Tradición Oral Apostólica

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Este artículo pertenece a la serie: Sola Escritura: ¡No! Tradición: ¡Sí! para ir a la entrada principal (Índice) clic en el nombre de la misma.

3.1 ¿Qué es?

Para no desvelarnos en las opiniones particulares, aclaremos primero lo que define la Iglesia en este sentido. El punto 83 del Catecismo de la Iglesia dice:

“La Tradición de [la] que hablamos aquí es la que viene de los Apóstoles y transmite lo que estos recibieron de las enseñanzas y del ejemplo de Jesús y lo que aprendieron por el Espíritu Santo. En efecto, la primera generación de cristianos no tenía aun un Nuevo Testamento escrito, y el Nuevo Testamento mismo atestigua el proceso de la Tradición viva.”

“Es preciso distinguir de ella las “tradiciones” teológicas, disciplinares, litúrgicas o devocionales nacidas en el transcurso del tiempo en las Iglesias locales. Estas constituyen formas particulares en las que la gran Tradición recibe expresiones adaptadas a los diversos lugares y a las diversas épocas. Solo a la luz de la gran Tradición aquellas pueden ser mantenidas, modificadas o también abandonadas bajo la guía del Magisterio de la Iglesia.”

O sea, la Tradición Oral Apostólica (con mayúsculas) proviene de los apóstoles y estos la escucharon de Jesús y parte de Él se reflejó más tarde en los Evangelios escritos o “Canónicos”. La tradición (con minúscula) es un conjunto de costumbres eclesiales influidas por culturas o expresiones locales y puede ser cambiada o abandonada según lo exijan los tiempos y lo decida la Iglesia.

La doctrina de la Iglesia Católica se basa en la Palabra de Dios la que está contenida en la Escritura y en la Tradición Apostólica siendo ella la depositaria y custodia de ambas.

Tanto los judíos como musulmanes son llamados “Pueblos de Libro”, pues ambos se basan en solo escrituras “sagradas´´. Nosotros los cristianos (o por lo menos los apostólicos) no somos otro Pueblo de Libro, somos el Pueblo de la Palabra, viva y eficaz que es contenida en la Biblia y en la Tradición.

3.2 La Tradición Oral Judía

El cristianismo no fue una religión plenamente iniciada por Jesús, sino que surge de la acción de Jesús sobre el judaísmo, que ya tenía muchos siglos o milenios de antigüedad. Por eso todos los cristianos, católicos o no, aceptamos como Sagradas Escrituras no solo nuestros propios escritos, el Nuevo Testamento, sino también los escritos judíos que ya existían, los del Antiguo Testamento. En la historia, como ha habido de todo, hubo también intentos de hacer tábula rasa y empezar desde cero, rechazando los escritos judíos. El caso más conocido es la herejía de Marción, hijo de un obispo del siglo II, que rechazaba el Antiguo Testamento y decía que Dios era el Padre del que habla Jesús, pero no esa falsa deidad de la que hablaban los judíos veterotestamentarios.

Los cristianos somos herederos del judaísmo que aceptó a Jesús como el Mesías esperado por ellos. Por eso no es de extrañar que desde el principio viviéramos la religión según el concepto (renovado por Jesús) de los judíos, el Pueblo de Dios que luego se abrió también a los gentiles. Los judíos de la antigüedad tenían sus creencias y costumbres, lo más fundamental lo dejaron recogido en los libros sagrados que hoy conforman el Antiguo Testamento, pero no todas sus creencias ni todas sus costumbres y ritos se hallaban escritos allí. Analizando con lupa el Antiguo Testamento vemos también rastros de otras creencias que se dan por sentadas, pero sin esas otras creencias no es posible entender el judaísmo original, y menos el actual.

Los judíos tenían sus textos sagrados, lo que llaman la Torá (parte de nuestro Antiguo Testamento), y también una Tradición que se había transmitido oralmente. En realidad buena parte de la Torá proviene de esa Tradición Oral, que fue puesta por escrito durante la época del destierro en Babilonia (siglo V a.C.). La doctrina de Jesús parte también de esos dos pilares, e incluso algunas cosas que parecen novedad (como la doctrina de la resurrección de la carne) no es tal, sino que se contiene en esa Tradición Oral Judía.

