), Papías de Hierapolis (citado por Eusebio de Cesarea en su obra Historia eclesiástica), San Ireneo de Lyon (Contra las Herejias), San Agustín de Hipona (Carta a Jenaro).
Pues vemos que sí, que esta doctrina fundamental está contenida en la Tradición. Veamos ahora si la Biblia también nos da fundamento para creer que la Iglesia tiene el poder (dado por Dios) y la autoridad (por ser de Dios) de establecer la doctrina correcta y de decidir qué es y qué no es verdad de fe, y con ella en la mano aplicaremos el mismo test que aplicamos antes a la Sola Scriptura:
1- El Magisterio de la Iglesia es una doctrina establecida por Jesús.
VERDADERO
“Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.” Mateo 16: 18-19
En esa escena Jesús anuncia la fundación de su Iglesia (que se hará realidad en Pentecostés) erigiendo a Pedro como cabeza de ella, prometiendo que la mantendrá libre de error y dando a esa Iglesia el poder de atar y desatar, o sea, la autoridad para actuar en la tierra con la autoridad del mismísimo Jesús. Sabemos que los protestantes dan a esta escena un significado diferente, pero para ello tendríamos que aceptar la Sola Scriptura, y si ya hemos visto que la Sola Scriptura es una doctrina falsa y contradictoria en esencia, entonces lo que ella diga sobre este asunto no tiene validez. De todas formas las interpretaciones de los protestantes (diversas como siempre) son refutables, lo que no es materia de este escrito. No obstante gustaría aclarar aquí que no es únicamente en esta breve cita de Mateo donde los católicos nos basamos para tan enorme asunto, pues además de muchas otras citas nosotros nos basamos también en las abundantes y explícitas pruebas de la Tradición, aunque para ellos tal cosa no cuente y prefieran probarnos según sus parámetros y no los nuestros.
2- El Magisterio no cae en la contradicción.
VERDADERO
No tenemos ningún caso en el que la Iglesia haya establecido doctrinas contradictorias. Pero muchos protestantes dirán aquí que la contradicción está precisamente en que una de sus dos patas, la Biblia, rechaza la Tradición. Tampoco esto es cierto, todos los casos en los que la Biblia rechaza las “tradiciones humanas” está hablando precisamente de eso, de tradiciones de hombres (algo que el protestantismo en sí mismo vendría a ser, por ser doctrinas humanas. Ya hemos ahondado bastante este tema en el punto 3.6.1).
Pero aun podrían los protestantes hallar contradicción en una cosa. Si una doctrina de la Tradición contradice a lo que dice la Biblia o viceversa, entonces caemos en contradicción pues ambas cosas no pueden ser verdad. Y como ejemplo podrían poner el que ellos piensan ser el más evidente: las imágenes.
Cuando ellos encuentran este tipo de contradicciones, en realidad no son tales, pues contradicción solo existiría si los católicos interpretaran la Biblia del mismo modo en que lo hacen ellos, que sería lo mismo que pretender corregir una frase inglesa aplicando las reglas gramaticales del castellano. Cuando un protestante dice que la Tradición católica de usar imágenes en el culto contradice la prohibición bíblica de no hacer imágenes, dicha contradicción se da solo desde la propia “gramática” protestante. Es como si decimos que la frase inglesa “The flowers are red” es incorrecta porque el adjetivo y el artículo no concuerdan en género y número con el sustantivo, siendo así que en inglés no existe tal concordancia y por tanto la frase es correcta. Para los católicos la Biblia siempre rechaza las imágenes usadas como ídolos, no las representativas, por tanto no se puede adorar a una imagen pero sí usarla como representación de otra realidad, por lo que no existe en este punto contradicción entre Biblia y Tradición. Y lo mismo ocurre en otros casos donde ellos ven una contradicción pero nosotros no.
3- El Magisterio llega a una sola verdad.
VERDADERO
Jesús estableció una Iglesia jerárquica, en cuya cúspide están los obispos, encima el papa y por encima de él Jesús, que actúa en ella por medio del Espíritu Santo. De este modo la verdad, enviada por Jesús por medio del Espíritu, el cual vela especialmente porque el papa en nada se salga de ella, es siempre una y única. Si alguien no la acepta queda de facto fuera de esta Iglesia, por tanto la Iglesia profesa una única verdad, y quien quiere ser plenamente católico solo puede aceptar esa verdad, no por ser la opinión de los papas, sino por ser la verdad de Jesús. Durante mil años todos los católicos (ortodoxos y romanos) mantuvieron una única y misma doctrina, y solo cuando ambas ramas se separaron surgieron algunas pequeñas diferencias, y aun pocas, precisamente por renunciar a la figura del papa. Por contra los protestantes en menos de cinco siglos han logrado crear millares de doctrinas diferentes.
