Anticristo, Sola Escritura, Solas

Minientrada El mejor ejemplo: Biblia + Sola Scriptura = Jesús es el Anticristo 2.5.1

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Este artículo pertenece a la serie: Sola Escritura: ¡No! Tradición: ¡Sí! para ir a la entrada principal (Índice) clic en el nombre de la misma.

Los protestantes utilizan la Sola Scriptura para elaborar sus creencias, o sea, creen que la Biblia se explica a sí misma y no hace falta nada más. Utilizando esa misma metodología demostraremos que cuando se renuncia a la Tradición Oral Apostólica, podemos llegar al absurdo aun sin salirnos de la Biblia. De este modo podemos defender doctrinas que son tan bíblicas como falsas.
Vamos a usar como ejemplo la interpretación del pasaje de la Gran Ramera de Babilonia descrita en el Apocalipsis capítulo 17, en donde se describe al Anticristo. Muchos protestantes estudian este capítulo y creen que demuestra con claridad que el Anticristo es el papa. Nosotros estudiaremos ese mismo capítulo para demostrar con mayor claridad aun la tontería de que el Anticristo es ni más ni menos que Jesús. Si una técnica de análisis nos permite demostrar lo imposible, que Cristo es el Anticristo, entonces es porque esa técnica no resulta fiable y debe ser abandonada. Empecemos recordando en qué consiste la doctrina de la sola escritura, uno de los pilares básicos sobre los que se funda el protestantismo:

“Sola scriptura enseña que solo la Biblia es la palabra de Dios autoritativa e inspirada, es decir, la única fuente de doctrina cristiana, y que es accesible para todos, es decir, que es capaz de ser entendida con claridad, y se puede autointerpretar por medio de ella misma. El decir que la Biblia no necesita interpretación fuera de ella misma es una idea que se opone directamente a las enseñanzas tradicionales de la Iglesia ortodoxa, las antiguas iglesias orientales ortodoxas, la Iglesia copta, el anglo-catolicismo y la Iglesia católica, las cuales enseñan que la Biblia solo puede ser interpretada fielmente por medio de la Tradición apostólica.” Wikipedia

Tontería: Jesús de Nazaret no es el Mesías sino la bestia del Apocalipsis
Para que esta afirmación resulte sólida debemos demostrar solo con la Biblia varias cosas:

1- Jesús de Nazaret fue un hombre malvado, un falso profeta
2- Toda la simbología de la Bestia del Apocalipsis describe con exactitud a Jesús de Nazaret
3- El número de la Bestia, el 666, es el nombre clave de Jesús
4- La Gran Babilonia donde mora el Anticristo no puede ser Roma, sino Jerusalén
5- Tiene que existir un reducto de fieles, la verdadera Iglesia, que no se ha dejado engañar por Jesús y saben perfectamente que Él es el enviado de Satanás, el Enemigo de Dios, el Anticristo.

Demostrar todas estas cosas, y con la Biblia en la mano, parece tarea imposible, pero para ello contamos con un aliado inestimable: la doctrina de la sola scriptura que nos permitirá torcer y retorcer todo a nuestro antojo con la única condición de que tengamos inteligencia y datos suficientes como para encontrar el razonamiento y las conexiones que nos permitan llegar a una conclusión que nosotros ya hemos decidido antes incluso de empezar a estudiar los textos bíblicos.
Como el artículo es largo y valiéndonos de lo que a forma de prólogo declarábamos acerca de la tautología necesaria en el cuerpo de este, enumeramos aquí las principales herramientas que los protestantes (especialmente los evangélicos y más aun los paraprotestantes) suelen usar para sus argumentos:
1. La sola scriptura: Para entender la Biblia solo podemos analizar la Biblia, las creencias de la Iglesia Primitiva no pueden interferir en nuestros razonamientos para aclarar el significado de una frase o texto.
2. Basta con citar una frase o fragmento: Para demostrar una doctrina normalmente basta con tomar una o varias frases, o un fragmento de frase, que exprese con claridad la enseñanza que queremos demostrar. Mostrar todo el contexto que rodea a ese fragmento no suele ser necesario, sobre todo si nos dirigimos a personas que no son expertos bíblicos.
3. La mejor traducción es la que mejor se adapta a nuestra doctrina: Si una frase se puede traducir de varias maneras, elegiremos la traducción que expresa mejor lo que queremos demostrar, y rechazaremos cualquier otra traducción que ponga en duda nuestra idea, por probable que pueda ser.

Por supuesto, hay expertos bíblicos protestantes más serios, pero en el día a día, la mayoría de los debates y argumentos protestantes funcionan con estas tres clásicas herramientas usadas de forma bastante simple, y para el católico que no conoce bien ni la Biblia ni la Tradición, con ello basta para dar una apariencia de erudición sólida e indiscutible, suficiente para parecer consistente. Así que hagamos lo mismo que ellos y demostremos por qué Jesús es el Anticristo, aunque la Iglesia Católica diga lo contrario.

Partimos de la premisa de que Jesús es la Bestia, ya solo nos falta darle vueltas y más vueltas a la cabeza y a versículos bíblicos por aquí y por allá hasta conseguir un puzle de fragmentos que puedan encajar de la forma deseada. ¿Lo lograremos? Observando las decenas de contradictorias doctrinas protestantes que pueblan el universo, las probabilidades de que también nosotros consigamos demostrar algo absurdo no deben ser pocas. Empecemos ya la tarea.

