Herejías: sectas y denominaciones

Minientrada El mito de las dos iglesias

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Serie sobre si verdaderamente fue la Iglesia Católica fundada por Constantino I, el Grande. Para ello se invita al lector a un viaje por la historia de la Iglesia Primitiva y se comparan doctrinas. Una serie que todo católico debe de leer para que se sienta aun más orgulloso de su fe y de su Madre Iglesia.

Este artículo  pertenece a la serie ¿Fundó Constantino la Iglesia Católica?, pare ver índice (Entrada principal) clic aquí.

En nuestra serie de artículos “¿Fundó Constantino la Iglesia Católica?” hemos desmontado la teoría de la paganización y la apostasía de la Iglesia Católica. En este artículo ahora desmontaremos la teoría de las dos iglesias: la idea de que el protestantismo en general o alguna de sus ramas en particular pueda ser en realidad la salida a la luz de una Iglesia oculta que se ha mantenido viva y pura desde Jesús hasta la actualidad, paralela a la Iglesia oficial.

—QUÉ ES LA TEORÍA DE LAS DOS IGLESIAS—

Las denominaciones protestantes consideran en general que la Iglesia Católica fue fundada por Jesús, pero que con el tiempo (bien en un momento concreto como puede ser el concilio de Nicea o bien en un proceso lento y gradual) fue apartándose de la verdadera doctrina. Entonces el protestantismo sería como un acto de reforma que pretendió separar el grano de la paja y devolver la Iglesia a su pureza original, por eso ellos consideran que la Ruptura encabezada por Lutero fue en realidad no una Ruptura, sino una Reforma Protestante (terminología que acabó imponiéndose también, extrañamente, en los países católicos).

Sin embargo esa actitud fue cambiando en muchos sectores hacia una visión más radical, según la cual la Iglesia Católica no es la Iglesia fundada por Jesús, sino una iglesia impostora y nueva, creada posteriormente como maniobra para suplantar a la verdadera Iglesia cristiana. Algunos, los más osados, no dudan en situar a Satanás como el verdadero artífice de la Iglesia Católica. Según esto, tendríamos por un lado a la Iglesia Cristiana (fundada por Jesús, de 2000 años de antigüedad) y por otro lado a la impostora Iglesia Católica (en sus versiones romana y ortodoxa) que a decir de muchos de ellos fue fundada por el emperador Constantino allá por el siglo cuarto, en lo que llaman la Gran Apostasía. De este modo, desde el siglo IV o antes tendríamos ya dos iglesias con existencias paralelas, una verdadera y otra falsa. La que se corrompió y accedió al poder, y la que se mantuvo firme en la fe verdadera y fue perseguida y clandestina.

Por eso hoy tenemos iglesias protestantes y paraprotestantes que afirman que ellos no son una nueva fundación, sino los verdaderos herederos de esa Iglesia fundada por Jesús y predicada por los apóstoles, los únicos que no acabaron pervirtiéndose a lo largo de la historia. Con esto afirman que su iglesia tiene 2000 años de antigüedad, aunque durante la mayor parte de la historia no funcionaron como una iglesia organizada sino como “grupos individuales de verdaderos cristianos”, tal como afirmaba el texto que vimos hace tiempo en el artículo: ¿Fundó Constantino la Iglesia Católica? Recordemos una parte de dicho texto:

El emperador romano Constantino se erigió a sí mismo como cabeza de la iglesia en torno al año 313 d.C. […] Este sistema impío acabó trayendo el período más oscuro de la historia conocido por la humanidad, apropiadamente llamado “La Época de Oscuridad” (500-1500 A.D.). A través de obispos y sacerdotes, Satanás gobernó Europa y el cristianismo bíblico quedó ilegalizado. Durante todos estos años, sin embargo, quedaron grupos individuales de verdaderos cristianos, como por ejemplo los valdenses y los anabaptistas, que se negaron a someterse al sistema romano.