Resumiendo Los razonamientos y pruebas tratados son muy claros en el veredicto: la Sola Scriptura no es doctrina válida, pues no encaja ni con el cristianismo ni con la Lógica; el Magisterio de la Iglesia (su autoridad, emanante de Jesús y basada en la Biblia y la Tradición Apostólica) sí es compatible con el cristianismo y con la Lógica (con la fe y con la razón). Por supuesto, solo podemos llegar hasta ahí, demostrar si es o no compatible, pues para dar el salto y aceptarlo como verdad ya se necesita fe (razón por la que arriba declarábamos esto como “indemostrable por el concepto divino”), la cual no obstante se puede apoyar en otras razones externas que al caso aquí no vienen. Por tanto, podríamos decir que para aceptar el cristianismo católico se necesita tener fe, para rechazar el protestantismo basta con tener lógica.
Apéndice 4: Resumen de este artículo (con las principales citas usadas)
| Punto | Observaciones | Citas |
| 1 | – Varios fueron los factores que hicieron estallar la Reforma Protestante, a saber: los abusos del Clero y las discrepancias dogmáticas. | |
| – El segundo fue en realidad el decisivo entre las filas de los luteranos y sus seguidores. | ||
| – Martín Lutero consideró que la salvación era por la sola Fe (Sola Fides). | ||
| – Martín Lutero para defender su nueva doctrina tuvo que desechar tanto a la Tradición como al Magisterio de la Iglesia (Concilios, pronunciamientos papales, etc.), naciendo de esta forma la Sola Escritura. | ||
| – Los Reformadores saben que su doctrina, es nueva y donde no lo es ya ha sido sentenciada como herejía por los Padres de la Iglesia; por lo que se aventuran a sentenciar que estos se habían dejado contaminar por las tendencias filosóficas de su época. | ||
| – La oposición de los Reformadores a Tradición y Magisterio provocó en estos un fuerte remordimiento de conciencia. | ||
| – El remordimiento de conciencia de los Reformadores fue aplacado por la firme convicción en sus ideas, terminando por identificar estos desasosiegos con tentaciones del demonio. | ||
| – Para despojar de la Iglesia la autoridad sobre las Escrituras introducen el principio de la libre interpretación (libre examen) de la Biblia; así se oponen a los planteamientos de esta y encuentran respaldo a sus doctrinas. | ||
| 1.1 | – El principio de la libre interpretación es acogido por los allegados de los Reformadores. | |
| – Muchos comienzan a tejer doctrinas diversas basados en la interpretación privada de las Escrituras. | ||
| – Los Reformadores no están de acuerdo entre sí en varios puntos de la doctrina. Comienza la represión y el perseguimiento mutuo. | ||
| 1.2 | – Los Reformadores se reprenden entre sí por sus posiciones distintas, a la vez que lo hacen con sus hijos teológicos. | |
| – Los Reformadores no lucharon para hacer valer la “libertad religiosa”, sino para imponer sus propias verdades. | ||
| 2.1 | – Sola Escritura es: 1- que la Biblia es Palabra de Dios (por lo que hay que creen en ella); 2- no hay más Palabra que la Biblia (por lo que solo vale lo que ella hay); 3- libre examen (cada uno ha de interpretar la Biblia). | |
| – La Iglesia Católica distingue en referencia a la Biblia dos suficiencias: suficiencia material (todo lo que necesitamos para la Fe está en ella); y la suficiencia formal (que la Escritura se explica así misma), afirmando la primera y condenando la segunda. | ||
| 2.2 | – Los protestantes y católicos creen que los libros de la Biblia son inspirados. | |
|
– Los católicos creen que la Biblia es Palabra de Dios porque lo dice la Iglesia. – Los protestantes no pueden demostrar que la Biblia es divinamente inspirada. |
||
| – La Biblia es una colección de libros. | ||
| – Circularon en tiempos de la Iglesia Primitiva muchos escritos que la Iglesia Católica no aceptó como inspirados. | ||
|
– Los protestantes afirman dos cosas contradictorias: 1- que la Biblia es Palabra de Dios; 2- que solo hay que creer lo que está en la Biblia; pero esta no exponen lo primero. – Los protestantes buscan desenfrenadamente pasajes en la Biblia que |
||
| defiendan sus postulados, sin lograr resultados plausibles. | ||