Nota: Acá no se pretende demostrar que todos los protestantes son gente estúpida o malvada, solamente que su metodología puede fácilmente llegar a conclusiones equívocas, como por ejemplo su famosa interpretación de que el papa de Roma (o el papado) es la Gran Ramera del Apocalipsis. Ni tampoco tiene que decir que nosotros mismos podríamos explicar por qué todos los argumentos que vamos a dar son incorrectos, pero para eso tendríamos que utilizar en muchos casos la metodología católica, y no la protestante. Este apartado junto con lo expuesto en el Apéndice 2 punto 3 pretenden ser una fuerte pega para la doctrina de la Sola Scriptura.

1. Jesús de Nazaret fue un hombre malvado, un falso profeta
En la Biblia encontramos multitud de citas, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, que demuestran que ese hombre impostor llamado Jesús de Nazaret, el que predicó la falsa doctrina, atacó la santa Ley de Dios y blasfemó contra el Altísimo diciendo que Él era el mismo Dios, fue en realidad un falso profeta, el antimesías (en griego: anti-Christos) anunciado por las Sagradas Escrituras. Por no abrumar al lector mencionaremos solo algunos ejemplos.

“Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido (a los falsos profetas); porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo.” 1 Juan 4: 4

Juan nos está diciendo que el verdadero Dios es el que está “en nosotros”, en tu corazón, y no el Jesús que vino al mundo, el impostor. La Biblia nos anuncia en muchas profecías que un día vendrá el Mesías (en griego: el Cristo) y liberará a su pueblo, le traerá la justicia, la libertad, la paz y la prosperidad. Quitará el yugo de la dominación extranjera e Israel pasará a dominar a las naciones extranjeras. ¿Ha cumplido Jesús esas profecías?
También nos anuncia la Biblia que vendrá un Anticristo que dirá, “Yo soy el Mesías”, y engañará a mucha gente y les hará caer en el error. El Mesías vendrá de Dios, el Anticristo de Satanás. Está claro que el Mesías aun no ha llegado, Israel todavía lucha por la paz, y desde luego está muy lejos de dominar a las potencias extranjeras. Pero el Anticristo sí que llegó. Solo un hombre ha cumplido todas las profecías sobre el Anticristo, y ese hombre es Jesús de Nazaret. Con su llegada no solo no liberó a su pueblo ni le hizo dominar a todas las naciones, sino que consiguió todo lo contrario. Sus falsas doctrinas contaminaron al pueblo, trayendo conflicto y guerra hasta lograr que poco después de ser ajusticiado Israel fuera aplastado y exiliado, el Templo destruido y Jerusalén arrasada. Anunció que traería la guerra y la espada, y lo cumplió, dividiendo a la comunidad judía desde dentro y atrayendo la devastadora ira de Roma sobre todos ellos.


“No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su casa.” Mateo 10: 34-36

Tal como se anunció para el Anticristo (en Daniel y el Apocalipsis), Jesús tenía nombres blasfemos escritos en su frente, pues Él se atrevió a ofender al Altísimo diciendo nada menos que Él mismo era Dios y que era el Cristo, y el Rey de Israel, por eso clavaron los romanos en su frente la corona de espinas como símbolo de sus falsos títulos.

“el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios.” 2 Tesalonicenses 2: 4

Y este falso profeta blasfemó y predicó su falsa doctrina durante tres años y medio. ¿Sabe cuántos meses son tres años y medio? Haga la cuenta.

“También se le dio boca que hablaba grandes cosas y blasfemias; y se le dio autoridad para actuar cuarenta y dos meses.” Apocalipsis 13: 5

Desafió al Templo, a los sacerdotes y a la Ley de Moisés, y con sus maldades y mentiras logró engañar a muchos, tal como nos dicen las profecías. Y también cumplió las profecías que nos decían que el falso mesías sería capaz de hacer portentos, milagros que convencerían a muchos. Otros falsos profetas en Israel intentaron convencer a la gente de que ellos eran el mesías esperado, pero solo Jesús hizo grandes milagros, y luego, en su nombre, sus apóstoles.

“Y engaña a los moradores de la tierra con las señales que se le ha permitido hacer en presencia de la bestia, mandando a los moradores de la tierra que le hagan imagen a la bestia que tiene la herida de espada, y vivió.” Apocalipsis 13: 14

No hace falta explicar quién es esa Bestia que fue mortalmente herida pero que después resucitó. Uno de esos prodigios en concreto aparece mencionado en el Apocalipsis, cuando usaba su poder para engañar al pueblo:

“También hace grandes señales, de tal manera que aun hace descender fuego del cielo a la tierra delante de los hombres.” Apocalipsis 13: 13

Compare con lo que Jesús mismo dijo:

“Fuego vine a echar en la tierra; ¿y qué quiero, si ya se ha encendido?” Lucas 12: 49

Así que según la Biblia no solo era un falso profeta, era el Anticristo, y su engaño perdura hasta hoy, aunque Mateo nos habla de que habrá más de uno, con lo que tal vez en el futuro veremos a otro Jesús engañoso realizar también grandes milagros, esto suena como la Segunda Venida de Jesús.

“Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos.” Mateo 24: 24

El mismo Juan nos advierte de que será “uno de nosotros”, o sea, nacido del pueblo judío, pero que apostará de esa fe, rechazándola y cambiando las doctrinas:

“Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros.” 1 Juan 2: 19
“He aquí, yo entrego de la sinagoga de Satanás a los que se dicen ser judíos y no lo son, sino que mienten; he aquí, yo haré que vengan y se postren a tus pies, y reconozcan que yo te he amado.” Apocalipsis 3: 9

Y escuchemos la profecía de Daniel sobre este Anticristo:

“Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador.” Daniel 9: 27

El jueves es el día situado en la mitad de la semana judía. En un jueves celebró Jesús la llamada Última Cena. En esa cena realizó una ceremonia que supuso un pacto con sus acólitos, y junto con su muerte al día siguiente, puso fin entre sus seguidores a los sacrificios y ofrendas del Templo, que habían sido ordenados por Dios. Según afirman sus seguidores, la muerte de Jesús fue “El sacrificio último, el que puso fin a todo sacrificio”. Otra gran artimaña del Engañador para lograr apartar a muchos judíos del verdadero culto a Dios. El Jueves les explicó lo que su muerte significaba, y sus seguidores quedaron convencidos de que a partir de ese momento bastaba con comer pan y ya no haría falta hacer sacrificios en el Templo. Así logró Jesús su última victoria y consiguió que su muerte, en vez de ser el fin de su secta blasfema, se convirtiese en un triunfo al lograr apartar a sus seguidores de la verdadera adoración a Dios.
Esa Iglesia que Él fundó se encargó de completar en su nombre todas las profecías sobre el Anticristo. Llevó al pueblo a la idolatría y se extendió a sangre y fuego por toda la tierra, dominando a naciones enteras y asesinando a todo aquel que rechazaba adorar al falso mesías.
“Y hablará palabras contra el Altísimo, y a los santos del Altísimo quebrantará, y pensará en cambiar los tiempos y la ley; y serán entregados en su mano hasta tiempo, y tiempos, y medio tiempo.” Daniel 7: 25
A partir de Jesús, los santos del Altísimo (el Pueblo de Dios, los judíos) serán perseguidos y desterrados por todas las naciones de la cristiandad, la Ley de Moisés será sustituida por la Nueva Alianza, y las fiestas religiosas instauradas por Dios olvidadas y sustituidas por un montón de nuevas fiestas inventadas por el hombre (Navidad, Semana Santa, los Santos, las Candelas, la Asunción, etc.), ni una de ellas instaurada en la Biblia.

2. La gran ramera de Babilonia

El Apocalipsis nos habla en el capítulo 17 de la Gran Ramera de Babilonia, montada sobre una bestia de 7 cabezas. Esa imagen representa al Anticristo. Muchos creen que la Gran Ramera representa al papa, pero en esa identificación hay muchas ambigüedades y lagunas. Mejor vamos ahora a ver si dicha descripción coincide con lo que sabemos de Jesús. Analizaremos los detalles que Juan nos da sobre quién es esa Ramera, versículo a versículo.

“Vino entonces uno de los siete ángeles que tenían las siete copas, y habló conmigo diciéndome: Ven acá, y te mostraré la sentencia contra la gran ramera, la que está sentada sobre muchas aguas;” v. 1

En el Apocalipsis la sentencia sobre esta Ramera es la muerte, la destrucción (tal como se narra en el capítulo 18). La sentencia sobre Jesús fue la misma, la muerte. En la Biblia “fornicar” es idolatrar. Es evidente que en estos 20 siglos los reyes de la tierra y la gente, siguiendo su falsa doctrina, han cometido idolatría al adorar como dios a un hombre, cuando la Biblia deja claro que solo a Jehová hay que adorar y servirle (cf. Éxodo 20: 2-3). Y esa idolatría la han realizado también embriagándose “con el vino de su fornicación” (v. 2), o sea, el vino (y el pan) de la comunión que sus seguidores realizan en su memoria. Más idólatras aun son los de la secta católica, que dicen que ese pan y vino son el mismo Dios, sacudiendo los cielos con su blasfemia.

“Y me llevó en el Espíritu al desierto; y vi a una mujer sentada sobre una bestia escarlata llena de nombres de blasfemia, que tenía siete cabezas y diez cuernos.” v. 3

La bestia llena de nombres de blasfemia hace referencia a las continuas blasfemias que salían de labios de Jesús, como ya vimos antes. La peor de todas decir que Él era Dios, que podía perdonar los pecados y que solo a través de Él podían hallar la salvación. 7 es el número de la divinidad y 7 son los espíritus de Dios citados por Isaías (y por Apocalipsis) y reflejados en los 7 brazos de la Menoráh (el candelabro de 7 brazos del Templo):

“reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová. Y le hará entender diligente en el temor de Jehová. No juzgará según la vista de sus ojos, ni argüirá por lo que oigan sus oídos;” Isaías 11: 2-3
“Y del trono salían relámpagos y truenos y voces; y delante del trono ardían siete lámparas de fuego, las cuales son los siete espíritus de Dios.” Apocalipsis 4: 5

Así que 7 es el número de Dios. Esta bestia, mostrando sus 7 cabezas, pretende hacerse pasar por Dios, se muestra como si fuera un ser divino para engañar así a la gente. Pero el Anticristo es en realidad el reverso de esos 7 espíritus divinos. La Bestia, que representa a Jesús, tiene 7 cabezas de dragón, y el dragón simboliza al mal, a Satanás. Así que se nos muestra a Jesús como el reverso de lo que Él afirma ser en sus blasfemias, en vez de un ser divino, un ser satánico, en vez de como un ángel, como un dragón.