—-FALACIA DE LA PAGANIZACIÓN DE CONSTANTINO—

Los que acusan a la Iglesia de haberse paganizado suelen situar esa apostasía en el concilio de Nicea a manos de Constantino. En nuestra serie “¿Fundó Constantino la Iglesia Católica?” hemos desmontado esa teoría punto por punto. Si ha seguido nuestros artículos puede saltarse este apartado y pasar directamente al de la “Reforma Protestante”, si no, haremos aquí un breve resumen sobre ello:

Cuando se convoca el Concilio de Nicea (325 d.C.), los cristianos sobrevivientes y los obispos participantes habían sufrido todos en sus mismas carnes las persecuciones. Tan solo 12 años antes había terminado la peor de las persecuciones, la de Diocleciano (303-313 d.C.), donde murieron miles de cristianos por negarse a rendir culto al emperador. Esta persecución abarcó a todo el imperio; desde Gran Bretaña hasta el oriente muchos cristianos fueron echados a las fieras, quemados vivos, torturados, exterminados en masa, en varios casos ciudades enteras de mayoría cristiana fueron rodeadas por los soldados imperiales e incendiadas con todos sus habitantes dentro. Podríamos decir que en el 325, año de Nicea, casi no había cristiano adulto que no hubiera sufrido el terror de la persecución o que no tuviese alguien a quien llorar.

En el año 313 surge en el norte de África una herejía nueva, el donatismo. Constantino quiso impedir una ruptura en la Iglesia así que rogó, presionó y finalmente usó la fuerza para que católicos y donatistas llegaran a un acuerdo, pero ni unos ni otros estuvieron dispuestos a cambiar sus posturas por estar convencidos de que ellos tenían la Verdad.

Cinco años más tarde, en el 325 Constantino decide convocar, a petición del obispo hispano Osio de Córdoba, el Concilio de Nicea para resolver otro conflicto doctrinal que había empezado a extenderse con rapidez por algunas zonas de oriente: la herejía arriana, y esta vez, escarmentado, deja que sean los obispos quienes afronten el problema mediante un concilium (reunión legislativa). En ese concilio se trataron temas de organización y disciplina eclesial fundamentalmente, y solo un asunto doctrinal, que fue el motivo de su convocatoria: la condena de la doctrina arriana que afirmaba que Jesús no era Dios.

Aunque no tienen ninguna prueba histórica que lo demuestre, los defensores de “las 2 Iglesias” afirman que esos mismos obispos que doce años antes estaban temblando por su vida y aún así permanecieron firmes en la fe, ahora, ya fuera de peligro, están dispuestos a aceptar cualquier cambio de doctrina que les pida el emperador. Unos pocos años antes les decían que si no quemaban incienso en el altar del emperador les matarían y se negaron a hacerlo; ahora supuestamente les dicen que no solo tendrán que hacer cosas mucho peores, sino que además tendrán que abandonar sus creencias y aceptar todas las creencias paganas que el emperador quisiera incorporar, ¿y esos mismos obispos no solo lo aceptan sino que se llenan de gozo? No es creíble en absoluto.

Ni la presión ni la fuerza imperial había conseguido unos años antes que esos obispos católicos flexibilizaran su doctrina frente a los donatistas. Pocos años después del concilio, Constantino cambió varias veces de bando, apoyando ora a católicos ora a los arrianos, lo que sería absurdo si el concilio hubiera fabricado una Iglesia a la medida de Constantino. Y más aún, 30 años después del concilio el emperador Constancio II, que era arriano, desató una nueva persecución a la Iglesia, esa misma Iglesia “salida de Nicea”, con la intención de obligar a los católicos a aceptar el arrianismo. Pero fue imposible, ningún emperador, ni Constantino ni sus predecesores ni sus sucesores, logró que los cristianos (católicos) cambiasen ni una coma de sus creencias; ni la cárcel, ni la tortura ni la muerte consiguió que apostataran de su fe. ¿Quién puede creerse que lo hubieran hecho en Nicea tan alegremente?

Incluso si los obispos católicos hubieran aceptado una paganización impuesta por el emperador, en cuanto el mismo emperador hubiera decidido cambiar sus creencias, esos mismos obispos habrían aceptado igualmente el cambio de creencias imperiales en lugar de resistirse y aguantar de nuevo la persecución por mantener sus doctrinas intactas. Solo un grupo genuinamente convencido de la verdad e inmutabilidad de sus ideas puede generar mártires, puede estar dispuesto a morir por su fe.

Otro argumento que se oye a menudo, generalmente por parte de ateos, es que en la Iglesia primitiva había diferentes visiones, y en Nicea lo que vimos fue el triunfo de una de ellas, la que defendía que Jesús era Dios. Ahora mismo, en el artículo de Wikipedia sobre el arrianismo se nos dice:

En algunos grupos de la Iglesia cristiana primitiva se enseñaba que Cristo había preexistido como Hijo de Dios ya antes de su encarnación en Jesús de Nazaret, y que había descendido a la Tierra para redimir a los seres humanos. Esta concepción de la naturaleza de Cristo, que fue ganando adeptos con el paso del tiempo hasta convertirse en la creencia mayoritaria, trajo aparejados varios debates teológicos.