| 2.2.1 | – Los protestantes utilizan 2 Timoteo 3: 16-17 para defender Sola Escritura, en el cuerpo del escrito se exponen más de una decena de argumentos por los que el usar este pasaje con dicha intencionalidad es además de forzoso, ridículo. | Co 1: 20; 2 Cor 5: 19; Ef 1: 10; Sn 1: 4; Hechos 21: 5 |
| – En este pasaje Pablo simplemente está diciendo que cada escritura en particular contribuye a que el hombre de Dios sea preparado para todas sus tareas ministeriales. | 2 Timoteo 3: 16-17 | |
| – Si vamos más allá en el pasaje de 2 Timoteo 3: 16-17 encontramos un doble recurso a la Tradición Oral Apostólica y a la Escritura Apostólica. | 2 Timoteo 3: 14-17 | |
| 2.2.2 | – Los protestantes utilizan Hechos 17: 11 para defender Sola Escritura quedando igual en el plano de lo forzoso. Se da respuesta de esto en el cuerpo del escrito. | Hechos 2: 42 |
| – Los protestantes utilizan Juan 5: 39 para defender Sola Escritura quedando igual en el plano de lo forzoso. Se da respuesta de esto en el cuerpo del escrito. | ||
| – Los protestantes utilizan 1 Co 4: 6 para defender Sola Escritura quedando igual en el plano de lo forzoso. Se da respuesta de esto en el cuerpo del escrito. | ||
| – Los protestantes utilizan Hechos 17: 11 para defender Sola Escritura quedando igual en el plano de lo forzoso. Se da respuesta de esto en el cuerpo del escrito. | Pr 30: 6 y Dt 4: 2 | |
| – Los protestantes utilizan Ap 22: 18 para defender Sola Escritura quedando igual en el plano de lo forzoso. Se da respuesta de esto en el cuerpo del escrito. | ||
| – Los protestantes utilizan Jos 1: 8-9 para defender Sola Escritura quedando igual en el plano de lo forzoso. Se da respuesta de esto en el cuerpo del escrito. | ||
| – Los protestantes utilizan 2 Ped 1: 15 para defender Sola Escritura quedando igual en el plano de lo forzoso. Se da respuesta de esto en el cuerpo del escrito. | ||
| – Los protestantes utilizan 2 Ped 3: 15-16 para defender Sola Escritura quedando igual en el plano de lo forzoso. Se da respuesta de esto en el cuerpo del escrito. | ||
| – Los protestantes utilizan Salmos 12: 6-7, Salmos 119: 89 y Juan 17: 17 para defender Sola Escritura quedando igual en el plano de lo forzoso. Se da respuesta de esto en el cuerpo del escrito. | ||
| 2.2.3 |
– Algunos protestantes plantean que saben que la Biblia es palabra de Dios por el efecto que les produce su lectura. Se demuestra que tal sentencia es falsa en el cuerpo del escrito. – No es suficiente creer en la Escritura por costumbre, por sus textos emotivos o por su belleza espiritual. |
|
| 2.2.4 |
– Son muy pocos los pasajes donde la Biblia misma enseña su inspiración. – Si algún protestante cree que la Biblia es Palabra de Dios por lo mismo que nosotros, pues ¡bienvenidos al catolicismo! – La Biblia inspirada son las del lenguaje original, las demás que son traducciones y versiones son interpretaciones de la primera. |
|
| 2.2.5 | – Para el protestantismo La Biblia es el único estándar, y la máxima autoridad en asuntos de fe y conducta. | |
| – Solo la Biblia no es palabra de Dios, esta dice que se han de creer cosas que no están en la ella. | Juan 21: 25. 20: 30-31; 3 Juan 1: 13-14; 2 Timoteo 2: 2. 1: 13; 1 Tesalonicenses 2: 13-15; 2 Tesalonicenses 2: 15. 3: 6ss. | |
| 2.4 | – Las Biblias protestantes se publican sin notas para ser fiel al libre examen. | |
| – El libre examen no está en la Biblia (no es Bíblico). | ||
| – En la Biblia se expone que la misma debe de ser predicada y explicada. | Lucas 24: 13ss.; Marcos 16: 16 | |
| – El libre examen es anti-bíblico. | 2 Pedro 3: 16 | |
| – Ninguna profecía es de interpretación privada. | 2 Pedro 1: 20 | |
| – El libre examen destruye la unidad de la Iglesia. | ||
| – El libre examen es falso porque puede ser mal usado en el plano moral (y así ha sido) para justificar nuestras pasiones desordenadas. | Génesis 1: 28; 1 Sam 1: 5 | |
| – El libre examen es impracticable y desatendido por todos. | ||
| 2.4.1 |
– El oficio profesional de interpretar las Escrituras es de la Iglesia Católica. – De nada nos sirve una Biblia infalible si no tenemos quien infaliblemete nos la interprete. |
2 Pedro 1: 20-21; 2 Pedro 3: 16 |
| 2.4.2 |
– El pueblo hebreo tenía intérpretes oficiales.