“Y la mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, y adornada de oro, de piedras preciosas y de perlas, y tenía en la mano un cáliz de oro lleno de abominaciones y de la inmundicia de su fornicación” (v. 4)

La Gran Ramera está vestida de púrpura y escarlata, como los reyes. ¿Acaso Jesús vestía púrpura y escarlata? Pues resulta que sí:

“Entonces los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio, y reunieron alrededor de él a toda la compañía; y desnudándole, le echaron encima un manto de escarlata, y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas, y una caña en su mano derecha; e hincando la rodilla delante de él, le escarnecían, diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos!” Mateo 27: 27-29

La insolencia de Jesús no solo le hizo decir que era Dios, sino también que era el legítimo rey de los judíos, así que le vistieron con manto escarlata, que era el manto de los reyes de la antigüedad. Pero la Gran Ramera lleva “púrpura y escarlata”, ¿y el púrpura? Bueno, pues a Jesús no solo le debieron poner un manto escarlata como dice Mateo, sino que también vistió de púrpura porque así nos lo describe Juan:

Y ahí lo tenemos, primero le ponen el escarlata para mofarse de Él y luego le ponen encima el púrpura para mostrarlo al pueblo, así que Jesús, igual que nos dicen de la Gran Ramera, vistió con manto púrpura y escarlata.
Según el Apocalipsis Jesús también tuvo oro y joyas. Por supuesto Constantino borró eso de los evangelios, dentro de sus muchas modificaciones, pero es fácil suponer que reuniendo tantos seguidores como Jesús logró, incluyendo algunos muy ricos, recibiera todo tipo de regalos. Aun podemos leer cómo José de Arimatea le trata como a un rey, cediéndole su mansión para la Última Cena, cálices de piedras preciosas, y una tumba y ungüentos dignos de un enterramiento de ricos, por no mencionar la cantidad de fiestas y comilonas con las que los poderosos le agasajaron y que él, gustosamente, aceptaba. No hace falta más comentario que el que Él mismo hace de sí:

“Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: He aquí un hombre comilón, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores.” Mateo 11: 19

El cáliz de oro lleno de las inmundicias de su fornicación (idolatría) es esa copa de vino, que era de oro o de algún otro material precioso, pues era la mejor copa de su amigo rico el de Arimatea. La idolatría del cáliz se refiere al vino que Él mismo dijo que era su propia sangre, una sangre que iba a salvar a la humanidad. Blasfemia e idolatría, pues solo Dios salva, y Él les hizo creer a sus seguidores que su sangre podía ser tan poderosa como Dios.

“Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.” Mateo 26: 27-28

Más parece una ceremonia de magia negra que otra cosa. Sellar un pacto con sangre y enseñar que esa sangre tiene el poder de perdonar los pecados es un ataque frontal a lo que Dios nos enseña en el Antiguo Testamento. Solo la gracia de Dios salva.

“y en su frente un nombre escrito, un misterio: babilonia la grande, la madre de las rameras y de las abominaciones de la tierra.” v. 5

Jesús llevaba en su frente una corona de espinas, y esa corona tenía su misterio pues no era un simple manojo de espinas, sino que representaba una corona real. Al ponerle esa corona estaban mofándose del título que el propio Jesús se dio a sí mismo, diciendo que era el Rey de los Judíos. El rey de los judíos sería, según las profecías divinas, el verdadero Mesías, y el Mesías debía expulsar a los romanos y lograr que Israel dominara a todas las naciones de la tierra. Así que esta corona de espinas se burla del fracaso de un falso mesías que quiso hacerse pasar por el rey que dominaría al mundo en un reino de paz y santidad. Y en cierto modo, a través de la Iglesia que fundó, logró dominar a las naciones, pero solo pervirtiéndolas tanto o más de lo que ya estaban, convirtiéndose en el rey de toda la prostitución (idolatría) de la tierra, extendiendo el cristianismo idólatra por todos los rincones de la tierra y apartando así a los pueblos del verdadero culto a Dios para adorar a un hombre.

“La bestia que has visto, era, y no es; y está para subir del abismo e ir a perdición; y los moradores de la tierra, aquellos cuyos nombres no están escritos desde la fundación del mundo en el libro de la vida, se asombrarán viendo la bestia que era y no es, y será.” v. 8

Este versículo es todo lo claro que se puede ser. ¿Quién es aquel que era y no es pero volverá a ser tras subir desde el infierno? Según afirman sus propios seguidores: “Fue crucificado, muerto y sepultado. Descendió a los infiernos. Al tercer día resucitó de entre los muertos”. Ahí lo tienen, Jesús existía (estaba vivo) y ya no existe (murió), pero volverá a subir desde el Abismo (= infierno). Todos sus seguidores quedaron maravillados cuando vieron a Jesús resucitado reaparecer. Esos seguidores son los habitantes de la tierra cuyos nombres no figuran en el Libro de la Vida, pues Jesús logró apartarles de la verdadera doctrina y con ello se condenaron.

“Esto, para la mente que tenga sabiduría: Las siete cabezas son siete montes, sobre los cuales se sienta la mujer,” v.9

Así que ahora hablamos de un lugar, las 7 cabezas representan también 7 montes. Algunos han intentado identificar esta ciudad con Roma, “La ciudad de las 7 colinas”, pero Jesús no estuvo nunca en Roma. ¿Tuvo relación con alguna ciudad de 7 colinas también? Efectivamente, y mucho. En la cultura oriental a la que pertenece San Juan, Jerusalén era conocida como “la ciudad de las siete colinas” (Pirke de-Rabbi Eliezer, Sección 10). Estas colinas son:

1- Escopus
2- Nob
3- El Monte de la Corrupción o el Monte de la Ofensa o el Monte de la Destrucción (2 Reyes 23: 13)
4- El original monte Sión
5- La colina Suroeste también llamada Monte Sión
6- El Monte Ofel
7- La Roca donde se construyó la fortaleza Antonia.