Tras la expulsión de los judíos y su dispersión a partir del siglo primero, la transmisión de la Tradición Oral estaba cada vez más en peligro. Ante el riesgo de que esa Tradición se vaya perdiendo o deformándose surge la Mishná, que es una colección de textos que ponen por escrito esa Tradición para que no se pierda (siglos II y III d.C.). También por entonces y a lo largo de varios siglos, se va poniendo por escrito otra colección de libros que recogen los comentarios e interpretaciones que famosos rabinos hacían o habían hecho sobre la Torá.

Resumiendo, los judíos tenían una religión transmitida sobre todo oralmente. En el siglo V a.C. se puso por escrito buena parte de esa Tradición (algunos libros ya mucho antes), y a partir de entonces los judíos tenían las Sagradas Escrituras y la Tradición Oral Judía. Dos siglos después de Cristo se recoge por escrito también esa antigua Tradición Oral Judía, para preservarla, y luego también los comentarios de los rabinos más famosos. Por eso el judaísmo no se basa simplemente en la Biblia judía (la Torá), sino también en la Mishná y el Talmud. Si queremos discutir con un judío sobre su religión, no podemos obligarle a explicarnos sus creencias solo mediante los textos bíblicos, porque no podría, tendría necesariamente que utilizar también la Mishná y el Talmud para explicarnos por qué creen esto o aquello o por qué interpretan los textos bíblicos así o asá.

Pues los cristianos de la Iglesia Católica, que no surgimos en el siglo XVI como los protestantes, sino que surgimos en el siglo primero a partir de las creencias y comunidades judías reformadas por Jesús, funcionamos en ese sentido igual que ellos, ya que en cierto modo seguimos siendo judíos (solo que nosotros aceptamos a Jesús y ellos no). Por lo tanto hicimos lo mismo, seguimos con nuestros escritos de siempre (el Antiguo Testamento), y en cuanto a las doctrinas nuevas que Jesús y sus apóstoles predicaron, las transmitimos oralmente, de boca en boca mediante la predicación. Muy pronto surgieron varias personas que por una u otra razón decidieron poner por escrito esas doctrinas.

Recoger todas esas predicaciones que duraron años (3 de Jesús más los años de los apóstoles) era tarea imposible o al menos ninguno de los cuatro evangelistas lo consideró necesario, solo quisieron recoger lo fundamental, y más que recoger las doctrinas en sí lo que hicieron fue sobre todo recoger la vida de Jesús (el más doctrinal es Juan). El resto de las enseñanzas de Jesús permanecieron vivas en la Tradición Oral, ahora Cristiana. A estos escritos se sumaron algunas de las cartas que se pudieron conservar escritas por los mismos apóstoles, y a todos esos escritos, junto con el Apocalipsis, se les llama ahora el Nuevo Testamento, y junto con los textos judíos de entonces conforman la Biblia cristiana.

Incluso podría decirse más aun, el que la Tradición oral existe desde el principio no solo parece algo lógico e histórico, sino que es algo bíblico. El mismo San Juan reconoce y valida la existencia de la Tradición con las palabras con las que despide su evangelio.

Al igual que Juan nos dice que Jesús hizo muchísimas otras cosas que no se dejaron por escrito, del mismo modo, mientras las hacía, dijo muchas otras cosas y explicaciones que no quedaron por escrito (aunque Dios se aseguró de que no por ello se perdieran). Es más, puesto que muchas de las enseñanzas de Jesús las hizo no tanto a través de sus palabras como a través de su vida y sus actos, esas cosas que hizo y que no están en la Biblia también serían a su vez enseñanzas que transmitió y que no quedaron reflejadas por escrito. Luego lo que Juan nos está diciendo es que en la Biblia solo se recoge parte de las enseñanzas de Jesús, pero no todas.

Así como los judíos pusieron por escrito en el siglo V a.C. buena parte de sus doctrinas e historias mientras que otra parte quedó en la Tradición Oral Judía, igualmente los primeros cristianos pusieron por escrito buena parte de sus doctrinas e historias, pero el resto quedó también en la Tradición Oral Cristiana. Y al igual que los judíos más tarde vieron la necesidad de ir fijando por escrito también esas otras tradiciones, doctrinas e interpretaciones, también la Iglesia Primitiva era consciente del poder del texto escrito para fijar y preservar las enseñanzas, así que ya desde el mismo siglo primero, y en los siglos siguientes, distintos autores cristianos fueron dejándonos escritos en los que recogían doctrinas de la Tradición y también interpretaciones aceptadas sobre las escrituras.