|
Neh 8: 5-8; 2 Cr 19: 11; Mal 2: 7 |
| – Jesús (y la Biblia) reconoció el oficio de intérprete de los sumos sacerdotes y su camarilla. | Mateo 23: 1-3; Hechos 15: 21 | |
| – Los católicos reconocemos el Magisterio de la Iglesia que habla. | Mateo 10: 40; Lucas 10: 16; Mateo 16: 19; Mateo 18: 18; 1 Ti 3: 14-15 | |
| 2.5 | – Muchos son los desastres que emanan del uso la Sola Escritura. | |
| 2.5.1 | – Con la Biblia interpretada por la Sola Escritura podemos llegar a la conclusión de que Jesús es el Anti-Cristo. | 1 Juan 4: 4. 2: 19; Mateo 10: 34-36. 11: 19 24: 24. 26: 27-28 27: 27-29; 2 Tesalonicenses 2: 4; Ap 1: 1-7. 3: 9. 4: 5. 13: 5. 13: 14. 17. 19: 20; Lucas 12: 49; Dn 7: 25. 9: 27. Is 11: 2-3. Juan 19: 5; Ro 11. 2-5. |
| 3.1 | – La Tradición a la que se refiere la Iglesia es a la que viene de los apóstoles. | |
| 3.2 | – Los judíos también tenían Tradición Oral, hoy en la Mishná y el Talmud. | |
| 3.3 | – La Tradición no es solo observaba por la Iglesia Católica, sino por todas las demás que se remontan a los mismos orígenes del cristianismo: las Iglesias Apostólicas. | |
| 3.4 |
– La garantía de las Iglesias Apostólicas es la guía insustituible y permanente del Espíritu Santo. – La Tradición Oral si está en escrita. |
|
| 3.5 | – El afirmar que la Iglesia ha adulterado todos los escritos cristianos primitivos para su beneficio es obra del más rabiante fanatismo. | |
| 3.6 |
– Los protestantes exponen que Jesús (y la Biblia) rechaza la Tradición. – Nuestra Tradición no es la misma que la de los judíos, y ni tan siquiera tiene el mismo basamento. – Jesús no rechaza la Tradición, sino las tradiciones humanas que desvirtúan los mandamientos de Dios. |
Marcos 7: 1-13; Mateo 15: 1ss.; Col 2: 8. |
| 3.6.1 | – La Biblia respalda la Tradición Oral Apostólica y la obligación a seguirla. | 2 Juan 1: 12; 1 Co 11: 1-2; 2 Tesalonicenses 2: 15; 2 Tesalonicenses 3: 6; Fil 4: 9; 2 Ti 1: 12-14. 2: 2. |
| 3.7 |
– La Iglesia Católica bebe de dos Fuentes en materia de fe: La palabra de Dios Escrita (Biblia) y la Palabra de Dios Oral (Tradición). – La existencia de la Tradición es imprescindible para la unidad de la Iglesia. |
|
| 3.8 |
– La Tradición y a Biblia no se contraponen, sino que se complementa.