“y son siete reyes. Cinco de ellos han caído; uno es, y el otro aun no ha venido; y cuando venga, es necesario que dure breve tiempo.” v. 10

Las 7 cabezas son 7 colinas y 7 reyes. Ya hemos visto cuáles son las 7 colinas de Jerusalén, veamos ahora cuáles son esos 7 reyes, 5 de los cuales han muerto, uno coincide con la vida de Jesús y el otro, que llegará después de morir Jesús, será breve:
La monarquía de Israel llegó a su fin con el exilio a Babilonia. Pero tras la conquista de Alejandro Magno, un general terminará por alzarse y autoproclamarse rey de Judea de nuevo, reiniciándose la monarquía, y tras él otros sucesores: Hircano II, Aristóbulo II, Aristóbulo III, Antípater el Idumeo y Herodes el Grande. En total, 5 reyes, incluido el famoso Herodes de la matanza de los Inocentes, que murió cuando Jesús apenas tenía 3 o 4 años. Luego en tiempos de Jesús tenemos al sucesor de Herodes el Grande, el otro Herodes que le condenó: Herodes Antipas. Y después de Jesús vendrá otro rey que durará poco tiempo: Herodes Filipo en verdad tuvo un reinado breve, y fue quien vio la destrucción de Jerusalén y la expulsión de los judíos pocos años después de morir Jesús. Así que también esto se cumple al 100%.

“La bestia que era, y no es, es también el octavo; y es de entre los siete, y va a la perdición.” v. 11

Esa bestia que era y no es vimos ya que se refiere a Jesús. Cuando dice que “es de entre los siete” se refiere a que es uno de los reyes de Jerusalén, por eso añadiría su número a los 7 reyes de Judea, aunque en este caso sea un rey impostor, y por eso, entre otras cosas fue “a la perdición”, pues le condenaron a muerte, los judíos por blasfemar y los romanos por pretender ser rey.

“Y los diez cuernos que has visto, son diez reyes, que aun no han recibido reino; pero por una hora recibirán autoridad como reyes juntamente con la bestia.” v. 12

Si la bestia es Jesús, ¿quiénes son esos otros 10 reyes que por breve período reciben autoridad de él? Parece que se trata de los apóstoles, pues cuentan que Jesús entregó a Pedro las llaves del reino (el símbolo de autoridad) y que posteriormente se las entregó también al resto de los apóstoles. Los apóstoles son 12 pero uno fue traidor y no recibió poder alguno, así que nos quedan 11. El caso de Pedro es diferente, pues fue nombrado sucesor y además de las llaves recibió la jefatura de la Iglesia. Nos quedan pues los otros 10, que posteriormente a Pedro, reciben conjuntamente la autoridad de gobernar la Iglesia junto con Cristo. Pedro no es contado entre ese grupo porque su papel era diferente, aparece en el Apocalipsis no como uno de los 10, sino como el Falso Profeta, el dirigente de los reyes, otra bestia que incita a la gente a adorar a la Bestia de 7 cabezas.

“Y la bestia fue apresada, y con ella el falso profeta que había hecho delante de ella las señales con las cuales había engañado a los que recibieron la marca de la bestia, y habían adorado su imagen. Estos dos fueron lanzados vivos dentro de un lago de fuego que arde con azufre.” Apocalipsis 19: 20

Cuando apresaron a Jesús en el huerto de Getsemaní, Pedro estaba presente y tuvo un papel importante (intentó matar a un soldado). “Las señales” es una forma frecuente en la Biblia para referirse a milagros, y en el libro de Hechos se nos habla de que Pedro era capaz de hacer milagros (por el poder de Satanás). “Los que recibieron la marca de la bestia” se refiere a los que recibieron el bautismo y pasaron a adorar a la bestia, a Jesús.

“Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con él son llamados y elegidos y fieles.” v. 14

Esta es una profecía que se refiere al futuro, pues aun no ha sucedido. En el Apocalipsis “el Cordero” se refiere al verdadero Mesías, el cual aun no ha llegado, pero aquí vemos que cuando llegue tendrá que luchar contra esos reyes que gobiernan junto con la Bestia (Jesús). O sea, dicho de forma más clara, cuando venga el Mesías luchará contra la Iglesia de Jesús, los hoy llamados erróneamente cristianos (deberían llamarse “jesuiteros”) así como sus gobernantes (obispos, popes, pastores, vicarios, etc) y les derrotará.

“Me dijo también: Las aguas que has visto donde la ramera se sienta, son pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas. Y los diez cuernos que viste en la bestia, estos aborrecerán a la ramera, y la dejarán desolada y desnuda; y devorarán sus carnes, y la quemarán con fuego;” vv. 15-16

Este Jesús, representado en su Iglesia, ya domina pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas por todo el mundo, pues hoy en día uno de cada tres habitantes de la tierra se declaran seguidores de este falso Mesías, del Anticristo. Y sin embargo esos diez reyes que gobiernan la Iglesia, que representan a las actuales jerarquías cristianas, terminarán codiciando poder y riquezas y destruirán su propia Iglesia tal como nos dicen estos versos. Esta es la continuación de la profecía para tiempos futuros.