En cuanto esa Iglesia pudo salir de las catacumbas y organizarse públicamente sin problemas, esos esfuerzos dejaron de ser casos individuales y se convirtieron en empresa común de toda la Iglesia: comienzan los concilios, empezando por el de Nicea. En los concilios se intenta eso, ir fijando por escrito todas las doctrinas cristianas que había para que no sufran el ataque y las deformaciones de las continuas herejías que iban apareciendo por aquí y por allá.

Así que no tardando mucho llegó un momento en el que los cristianos, exactamente igual que los judíos, teníamos nuestras Sagradas Escrituras, y también la Tradición Oral recogida ya por escrito. El proceso de fijar por escrito todas las doctrinas de la Tradición Oral junto a la interpretación correcta de esa Tradición y de las Escrituras, queda en su mayor parte rematado hacia el siglo V. Pues bien, esa Iglesia Cristiana, que se basó y se basa en tres pilares, igual que los judíos, era y sigue siendo la Iglesia Católica Apostólica Romana (conocida como Iglesia Católica), junto con su hermana la Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa (conocida como Iglesia Ortodoxa).

Nuestro principal fundamento era y es la Biblia, pero no nuestro único fundamento. Al igual que Jesús aceptaba elementos de la Tradición Judía (como la doctrina de la resurrección y otras doctrinas, ritos y costumbres, si bien no todas), también nosotros los católicos aceptamos la Tradición como fuente en la que basar nuestras creencias y marco acertado para la interpretación de las mismas. Nos importa lo que dice la Biblia, también la interpretación que esos primeros cristianos hacían de la Biblia (porque ellos fueron adoctrinados por los apóstoles), y también otras doctrinas que no se recogieron en su momento en la Biblia (aunque sí vemos en ella rastros) pero que se conservaron en la Tradición Oral y luego fueron puestas por escrito. No puedes hablar de judaísmo con un judío si pretendes dejar fuera al Talmud y la Mishná, no puedes hablar de cristianismo con un católico si pretendes dejar fuera a la Tradición y a los concilios.

Y sin embargo esto es lo que muy a menudo ocurre cuando católicos y protestantes dialogan sobre si tal o cual doctrina son o no verdadera. Los protestantes, por supuesto, se niegan a aceptar ningún razonamiento que no esté por escrito en la Biblia, pero lo malo es que también muchos católicos, con buena intención, dejan a un lado la Tradición cuando discuten con un protestante porque les parece que en esa discusión la Tradición no valdría para nada.

Un famoso apologista católico daba consejos sobre cómo intentar explicar nuestra fe a gente atea, o de otras religiones, o a los protestantes. Sobre los últimos afirmaba que con ellos debíamos intentar siempre ceñirnos a la Biblia y a nada más, porque si acudíamos a la Tradición ellos no aceptarían nuestros argumentos. Pero es que entonces, si queremos explicar nuestra fe sin acudir a la Tradición nos encontraremos con que en algunos casos resulta muy difícil justificar una doctrina, pues en la Biblia solo vemos indicios, señales que apuntan a esa doctrina o que la dan por supuesta, pero no explicaciones claras y evidentes sobre ella. Ante eso el protestante considera que la doctrina católica no tiene base suficiente y por tanto es falsa, lo cual crea en muchos católicos una especie de sensación de inseguridad o de inferioridad, porque aquellos siempre “tienen” sus citas listas para respaldar todas sus creencias.

Esta manera de funcionar, por bienintencionada que sea, es un grave error. Un católico no puede justificar su fe, y menos explicarla, si no saca su Biblia y su Tradición. Los textos bíblicos a menudo se pueden interpretar de muchas maneras distintas, y casi siempre está la opción de considerar ciertas palabras como literales o alegóricas. Los protestantes nacieron creando la doctrina de la Sola Scriptura, una doctrina novedosa que no surge ni del cristianismo original ni del judaísmo, sino que nace con el protestantismo, o mejor podríamos decir que el protestantismo nace de esa doctrina. Una vez que rechazas la Tradición, entonces es inevitable rechazar con ella muchas doctrinas conservadas allí. Pronto se quedan solo con las doctrinas basadas claramente en la Biblia, más otras nuevas que creen descubrir allí. Pero para ello tienen que asumir la idea ilógica de que la Biblia se explica a sí misma; y que esta idea es errónea es bien fácil de entender y comprobar, como ya vimos.