Esa idea de que muy pocos cristianos creían al principio que Jesús era Dios es muy fácil de refutar usando las fuentes bíblicas e históricas, ya lo hicimos en nuestro artículo: Jesús es Dios ¿por orden de Constantino? La creencia de que Jesús era Dios no era una de las diferentes creencias que había, sino la claramente mayoritaria y la única bíblica. Las otras creencias eran minoritarias o incluso residuales y siempre locales y en su mayoría debidas a la influencia del gnosticismo, religión sincrética llegada de Persia. No se trata de una opinión venciendo a otra, sino de una Iglesia luchando por mantener su fe limpia impidiendo contaminaciones externas.

Y aunque por alguna extraña razón los obispos hubieran claudicado ante el emperador, quedaba un segundo filtro aún más poderoso: el pueblo cristiano (por entonces muy involucrado) que también había arriesgado su vida por mantener su fe en las persecuciones. Si los obispos hubieran salido del concilio con un cristianismo paganizado, el pueblo cristiano no habría salido a las calles a celebrarlo con gozo, como cuentan las crónicas, sino que se habría echado a las calles a protestar, como hicieron en la época a menudo cuando sospechaban de la falta de ortodoxia de algún obispo. La idea de que Nicea transformó el cristianismo en una religión paganizada ni se puede demostrar históricamente ni es creíble en absoluto si conocemos el contexto del pueblo cristiano en ese momento.

—LA REFORMA PROTESTANTE—

En el siglo XVI, cuando Lutero rompe con la Iglesia Católica, él consideraba que la Iglesia se había alejado demasiado de la doctrina original y por tanto había que limpiarla de impurezas para devolverla a la verdad, había que reformarla, restaurarla. En ningún momento se considera miembro ni continuador de esa supuesta Iglesia oculta que ha permanecido escondida durante siglos, de hecho él era un monje agustino y miembro del clero católico, y teólogo. Lo que él pretende es pulir la doctrina de la Iglesia, no sacar a la luz pública la doctrina de una supuesta Iglesia verdadera que habría permanecido clandestina desde Constantino. Lutero no quiere sustituir una Iglesia por otra, quiere reformar la Iglesia que hay, la única que hay. Tras consumarse la ruptura los primeros protestantes sienten que es la Iglesia Católica la que les ha abandonado y expulsado de su seno, no que la verdadera Iglesia se ha alzado por fin en lucha contra la falsa Iglesia opresora, como ahora piensan algunos.

Lutero quiso iniciar una reforma de la Iglesia, pero los acontecimientos decidieron otra cosa. Como no consiguió cambiar la doctrina católica, enseguida se optó por el camino más fácil: la ruptura. La llamada Reforma protestante no fue tal, más exacto sería hablar de “la Ruptura protestante“, pues los seguidores de Lutero pronto abandonaron la Iglesia para crear una “Iglesia” nueva con doctrinas nuevas y, peor aún, con un mecanismo llamado “sola scriptura” que permitía, como sucedió desde el principio, la aparición de un número ilimitado de nuevas doctrinas y divisiones. La verdadera Reforma sería lo que hoy los historiadores llaman “la Contrarreforma“, que fue un movimiento dentro de la Iglesia que reformó la institución desde dentro en lugar de romper con ella. Y ahora sí, en el siglo XVI, verdaderamente tenemos dos “Iglesias” diferentes: la católica (en su versión romana y ortodoxa) y la protestante, de origen y mentalidad germánica.

—EL RESTAURACIONISMO—

Jesús bautizando en América

Del tronco del protestantismo han surgido agrupaciones de fe que han ido más allá en este planteamiento. Su idea no es que la Iglesia se fue degenerando y hubo que reformarla, sino que directamente la Iglesia fundada por Cristo se pervirtió, apostató, bien en la época de Constantino o incluso mucho antes, ya en la misma época apostólica. Ellos no suelen hablar de una Iglesia verdadera que sobrevivió paralela a la Católica, sino que hablan de que el verdadero cristianismo desapareció, solo quedaron residuos nadando en el error.