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Lucas 1: 3-4; 2 Co 3: 1-3 |
| – En la Biblia aparecen referencias que no se encuentran en la Escritura canónica judía, sino en su Tradición. | Ju 1: 9; Gá 3: 19; Hechos 7: 53 | |
| 3.9 | – Creemos que si los Reformadores pudieran “salir de sus tumbas” y observar el panorama mundial de la Cristiandad, volverían avergonzados a ellas; y lamentándose por sus famosos gritos en el s XVI. | |
| 4 | – La Biblia es un libro hecho por la Iglesia Católica, recopilado por Iglesia Católica y debe ser interpretado por la Iglesia Católica. | |
| Ap-1 | – Antes de responderle a un protestante cualquier pregunta que implique conocimientos bíblicos debemos de interrogarle el por qué el usa las Escrituras. | |
| Ap-2 | – La Biblia no cayó del cielo. | |
| – La Iglesia Católica recopiló el Nuevo Testamento. | ||
| – Los primeros cristianos no tenían Biblia recopilada. | ||
| – La difusión del cristianismo se dio gracias a la predicación y testimonio de los apóstoles. | ||
| – Las escrituras eran muy difíciles de reproducir. | ||
| – Jesús, que sepamos, nunca escribió nada, ni siquiera un solo renglón. | ||
| – La Iglesia Primitiva no pretendió entregar epístolas o evangelios reproducidos a todos los fieles. | ||
| – En los cultos de los primeros cristianos se leían escritos apócrifos. | ||
| – Nicea no alteró el Canon de los primeros cristianos. | ||
| – Durante casi los primeros cuatro siglos del Cristianismo no existió un consenso universal de las Escrituras. | ||
| – La Iglesia Primitiva no actuaba bajo la regla de Sola Escritura. | ||
| – Muchos Padres Apostólicos y de la Iglesia defienden el valor de la Tradición. | ||
| Ap-3 | – Desmonta la Sola Escritura desde la Lógica |
PURA CUESTIÓN DE LÓGICA
En cualquier razonamiento la premisa o premisas se tienen que aceptar como verdaderas sin necesitar demostración alguna, pero si no se aceptan entonces cualquier razonamiento, sea correcto o incorrecto, se rechaza.
Premisa 1: Todos los hombres son mortales
Premisa 2: Xenón es un hombre
____Conclusión: Xenón es mortal
La conclusión se basa en este caso en dos premisas, y aunque el razonamiento sea correcto, la conclusión sólo será verdadera en el caso de que las dos premisas sean verdaderas. Rechazar una o más de las premisas impediría aceptar la conclusión. Rechazar la premisa 1 sería realmente difícil, pero rechazar la premisa 2 es muy fácil: Xenón no es un hombre, es un gas noble (elemento químico), y por tanto no puede morir. Rechazando una premisa he declarado falsa la conclusión, aunque el razonamiento en sí sigue siendo correcto; por eso si donde pone “xenón” ponemos “mi padre”, tendremos que aceptar la conclusión como verdadera (si somos sensatos). Otro ejemplo:
P1 La Biblia es Palabra de Dios
P2 La Biblia dice que Dios es amor
____C: Dios es amor
El razonamiento es correcto, pero sólo si alguien acepta las premisas 1 y 2 como verdaderas podría verse obligado a aceptar la conclusión como verdadera. Si un ateo niega la P1 entonces la conclusión no sirve para nada, pues la única forma de poder aceptar P1 y P2 es aceptando otra premisa oculta que diría “Dios existe”, y el ateo lo niega. Si no hay Dios no tiene sentido decir que Dios es amor ni ninguna otra cosa.
Como vemos, por muy bien elaborado que esté un argumento, la conclusión sólo puede ser válida para quien acepta todas las premisas de las que se parte. En la mayoría de los casos las premisas se dan por sentadas y ni siquiera se mencionan, así que es cosa nuestra el localizar las premisas o adivinarlas si están ausentes. De este modo cuando, por ejemplo, se nos dice que las imágenes son antibíblicas porque en ningún sitio de la Biblia dice que las tenemos que usar, su razonamiento en realidad sería el siguiente:
P1 Dios existe
P2 La Biblia es Palabra de Dios
P3 La Palabra de Dios sólo está en la Biblia y en ningún otro sitio
P4 Toda creencia que no está en la Biblia va en contra de Dios
P5 El uso de imágenes de culto no está ordenado en la Biblia
____C: El uso de imágenes de culto va en contra de Dios
Como vemos, el razonamiento de nuestro lector parte de 5 premisas, y puesto que son premisas (punto de partida del razonamiento, no el razonamiento en sí), las 5 se dan por sentadas sin ninguna demostración y se pide al oyente o lector que las acepte todas para así poder aceptar también la verdad de la conclusión.