Por el contrario, los católicos siempre se han mantenido fieles a la Tradición, y en ella tenemos también la manera de interpretar correctamente cada pasaje bíblico. Por eso si los protestantes en cuatro siglos se han dividido en miles de ramas de diversas doctrinas, los católicos en cambio hemos mantenido durante veinte siglos las mismas creencias. Cuando el lamentable cisma dividió a la Iglesia cristiana en dos: la católica romana y la católica ortodoxa, eso no supuso prácticamente ningún cambio doctrinal importante, y aunque llevamos ya mil años caminando separados, los católicos y ortodoxos seguimos compartiendo la misma fe y las mismas doctrinas fundamentales. Como se dice siempre, solo hay una manera de tener razón, pero hay infinitas maneras de estar equivocado.

Por lo tanto, si en el diálogo entre un católico y un protestante el protestante se niega a hablar de la Tradición, en la práctica se está negando a dialogar. La gran mayoría de los debates entre católicos y protestantes (a nivel de libros, televisión, revistas o a nivel de predicadores que van de casa en casa) se juegan siempre según las reglas de juego de los protestantes, o sea, solo vale lo que esté en la Biblia, si no, se ignora totalmente. De esa forma es complicado, si no imposible, ganar siempre la partida.

Es como si dijera que la única gramática verdadera es la gramática española y todas las demás son falsas. Ahora un francés me dice una frase en francés y yo le digo que su frase está mal construida, y se lo demuestro sólidamente sacando la gramática del español y explicándole qué reglas ha roto y qué reglas debería aplicar para poder formar una frase correcta. Si el francés acepta mi argumento entonces estará perdido, pero si el francés me dice que su frase es gramaticalmente correcta según la gramática francesa, que es la suya, y que yo puedo aplicar mi gramática española al español, pero no al francés, entonces la cosa empieza a tener sensatez. Decir que el español es un idioma gramaticalmente más correcto que el francés es tan absurdo como decir que el protestantismo metodista es más correcto que el catolicismo, aunque la última analogía claramente de absurdez tiene más que la primera. Son dos religiones distintas (hermanas pero distintas) que siguen sus propias reglas, y cada una debe ser coherente con sus propias reglas. Pero intenta juzgar a una aplicando las reglas de la otra y te encontrarás necesariamente con un absurdo.

Otro tema muy diferente es el de la verdad. Ambas personas, el metodista y el católico, pueden ser unos estupendos fieles dentro de su iglesia, conocer, comprender y aplicar correctamente las doctrinas de su iglesia y llevar una vida coherente con ellas, pero como máximo solo uno de ellos puede estar en posesión de la doctrina verdadera. Así que entonces el debate se traslada a otro terreno, no tanto a si tu interpretación de este texto es la interpretación correcta o no, sino al tema de cuál de las dos religiones tiene más probabilidades de defender las doctrinas enseñadas originalmente por Jesús, de esto también damos algunas pinceladas aquí, aunque el tema es muy extenso para detallarlo minuciosamente. Solo mencionar de pasada que para los católicos, la garantía de que nuestra religión es la de Jesús está en la sucesión apostólica de nuestros obispos, pues nuestros dirigentes religiosos y custodios de la doctrina provienen de una cadena ininterrumpida que se remonta hasta los mismos apóstoles. Solo la Iglesia Ortodoxa, junto con la Católica y las “Orientales” (en suma las apostólicas), pueden hacer esa afirmación.

Conclusiones:

  • La Tradición a la que se refiere la Iglesia es a la que viene de los apóstoles.
  • Los judíos también tenían Tradición Oral, hoy en la Mishná y el Talmud.

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Acerca de José Carlos Pando Valdés

Gracias por dedicar parte de su tiempo a la lectura apologética, tan ncesitada dentro de la Iglesia actual. Que Dios lo colme de Bendiciones.

6 Comments

  1. Gurevich

    Me gustaría señalar que una de las razones lógicas por las que la biblia tiende a ser una fuente doctrinal más confiable (principalmente para los protestantes) es precisamente por su inmutabilidad comparada en este caso con la tradición, que tiende a ser más fácilmente influenciada por las diferentes culturas y fenómenos sociales con el paso del tiempo.