 

Según estas agrupaciones surgidas del protestantismo anglosajón y todas muy recientes (del siglo XIX o el XX), la llamada Reforma protestante fue un esfuerzo humano por mejorar las cosas, pero por ser humano no fue suficiente. Para recuperar la verdadera doctrina cristiana, perdida desde hacía siglos, fue necesaria la intervención divina. Estas corrientes afirman que el mismo Dios le reveló a su fundador el verdadero cristianismo, o al menos le inspiró para poder descubrirlo. De esta forma el cristianismo auténtico, que había desaparecido, volvió a ser revelado, o sea, la auténtica Iglesia de Cristo, que había desaparecido, fue reinstaurada por segunda vez. Esto sería el Restauracionismo (que en realidad debería llamarse “Reinstauracionismo”), y sus principales ejemplos serían los testigos de Jehová y los mormones, aunque hay más. Para estos, el concilio de Nicea no supone ningún punto de inflexión porque la Iglesia de las persecuciones ya estaba corrompida, pues los apóstoles no habían conseguido transmitir la auténtica doctrina con fidelidad y en cuanto Jesús se marchó, sus discípulos (algunos incluyen a los apóstoles) comenzaron a corromper sus enseñanzas ya antes de Pentecostés.

—LO QUE NOS DICE JESÚS—

Frente a estas teorías, tenemos ahora que recordar las promesas que hizo Jesús a su Iglesia antes de partir, en donde una y otra vez afirma que la mantendrá libre de error:

Yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. (Mateo 16:18)

Jesús promete que cuando él se marche enviará al Espíritu Santo para proteger y guiar a su Iglesia de modo que comprenda bien su mensaje y no caiga en el error:

 

Mas el Consoldador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas la cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho. (Jn. 14:26)

Y yo rogaré al Padre, y él os dará otro Consolador para que esté siempre con vosotros: el Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce. Vosotros, en cambio, lo conocéis, porque él permanece con vosotros y estará en vosotros. No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. (Juan 14:16-18)

Los restauracionistas consideran que esto es cierto, pero que ese “volveré a vosotros” se refiere a la reinstauración de la verdadera fe que se produjo en el siglo XIX o XX. Sin embargo esto significaría que durante casi 2000 años los cristianos sí quedaron huérfanos, y ciertamente quedaron huérfanos todos aquellos discípulos a quienes Jesús estaba hablando en ese momento. No hay duda, el Espíritu Santo evitará que la Iglesia caiga en el error doctrinal. Pero ¿cuándo se producirá esa venida del Espíritu Santo?

Todavía tengo muchas cosas que deciros, pero vosotros no las podéis comprender ahora. Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él os introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y os anunciará lo que irá sucediendo. Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros. (Juan 16:12-14)

Sin embargo, os digo la verdad: os conviene que yo me vaya, porque si no me voy, el Paráclito [=Espíritu Santo] no vendrá a vosotros. Pero si me voy, os lo enviaré. Y cuando él venga, probará al mundo dónde está el pecado, dónde está la justicia y cuál es el juicio. (Juan 16:7-8)

«El que tenga sed, venga a mí; y beba el que cree en mí». Como dice la Escritura: “De su seno brotarán manantiales de agua viva”. El se refería al Espíritu que debían recibir los que creyeran en él. Porque el Espíritu no había sido dado todavía, ya que Jesús aún no había sido glorificado. (Juan 7:38-39)

Pero es la misma Biblia la que nos relata exáctamente en qué momento se produjo esa venida del Espíritu Santo anunciada por Jesús. Fue el día de Pentecostés, cuando los apóstoles y María están reunidos:

Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban. Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo. (Hechos 2:1-4)

Ese Espíritu no solo fue concedido a los discípulos de Pentecostés, sino que la promesa iba dirigida a toda la Iglesia de ayer y de hoy. Hablando del envío del Espíritu Pedro nos dice:

Porque la promesa es para vosotros y para vuestros hijos y para todos los que están lejos, para tantos como el Señor nuestro Dios llame. (Hechos 2.39)

RESUMIENDO: En la Biblia vemos claramente cómo Jesús anuncia que cuando él se vaya enviará el Espíritu Santo a su Iglesia para que comprenda su mensaje y no caiga en el error, lo cual ocurrirá en Pentecostés. No se refiere solo a sus apóstoles, sino a la Iglesia en general, presente y futura. La Iglesia fundada por Cristo estará siempre protegida del error y él estará por siempre con nosotros, con su Iglesia, jamás nos dejará huérfanos y desamparados.

