Autoridad, Catolicismo, Protestantismo, Sola Escritura, Solas

Minientrada La autoridad de la Iglesia Católica y el modelo protestante 2.4.1

Share

Este artículo pertenece a la serie: Sola Escritura: ¡No! Tradición: ¡Sí! para ir a la entrada principal (Índice) clic en el nombre de la misma

Si hay una noción de nuestra Iglesia Católica que nuestros hermanos separados no aceptan tan fácilmente, es la mismísima autoridad de la Iglesia. El protestantismo no acepta la noción de que los obispos en comunión con el Papa puedan interpretar aquello pertinente a la relación con la buena y con la mala conducta moral, inclúyase también el cuadro doctrinal cristiano.

Por esta razón, uno de los documentos del Vaticano II más controvertido en relación con las relaciones Iglesia-hermanos separados es la Constitución sobre la revelación divina, Dei Verbum, que dice:

“El oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios, oral o escrita ha sido encomendado solo al Magisterio vivo de la Iglesia, el cual lo ejercita en nombre de Jesucristo”

Esto resume lo que la Iglesia Católica enseña y lo que nuestros hermanos separados rechazan.
El punto de vista protestante, puede encontrarse en la Confesión de fe de Westminster, la profesión de fe calvinista, que dice:

“La autoridad de la Sagrada Escritura, a la cual se debe creer y obedecer, no depende del testimonio de ningún hombre o iglesia, sino exclusivamente de Dios, que es la verdad misma, el autor de ella, y luego debe recibirse porque es la Palabra de Dios. Podemos ser movidos o inducidos por el testimonio de alta y reverente estima de una iglesia por la Sagrada Escritura, pero en relación a nuestra completa persuasión y seguridad en la verdad infalible y de la autoridad divina se debe al trabajo interior del Espíritu Santo dando testimonio por y con la palabra en nuestros corazones”.

Con esto, los calvinistas y los protestantes en general, se autoimponían un dilema. En primer lugar, una reducción del conocimiento de lo que quiere decir la Sagrada Escritura, y el conocimiento de lo que es la Sagrada Escritura, es decir, el canon. La persona individual decide por sí misma cuál es el canon, según lo que cree ser la moción del Espíritu Santo.

Esto acarrea muchos problemas. Primero, ¿cómo puede un protestante decirle a un mormón, que no cree en la divinidad de Cristo, que el Libro del Mormón no debe ser admitido en el canon de las Escrituras? El Mormón cree que es la moción del Espíritu Santo lo que le mueve a aceptar el Libro del Mormón. Ningún protestante podría, según esta noción, hacer alguna objeción, porque él mismo sostiene que el canon “no depende del testimonio de ningún hombre o iglesia”. Seguramente Dios no dispondría que las cosas sucedieran así.

Segundo, sería contradictorio lo que los apologetas protestantes a menudo dicen sobre su versión del canon. Afirman que el conocimiento del canon, podría ser demostrado por algún Padre de la Iglesia que usaba el mismo canon o uno similar al de ellos. Apelando a un individuo, están apelando a la Tradición católica, aunque ellos digan que no la aceptan. Cuando algún no-católico apela a la antigüedad o a un Concilio Ecuménico o a la autoridad de un Padre de la Iglesia, puede ser interesante anotarle que aquel no tiene ningún otro medio para determinar cuál sería el canon de las Escrituras, a no ser confirmándolo con el testimonio de la Iglesia Católica. Esta es una poderosa prueba que el católico tiene en las manos a la hora de confrontar las opiniones sobre la Sagrada Escritura con un hermano separado.

Continúa la Confesión de Westminster:

“No todas las cosas de la Escritura se presentan con claridad para todos. Pero aquellas cosas que es necesario conocer, creer y observar para la salvación son propuestas de modo tan claro y abierto en algún lugar de la Escritura que no solo los instruidos, sino también los ignorantes usando medios ordinarios, pueden entenderlas”.

Es decir, cualquiera puede entender los elementos esenciales e importantes que se encuentran en la Sagrada Escritura.

Hay varias respuestas para este argumento. La primera es bíblica en 2 Pedro 1: 20-21 (ya analizada) San Pedro está finalmente diciendo que los que interpretan la Escritura de modo privado, lo hacen fuera de los confines de la Iglesia docente. Esto no quiere decir que los católicos no podamos leer la Biblia ni tener nuestras opiniones sobre lo que dice ni interpretarla. Pero siempre debemos someternos al Magisterio de la Iglesia en los asunto ya de definir en qué marco doctrinal estamos.