“porque Dios ha puesto en sus corazones el ejecutar lo que él quiso: ponerse de acuerdo, y dar su reino a la bestia, hasta que se cumplan las palabras de Dios.” v.17

Esta es la fase actual en la que estamos. Las jerarquías cristianas han puesto su poder al servicio de Jesús, y esta situación durará hasta que Dios decida destruir a esa Iglesia para siempre. Y veamos ya la última línea del capítulo 17 sobre la Gran Ramera:

“Y la mujer que has visto es la gran ciudad que reina sobre los reyes de la tierra.” v. 18

El Apocalipsis a menudo utiliza símbolos e imágenes que poseen a un tiempo varios niveles de interpretación. Al igual que las cabezas de la Bestia eran, según nos cuenta el mismo Juan, siete colinas pero también siete reyes, la Ramera que cabalga la Bestia simboliza al mismo tiempo al Anticristo, Jesús, y a la ciudad de Jerusalén. Esta Ciudad representada por la Bestia es llamada en el libro “la gran Babilonia”, pero ya hemos visto que esta Babilonia (que en tiempos de Juan ya no existía) era una manera simbólica de referirse a Jerusalén, una ciudad que gracias a la labor de Jesús se había convertido en un nido de apóstatas y herejes. Vemos entonces cómo la destrucción de la Gran Ramera aquí descrita va inmediatamente seguida de la destrucción de Babilonia. Del mismo modo la muerte de Jesús (la Gran Ramera) va seguida pocos años después por la destrucción de Jerusalén (la gran Babilonia). Jesús muere en el año 33 aproximadamente y Jerusalén es arrasada en el año 70. El Apocalipsis nos dice que de Babilonia la grande “no quedará piedra sobre piedra”, y eso mismo ocurrió con Jerusalén, no quedó piedra sobre piedra, tal como el mismo Jesús anunció que ocurriría.–

3. El número de la Bestia, el 666, es el nombre clave de Jesús

Mucho se ha hablado del significado del número 666 del Apocalipsis, el número que identifica a la Bestia surgida del mar, la misma que cabalga la Gran Ramera de Babilonia, pero siempre se ha partido de un error, el número en sí. En las biblias vemos el número moderno 666 o más comúnmente las palabras “seiscientos sesenta y seis”. Sin embargo no es así como lo escribió Juan:

“Aquí hay sabiduría. El que tiene entendimiento, cuente el número de la bestia, pues es número de hombre. Y su número es seiscientos sesenta y seis.” Apocalipsis 13: 18

El texto más antiguo conservado de este pasaje es el Papiro P47 de la biblioteca Chester Beatty, que data del siglo tercero. Y allí no aparece escrito “seiscientos sesenta y seis” (Ἑξακόσιοιἑξάκονταἕξ = Hexakosioi hexakonta hex), sino los números griegos χξς (chi, xi, sigma). Los idiomas antiguos usaban letras para representar números, así que esas letras representan una cifra. Los equivalentes numéricos de tales letras grietas son: χ= 600, ξ= 60 y ς= 6 = 666.

“Ὧδεἡσοφίαἐστίν• ὁἔχωννοῦνψηφισάτωτὸνἀριθμὸντοῦθηρίου• ἀριθμὸςγὰρἀνθρώπουἐστί• καὶὁἀριθμὸςαὐτοῦ χξς’”. Apocalipsis 13: 18 en su forma griega original

Además, sobre esta cifra de χξς está escrita una línea. Esa línea significa que esas letras representan un número o un nombre apocopado. Los escribas posteriores eligieron la opción de número y pasaron a escribirlo como “seiscientos sesenta y seis”, pero ese era el plan de Dios, ocultar la verdadera interpretación hasta que llegase el momento de desvelarlo. En realidad el verdadero significado de esas tres letras era un nombre, no un número, pero el nombre solo podría descodificarse unos quince siglos más tarde como mínimo.
Al hacer la conversión fonética de esas tres letras-números, tenemos los sonidos CH, Z, S (la Z representando a una S vibrante). Y esto es precisamente la transcripción fonética (con acento griego) de la pronunciación de “Jesús” en inglés /dʒi:zəs/. El sonido inglés de la J no existe ni en griego, ni latín, ni hebreo ni arameo, así que Juan lo reemplazó por el sonido más próximo que existía en griego, que era la CH. Las vocales no aparecen porque en las encriptaciones no se utilizan las vocales (el hebreo y arameo hablados por Jesús no escriben las vocales, solo las consonantes). Alguno puede objetar que por qué pensamos en el idioma inglés y no en el español, el chino o el suajili. La respuesta es sencilla, las revelaciones de Dios iban dirigidas al futuro, y hoy parece ya bastante claro que el idioma universal para el futuro (y para el presente) es el inglés, así que es lógico que Juan escondiera este código pensando en la manera en que las generaciones del futuro pronunciarían el nombre de Jesús, pues antes de ese momento en que el inglés fuese la lengua franca mundial, no era conveniente que la humanidad lo descubriera. ¿No es impresionante que Dios le revelara a Juan el verdadero nombre de la Bestia del Apocalipsis, el Anticristo, calculando que nadie sería capaz de poder descifrarlo hasta que el idioma y el actual alfabeto del inglés estuviera ya maduro para poder descubrirlo? Solo una inteligencia divina habría podido lograr tal proeza.
–Así que, aunque a lo largo de los siglos se ha argumentado que el Anticristo, la Bestia del 666, era Mahoma, Lutero, el papa, Hitler o muchos otros, nosotros acabamos de ver cómo Jesús de Nazaret cumple toda la descripción de la Gran Ramera con mucha más precisión que los demás. Ningún otro encaja con la descripción del Apocalipsis al 100% excepto Jesús. ¿Y por qué estamos seguros de que nuestra interpretación es la correcta? Porque la Biblia lo dice y punto (… diría un protestante).

4. La Gran Babilonia donde mora el Anticristo no puede ser Roma, sino Jerusalén

Esto ya lo hemos argumentado; con el simple dato de que Jerusalén también tenía siete colinas, fácilmente una mente guiada por el amor propio en una atmósfera de fanatismo haría una lectura parcializada a favor de lo que al principio definió como conclusión: Jesús es el Anticristo.

5. El reducto fiel

Y la última cosa que nos propusimos demostrar es que si verdaderamente Jesús es el Anticristo, entonces tanto el Apocalipsis como el Antiguo Testamento nos aseguran que el verdadero Pueblo de Dios, aunque sea minoritario, permanecerá fiel a la espera del verdadero Mesías y no sucumbirá a los ídolos ni a la Bestia. Entonces ¿dónde está esa verdadera Iglesia que no ha sido engañada por Jesús?

“No ha desechado Dios a su pueblo, al cual desde antes conoció. ¿O no sabéis qué dice de Elías la Escritura, cómo invoca a Dios contra Israel, diciendo: Señor, a tus profetas han dado muerte, y tus altares han derribado; y solo yo he quedado, y procuran matarme? Pero ¿qué le dice la divina respuesta? Me he reservado siete mil hombres, que no han doblado la rodilla delante de Baal. Así también aun en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia.” Romanos 11: 2-5

Pues la verdad es que no tenemos una, sino un puñado de iglesias paraprotestantes que aseguran que Jesús de Nazaret es el Anticristo. Son varias iglesias pequeñas que con la Biblia en la mano y la sola scriptura en la cabeza han descubierto que Jesús es malvado y el Anticristo, como los seguidores del Maestro Evangelista y su comunidad de El Gran Nombre de Dios, su página en enlace siguiente: http://www.thename.ph/thename/part2-en.html

También tenemos a iglesias como Creciendo en Gracia, cuyos seguidores siguen a Jesús, pero no ocultan que este Jesús es la Bestia malvada y por eso llevan tatuado el 666 en un brazo y esperaban el fin del mundo para el año 2012, cuyo inicio sería la destrucción del Vaticano.


— ACABEMOS CON LA FARSA —

–Jesús no es el Anticristo
Largo será aquí demostrar por qué cada uno de los argumentos presentados arriba son erróneos, pero en vez de rebatir cada argumento y cita de uno en uno, podemos demostrar de un plumazo la falsedad de toda esta absurda idea. Frente a 5 o 500 citas sueltas en las que parece que Jesús es el Anticristo, solo es necesario leerse el libro del Apocalipsis entero, de principio a fin, y ver lo que ese libro realmente nos está diciendo. Ninguna cita aislada, ningún párrafo suelto, nos puede asegurar ninguna doctrina. Necesitamos leer todo el libro, o incluso toda la Biblia, para entender el mensaje que transmite, y asegurarnos de que nuestra interpretación no se sale de la Tradición Apostólica. Pero ahora nos es suficiente con leer el mero principio del Apocalipsis, y esto es lo que nos dice:

“La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan, que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto. Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca. Juan, a las siete iglesias que están en Asia: Gracia y paz a vosotros, del que es y que era y que ha de venir, y de los siete espíritus que están delante de su trono; y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén. He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén.” Apocalipsis 1: 1-7

Esto es lo que dice el comienzo del libro, su presentación. Todas las visiones (o profecías) descritas en Él no son para advertirnos sobre la aparición del malvado Jesús, sino que es el mismo Jesús quien envía esas visiones. No podemos usar citas de un libro para demostrar A, cuando el mismo libro afirma que está escrito para demostrar B, justo lo contrario. Y solo esta frase ya es suficiente para negar toda fantasía sobre esa versión de Jesús como Anticristo:

“…Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos.” Amén. Apocalipsis 1: 5-6

En resumen:

Este acápite en especial (2.5.1), pretendía demostrar un punto clave para desmontar la doctrina de la “Sola Scriptura” en la que se basa el protestantismo y todas las cientos de miles de iglesias salidas de él, incluyendo los evangélicos y los paraprotestantes. La idea es que si solo utilizamos la Biblia para construir una doctrina, podemos acabar creando casi cualquier cosa, desde lo razonable (pero equivocado) hasta lo más absurdo, como lo que se ha fingido demostrar. Cuando uno desecha la Tradición y se cree libre para interpretar la Biblia por su cuenta, existe el peligro real de acabar inventándose una doctrina nueva, lo que ha generado que la rama protestante se haya empezado a dividir en doctrinas diferentes desde sus mismos inicios. Hoy hay miles de iglesias que defienden doctrinas diferentes, muchas contradictorias e incompatibles, y eso demuestra que si abandonamos el marco que Jesús nos dejó, caeremos inevitablemente en el error.

Ellos afirman que el Espíritu Santo les guía en su interpretación, y eso es mejor que la Tradición, pero como ya hemos dicho si tal cosa fuera cierta entonces el Espíritu Santo se habría encargado de que el protestantismo hubiera permanecido puro y unido. Como contraste tenemos las Iglesias Católica y Ortodoxa. Desgraciadamente llevamos ya 1 000 años separadas, pero ambas aceptamos el marco de la Tradición como límite para nuestros análisis bíblicos. El resultado es que ambas mantienen una unidad doctrinal casi total, frente a las miles y miles de divisiones ocurridas entre los protestantes en solo 400 años. La evidencia es abrumadora, la Iglesia como guardiana de la doctrina original dentro de la Tradición Oral Apostólica ha mantenido la doctrina sin cambios, la pretendida iluminación del Espíritu Santo que supuestamente ilumina a cuantos protestantes analizan la Biblia autónomamente, ha resultado no ser más que eso, algo supuesto pero que no ha servido para mantener ni verdad, ni pureza ni unidad.