    Creo haber leído en alguna parte que aunque la iglesia católica da igual jerarquía a tradición y a escritura, en caso de contradicción la escritura prevalecerá.

    Saludos

    • Saludos
      Existe un artículo en este aportado que habla específicamente sobre el tema al que te refieres, me parece es el siguiente, espérelo.
      Esa contradicción entre Biblia (Palabra de Dios escrita) y Tradición (Palabra de Dios oral) no existe como tal. No obstante, la primera goza, como usted dice, de ciertos privilegios sobre la segunda y viceversa, y entre los que favorecen la Escritura se encuentra el que esta es un núcleo conciso de ideas. La Iglesia opera de la siguiente forma: es Fe garante aquella que el Magisterio sanciona haber recibido por Tradición, pero que guarda coherencia con la letra de la Biblia.
      Quede con Dios

      • Gurevich

        Disculpe que insista pero quede algo dudoso al leer su comentario donde dice “… la primera goza, como usted dice, de ciertos privilegios sobre la segunda y viceversa”. Este <> es precisamente el que no tengo claro… ¿en que la tradición estaría por encima de las escrituras?

        Un saludo

        • Saludos
          La Tradición no está por encima de las Escrituras en autoridad, pues ambas son Palabra de Dios, lo que una escrita y la otra oral. Aun así, como cosas diferentes, existen diferencias que privilegian más a una que a la otra. La primera es más extensa y particularizada en cada detalle, madre de la otra y como tal lo que somos, pues la Iglesia es Tradición, es predicación oral, y la Biblia vino después, fue escrita por ella. No obstante, la segunda viene a ser el filtro por el que debemos de pasar cada elemento que por la Tradición nos llegue, pues para eso está ahí, para ser una letra inmutable que nos permita en tiempos de crisis ver cuál es el camino correcto, como trozo de la Tradición que quedó plasmado y preservado en el papel. La Biblia y en especial el NT contienen inerrantemente todo lo que nos es necesario para la salvación, es ese núcleo dentro de la gran verdad de la Tradición que nos permite sin temor a dudas identificar el camino nuestro como el correcto.
          Pero debe de entender la historia para comprender mejor esto. Sabrá que el NT no se aceptó tanto “para autoridad” sino para ser leído en las Iglesias, como parte de la Liturgia. Años después cuando las herejías empezaron a florecer y el mensaje oral de la Tradición que vivía en la práctica de la Iglesia se empezó a poner en dudas por “los estudios” de estos mismos escritos fue la misma Biblia segundo centro de la Liturgia que nos permitió con firmeza demostrar lo certero de nuestro andar.
          Espere el resto de la serie. Como sé que es un poco apresurado, por lo que quizás lo felicito, le recomiendo leer parte de nuestros apéndices, http://apologetica.cubava.cu/2016/06/02/apendices/#A2
          Quede con Dios y disculpe la demora.

          • Gurevich

            La verdad no es que esté muy de acuerdo con Ud… no creo que la tradición esté por encima de la escritura… no creo que la doctrina católica así lo dicte…

            Por otra parte tampoco concuerdo en que “la Iglesia es Tradición”… para mi no lo es… La iglesia es son los fileles que siguen la doctrina… incluso que la hacen, que la fomentan, que la enrriquecen… (diculpe el punto de vista poco religioso)… está si puede estar sobre la escritura… pero no la tradición que no es precisamente lo mismo…

            Como ya le he expresado en algun comentario anterior la tradición que llega a nuestros días se ha visto influenciada por los fenomenos culturales a traves de los siglos (quizas la biblia tambien, pero en mucha meno medida), incluso desde los primeros años… no se puede negar que hay elementos del helenismo presentes en el critianismo de hoy en día…

            Que la iglesia tenga dos fuentes de doctrina está claro… que el magisterio de la misma guíe la doctrina de ambas fuentes, tambien es comprensible pero no creo que se pueda decir que la parte no escrita de la tradición (o la no biblica) tenga más autoridad que la que desde los primeros tiempos fue establecida como “manual escrito” de la doctrina cristiana…

            Un saludo cordial

            • Saludos
              Hermano parece que no leyó y/o interiorizó bien mi comentario.
              Por favor, vuélvalo a leer y en caso de que su respuesta sea la misma me lo hace saber.
              Quede con Dios.

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