Un protestante las aceptaría todas, tal como hace él. Un católico tiene que aceptar como verdaderas las premisas 1, 2 y 5, pero jamás puede aceptar las premisas 3 y 4. Por lo tanto, al no aceptar las 5, tampoco puede de ningún modo aceptar la conclusión. Las personas que siendo católicas han aceptado la conclusión (que son muchos miles) son personas que en realidad no eran católicas (o no tenían la formación básica para serlo bien) o que no funcionan con lógica, lo cual da peso al dicho popular de “católico ignorante, futuro protestante”. Al que se podría añadir “católico que no razona, posible protestante”, por cubrir los dos supuestos, aunque este no rime.
Recordemos esta importante idea: para aceptar una conclusión primero hemos de aceptar la verdad de todas las premisas, las cuales se ofrecen sin demostración alguna. Y otra idea más: para los protestantes, la Sola Scriptura es siempre la premisa base de todos sus razonamientos doctrinales. Cualquier argumento protestante sólo tiene sentido si aceptamos su doctrina de la Sola Scriptura, algo que un católico nunca puede hacer sin dejar de serlo.
Un razonamiento católico sería semejante al protestante, sólo que partiría de premisas diferentes.
P1 La Biblia contiene la verdad pero no toda la verdad
P2 Jesús dio a su Iglesia el poder de atar y desatar
P3 Jesús prometió proteger a su Iglesia para que no cayera en el error
____C: Si la Iglesia, ejerciendo el poder que Jesús le dio, proclama una doctrina, ésta será siempre conforme a la voluntad de Jesús (y no podrá estar en contradicción con la verdad de la Biblia).
Un protestante no aceptaría las premisas y por tanto no puede aceptar la conclusión. La Iglesia utiliza la Tradición y el propio poder que Jesús le concedió para interpretar correctamente los textos bíblicos, pero los protestantes interpretan los textos bíblicos según lo que ellos consideran una iluminación individual, y consideran que nada fuera de la Biblia puede ser doctrina, y que la Iglesia católica no tiene nada de divino, por lo tanto sólo podrían aceptar el uso litúrgico de las imágenes si dicho uso estuviese ordenado en la Biblia. Como no lo está, fin del asunto.
Partiendo de premisas diferentes, se llega a conclusiones diferentes. Lo que es totalmente absurdo desde el punto de vista de la Lógica es pretender que alguien acepte tu conclusión sin aceptar tus premisas, y además sorprenderte de que sea tan tonto como para no aceptarla. Pero eso en la vida diaria ocurre constantemente, usamos unas premisas, llegamos a una conclusión lógica, y luego creemos que todos deberían aceptar esa conclusión porque es lógica, sin darnos cuenta de que “logica” lo es sólo si aceptan nuestras mismas premisas. En lugar de pretender imponer nuestra conclusión, primero tendríamos que convencer de nuestras premisas.
¿UNA PARTIDA EN TABLAS?
Un ateo no aceptaría ni el razonamiento católico ni el protestante, pues no cree en Dios y por tanto niega que exista algo que pueda llamarse “Palabra de Dios”. Un católico no acepta el razonamiento protestante porque no cree que la Verdad sólo exista dentro de la Biblia. Un protestante no acepta el razonamiento católico porque no cree que la Iglesia tenga origen divino ni tenga poder de Jesús ni inspiración del Espíritu Santo. Cada uno está sencillamente siendo coherente con sus propias premisas, y si vamos hacia atrás en la cadena de razonamientos, en última instancia tenemos que ateos, católicos y protestantes parten de una o varias ideas básicas que son indemostrables, y por tanto sólo pueden aceptarse por medio de la fe. Incluso el ateo necesita tener fe para estar seguro de que no existe Dios. La misma ciencia moderna se basa en premisas indemostrables, como la idea de que una ley natural es inmutable y por tanto se puede aplicar en cualquier punto del espacio y el tiempo con igual certeza (¿cómo podríamos demostrar que hace 1000 millones de años la luz viajaba al otro extremo del universo a la misma velocidad que hoy aquí?). Por lo tanto, cualquier sistema de creencias parte en última instancia de un acto de fe en donde todo el sistema se fundamenta.
Ahora bien, podemos quedarnos en tablas y dejar que los protestantes crean una cosa y los católicos la otra, sin esperanza de saber dónde está la verdad. O podemos intentar una pequeña cosa, y es razonar cuál de las dos posturas, aunque indemostrables, tiene más probabilidades de ser cierta. Y es lo que se hace aquí.





da risa el A3. Es muy sesgado y lo ve solo desde un punto de vista, la paradigmática católica.
No estoy para nada de acuerdo, se ve desde el punto de vista práctico-realista.