¿Por qué debemos someternos a esa interpretación? La respuesta se encuentra dos capítulos más adelante en 2 Pedro 3: 16. Esta es una excelente cita para comprender que la misma Biblia nos advierte que habrá personas que la malinterpreten. Debemos reconocer la dificultad de ciertos pasajes de la Escritura y, por lo tanto, que no tenemos ninguna garantía de que los individuos particulares la interpretarán correctamente en todas las ocasiones. Otro argumento es que los protestantes dicen que todas las cosas necesarias para la salvación aparecen claramente en la Escritura. Si uno le pregunta a un protestante si creer solamente en la Escritura es una doctrina necesaria para la salvación, sin duda contestará afirmativamente. Un católico le puede preguntar: “¿Dónde podemos encontrar esa afirmación en la Biblia? El protestante puede citar algunos versículos pero no hay ningún lugar donde la Biblia diga que la Escritura es necesaria para la salvación.

Otro argumento que un católico puede esgrimir es el siguiente: “¿En qué texto la Biblia nos da una lista de las cosas necesarias para la salvación?” A algún protestante le podría enorgullecer decir que “Estamos de acuerdo en lo esencial pero tenemos libertad para diferir en lo que no es esencial”. ¿Cuáles son las cosas esenciales? El católico en cuestión podría responder con las siguientes preguntas:

¿Es esencial conocer el canon de las Escrituras? Es decir, si nos vamos a guiar solamente por la Escritura, no es verdad que tenemos que estar de acuerdo en qué es la Escritura. Sin embargo, el canon de la Escritura no lo conocemos a través de la Escritura. Lo sabemos por el mencionado testimonio de los Santos Padres, o si lo quiere aceptar de la misma Iglesia.

Y ¿la salvación? Es casi una ironía preguntar si es algo esencial. Obviamente lo es. Sin embargo, tanto luteranos como grupos evangélicos dicen que aunque alguien pueda ser salvo –en el sentido de estar justificado y tener una recta relación con Dios- esta persona puede perder su salvación en algún momento. Por otro lado, está la visión de la mayoría, que es la anabaptista y reformada, que dice que cuando alguien es salvo, no puede perder la salvación, la tiene asegurada. Hay por lo tanto una división en el interior del protestantismo en un asunto de capital importancia, y ambas partes dicen que se basan solamente en la Biblia.

Y ¿la regeneración del bautismo? Este es un apéndice al problema de la salvación. Cuando somos bautizados, ¿es ese el momento en que somos regenerados? La Iglesia Católica dice que sí. El Concilio de Trento en su sexta sesión declaró que el bautismo es el medio normativo de regeneración, y que en el momento del bautismo, por la infusión de la gracia en el alma, el alma es llevada de un estado de rebelión al estado de justificación y filiación. Esto aparece con claridad en la Iglesia Primitiva, en los Santos Padres y en los Concilios. Los luteranos aceptan este punto de vista, aunque con algunos ligeros matices. No así los calvinistas, ellos, junto a los bautistas, dicen que el bautismo es un mero símbolo y que nada ocurre en el alma.

En la Iglesia Primitiva no había un acuerdo unánime en todos los problemas. Por ello se celebraron los Concilios para dirimir los conflictos. Por ello, cuando vemos los Santos Padres, cuando miramos a la Iglesia Primitiva, estamos tomando una fotografía de la realidad de la Iglesia en un momento dado y en un lugar concreto. En una visión retrospectiva desde que el Señor subió a los Cielos hasta ahora, podemos decir que ha habido consistencia y respaldo histórico de la enseñanza de la Iglesia en asuntos específicos (por ejemplo la divinidad de Cristo) lo cual falta a algunas de las iglesias protestantes.

Al examinar los escritos de los Santos Padres, no podemos ver lo que era el Protestantismo evangélico en los primeros siglos de la era cristiana. Nosotros sí podemos encontrar referencia a la simple Misa dominical en la iglesia local de Corinto en el año 120. No hay evidencia de una reunión de estudio bíblico, un sermón y algunos pocos himnos antes de volver a casa. No, vemos la celebración de la Eucaristía. Vemos presentes en la Iglesia Primitiva todos los elementos de la piedad católica y de la Teología sacramental, por lo menos en forma incipiente.

En pocas palabras: De poco nos sirve una Biblia infalible sino tenemos quien infaliblemente nos la interprete, !Gracias Señor! pues en tu inmensa sabiduría dejaste a la Iglesia tan excelsa responsabilidad.

Para ir al artículo siguiente vaya a la entrada principal (Índice) haciendo clic aquí y seleccione desde allí el próximo.

Share

Acerca de José Carlos Pando Valdés

Gracias por dedicar parte de su tiempo a la lectura apologética, tan ncesitada dentro de la Iglesia actual. Que Dios lo colme de Bendiciones.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *