Sola Escritura, Solas

Minientrada Efecto de la lectura bíblica ¿…? 2.2.3

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Para escapar de estos problemas –que algunos protestantes reconocen al menos a medias– también algunos de los afiliados en el grupo de los descuidados han afirmado que saben que la Biblia es palabra de Dios por el efecto que les produce su lectura.
Pero esto es evidentemente erróneo pues, como señalaba el P. Colom en su opúsculo Cómo defender nuestra fe:

(a) Implica una nueva contradicción con sus principios, pues ellos dicen creer solamente lo que está en la Biblia y la Biblia en ninguna parte dice que se puede conocer que un escrito es palabra de Dios por el efecto que produce su lectura. Efectivamente, ¿dónde dice la Biblia que por sus efectos los lectores sabrán que la Biblia es revelada?
(b) Además es clarísimo que las cosas que se han añadido a la Biblia y las frases o palabras mal traducidas, no son palabra de Dios. Si fuese verdad que ellos pueden conocer si un escrito es palabra de Dios por el efecto que les produce su lectura, entonces al leer algo añadido a la Biblia o mal traducido, sabrían que no es palabra de Dios por no producirles el efecto que dicen que les produce la lectura de la Biblia, palabra de Dios. Pero hagan la prueba de hacer leer a cualquier protestante (pastor o simple fiel, porque el principio debe valer para todos, hasta para el más sencillo) diversos textos, algunos de los cuales deliberadamente mal traducidos y que disciernan –por los efectos producidos– cuál es palabra de Dios y cuál no es… No pueden hacerlo porque el principio es falso.

El P. Colom relata lo siguiente:

“Una vez, hablando en Asunción (Paraguay), con dos misioneros mormones, y diciendo ellos en su Credo (Art. 8°): Creemos que la Biblia es la palabra de Dios hasta donde está bien traducida, les pregunté cómo sabían ellos si estaba bien traducida. Me respondieron que ‘por la imposición de manos que habían recibido’. Para probarles que no era verdad lo que decían, les propuse presentarles cien textos de la Biblia, algunos de ellos expresamente mal traducidos por mí. Entregaría un ejemplar de los cien textos a cada uno de ellos para que, por separado, pusiesen una cruz a los mal traducidos. Si era verdad lo que decían (que por la imposición de manos que habían recibido conocían si un texto de la Biblia estaba bien traducido) los dos coincidirían al señalar con una cruz los mal traducidos. No aceptaron. Incluso uno de ellos se desdijo, confesando que él no podía conocer si un texto estaba mal traducido. ¿Aceptarían los protestantes que dicen conocer que la Biblia es palabra de Dios por el efecto que les produce su lectura, la prueba que les propuse a los misioneros mormones? Y, en cuanto a estos, si creen en la Biblia en cuanto esté bien traducida, y no saben cuándo está bien traducida, ¿pueden creer en la Biblia?”

(c) ¿Por qué, si nosotros tenemos la misma naturaleza que los miembros de las sectas protestantes, al leer la Biblia no advertimos que sea palabra de Dios por el efecto que nos produce su lectura? Y si nosotros no lo advertimos, tampoco ellos los advertirán; por tanto, es falso lo que dicen.

Además, si esto fuese verdad, para saber que un escrito no es palabra de Dios, habría que leerlo para advertir que no produce aquel efecto y, por lo tanto, no es palabra de Dios.
¿Y han leído las sectas todo lo que se ha escrito en el mundo para decir que solo lo que está en la Biblia es palabra de Dios? Si no han leído todos los libros, cartas, periódicos, revistas, etc., que se han escrito en el mundo, ¿cómo saben que solo lo que está en la Biblia es Palabra de Dios?
Por este motivo, el que no haya más libros inspirados que los que tenemos en la Biblia es doctrina de la Iglesia Católica, no de la misma Biblia.
Hay quien sostiene que la familia en la que uno vino al mundo siempre tuvo la Biblia como libro inspirado, y “para mí eso basta”. Pero esto sería un buen motivo solamente para aquel que no pueda hacer un trabajo de reflexión serio, y no debemos nunca despreciar una fe sencilla, sostenida sobre fundamentos más bien débiles. Pero sea como sea, la mera costumbre familiar o local no puede establecerse como la base para creer en la inspiración divina de la Sagrada Escritura.
Algunos sectarios dicen que la Biblia es un libro inspirado porque “es un libro que inspira”. Pero tengamos en cuenta que hay muchos escritos religiosos y muy antiguos que ciertamente son más “inspirados” (inspiradores) o “emotivos” que muchos textos, incluso libros enteros, del Antiguo Testamento. No es falta de respeto afirmar que ciertas partes de los escritos sagrados son tan áridos como lo serían estadísticas militares; ¡y algunas partes de la Biblia (Antiguo Testamento) son eso, estadísticas militares!
Por ello concluyamos que tampoco es suficiente creer en la Sagrada Escritura por motivos culturales o por costumbre, ni tampoco por sus textos emotivos o su belleza espiritual: hay otros libros, alguno totalmente seculares, que sobrepasan en belleza poética de muchos pasajes de la Escritura.

Aunque no es muy frecuente algunos protestantes afirman que la palabra de Dios autentifica por sí misma y no necesita de testigos, como esta posición es muy pobre se considera en el Apéndice 2.11, La Palabra de Dios no se autentifica por sí misma, necesita testigos.

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Acerca de José Carlos Pando Valdés

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