También tenemos los católicos, basándonos en la Lógica, otro cartucho con el cual demostrar la falacia de la Sola Scriptura, para ello ver el Apéndice 3.

CONCLUSIONES

Cuando uno se sale de la verdadera Iglesia de Jesús y abandona la Tradición Apostólica, con solo la Biblia en la mano y el razonamiento humano, puede terminar por demostrar hasta lo indemostrable, o al menos presentarlo de tal forma que parece tener mucho sentido, sobre todo para quien no es un experto en la Cristiandad entera. No permita que el tesoro de la fe, custodiado por la Iglesia Católica durante 2 000 años, sea destruido por ciegos guías de ciegos y lenguas de oro que deslumbran con su aparente erudición. Antes de dejarse seducir por falsos profetas y abandonar el catolicismo hágase esta pregunta:

Si el protestantismo ha generado más de 30 000 iglesias diferentes con más de 30 000 interpretaciones distintas de “la verdad”, ¿cómo sabrá usted que es esa y no la otra, la que ha logrado descubrir la verdad? Todas le podrán dar mil citas bíblicas y mil razonamientos, pero todas han llegado a “verdades” diferentes. Sin embargo todas ellas estarán de acuerdo en una cosa: La verdadera engañadora es la Iglesia Católica. Cuando todas las mentiras dirigen sus ataques a un mismo punto, ¿no será precisamente porque ahí está la verdad que todas niegan?

Si sus razonamientos sirven para demostrar que la Bestia del Apocalipsis es el papa, pero sus mismos razonamientos sirven también para demostrar, incluso con mayor precisión, que esa misma Bestia en realidad no es el papa sino Jesús en persona (apartado 2.5.1), entonces es que esos razonamientos no sirven para descubrir la verdad, sino para crear confusión. La “sola scriptura” queda, por enésima vez, en evidencia y demuestra su capacidad para llevar a los buenos cristianos al error. O más bien a miles de errores diferentes, porque verdad solo hay una, pero el error no tiene límites.

Nota: No pretende este artículo mofarse de los protestantes ni ridiculizarles. Hay en sus filas mucha gente de muy buena fe y muy buena vida y por supuesto también grandes teólogos y grandes pensadores. El problema no es la gente, el problema es que esa gente se ve condicionada por su religión a analizar los textos utilizando una metodología radicalmente equivocada, por lo que llegarán a conclusiones equivocadas. Incluso el matemático más dotado del mundo llegará a resultados erróneos si para resolver sus fórmulas se sirve de una calculadora que comete errores. Así que la próxima vez que una encantadora pareja de protestantes llame a su puerta Biblia en mano para aturdirle a citas y demostrarles que su fe católica está toda mal y ofende a Dios, intente recordar que con su manera de estudiar la Biblia, las posibilidades de que ellos hayan alcanzado la verdad son básicamente cero.

Cualquier persona que se sale de la Iglesia y la Tradición está condenada a abrazar el error sin remedio.
Y los defensores de la Sola Scriptura solo llevan cuatro siglos saltando de un razonamiento a otro. ¿En qué llegarán a creer dentro de dos mil años? Por algo Dios, que bien conoce la naturaleza humana, nos dejó la Biblia, pero también una Tradición y una Iglesia, para asegurarse de que el hombre no terminase por ver en sus escritos de todo menos la verdad.

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Acerca de José Carlos Pando Valdés

Gracias por dedicar parte de su tiempo a la lectura apologética, tan ncesitada dentro de la Iglesia actual. Que Dios lo colme de Bendiciones.

4 Comments

  1. antonio muñoz

    Yo creo que hay una manipulación en las acotaciones bíblicas, no se entiende que Jesús vestía de escarlata, mas bien le arrojaron una túnica escarlata que creo que pertenecía al tirano Herodes, no era el atuendo original de Cristo sino mas bien de Herodes, en Apocalipsis lo refiere como el vestido peculiar de esa ramera y no ocasional, mucho cuidado ahi.

    • Saludos antonio muñoz y gracias por comentar, siéntase libre de hacerlo.
      Verdaderamente todo el artículo es una manipulación que pretende con las herramientas protestantes demostrar lo indemostrable y así probar que dichas herramientas, si esto pueden, para nada sirven.
      Por ello ser tan meticulosos en cada detalle no es en sí provechoso, pues no buscamos la Verdad, sino la posibilidad que ofrecen los protestantes para enredar y enredarse. Entendiendo esto no creo que cometemos burradas pues a Jesús le visten con un manto escarlata por sus “blasfemias”, es por ser el “anticristo” que le ponen este color como si fuera un Rey. De ahí que la asociación sería fácil para una mente retorcida a la que solo le basta leer la misma palabra en los dos pasajes.
      Aun así tampoco se dice que el vestir de la Ramera siempre sea el escarlata, sino “que estaba vestida de escarlata” en ese momento, al parecer, como símbolo de poder. Lo mismo hace con Jesús a quien visten para tipificarlo como Rey de los Judíos.
      Recuerda también que todos los detalles no tienen que encajar ni en esta farsa ni en el mensaje original, pues simplemente se trata de un lenguaje apocalíptico simbólico.
      Quede con Dios.

  2. unlaicocubano

    Excelente Articulo

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