Estaré con vosotros hasta el fin de los tiempos (Mateo 28:20)

—PARADOJAS Y CONTRADICCIONES—

Así que una vez recordado lo que Jesús nos dijo, si analizamos las ideas que el protestantismo tiene de la Iglesia surge un potente conflicto. Según la Biblia Jesús prometió que jamás abandonaría a su Iglesia y que el Espíritu Santo la iluminaría por siempre para que nunca cayera en el error. Lutero y sus seguidores, por el contrario, afirman que la Iglesia cayó en el error. Analicemos cómo se enfrentan a estas dos afirmaciones los protestantes reformistas y los restauracionistas.

RESTAURACIONISTAS

Tomemos como ejemplo lo que creen los mormones. Según ellos la doctrina cristiana se pervirtió al poco de ascender Jesús al cielo, o sea, ni los mismos apóstoles lograron transmitir la verdad con fidelidad, hasta que en 1887 Dios le revela al americano Joseph Smith la verdad e incluso le entrega un nuevo libro para completar las enseñanzas de la Biblia. Pero en ese caso chocamos con el problema de que la predicación de Jesús fue un fracaso, y se necesitó un Joseph Smith o equivalente para poder por fin hacer una predicación que sí diera frutos. ¿Es J. Smith mayor que Jesús? Los mormones dirán que no, pero tal como cuentan los hechos pareciera que en parte sí, pues donde Jesús fracasó, Joseph Smith supo triunfar.

Eso puede llamarse de cualquier forma menos cristianismo, y cualquier denominación que defienda algún tipo de restauracionismo se encontrará con la misma dificultad, pues Jesús dejó bien claro que el Espíritu Santo se encargaría de que su Iglesia fuera por siempre preservada del error, así que la idea de que la Iglesia fundada por Jesús fracasó nada más empezar y cayó en la apostasía contradice lo que la Biblia nos dice. Por eso a los restauracionistas solo les queda un camino: decir que la Biblia ha sufrido con el tiempo muchas corrupciones y cambios por errores de copia o por mala intención de la Iglesia Católica. De este modo cuando chocan con la Biblia intentan cambiar una palabra o una frase, a veces un simple matiz en la traducción, para resolver sus incoherencias. Al menos parte de los restauracionistas actúan así. Esto no es resolver una contradicción, es hacer trampas.

REFORMISTAS

Vimos que Lutero inicialmente no pretendía romper con la Iglesia, sino reformarla, pero ahora que se produjo la ruptura y tenemos dos “iglesias” diferentes, la católica y la protestante, se encontraba con la paradoja de que se acababa de crear una Iglesia que no era la Iglesia fundada por Jesús, sino fundada por hombres, y por tanto las promesas de Jesús sobre su Iglesia no se podrían referir a ellos, sino a la Iglesia por él fundada que era… la católica. Esto creaba una paradoja y también una fuerte contradicción con el Evangelio, pues Jesús prometió a su Iglesia que nunca la abandonaría y que la preservaría siempre del error, así que si la Iglesia Católica había sido fundada por Jesús, y por tanto era la verdadera Iglesia, ¿cómo pudo Jesús incumplir su promesa y dejar de protegerla?

RESOLUCIÓN DE LA PARADOJA

La reacción inicial de los “reformadores” ante esta paradoja y esta contradicción fue crear el concepto de que la Iglesia de Jesús no es una organización concreta y visible, sino espiritual, casi un mero concepto abstracto formado por todos los verdaderos cristianos, de ese modo, al difuminar el concepto de Iglesia, también se difumina la efectividad concreta de las promesas. Sin embargo no es eso lo que vemos en la Biblia. En un artículo futuro “¿Quiso Jesús fundar una Iglesia?” veremos cómo desde el principio Jesús tenía en mente una organización física y visible, estructurada y centralizada, y él mismo creó el armazón de esa estructura que luego los apóstoles siguieron desarrollando y los primeros cristianos completaron. Jesús no hablaba de una comunidad solamente espiritual, sino también de una organización humana visible, la cual según nos cuenta Hechos comenzó poniendo su centro en Jerusalén, aunque tras la destrucción de la ciudad trasladó su base a Roma.

Una mejor salida para resolver la paradoja fue abrazar la teoría de las dos iglesias: la Iglesia Católica es un pastiche paganizado creado por Constantino en el siglo IV y la verdadera Iglesia, la que ahora llamaban “protestante”, se remonta al mismo Jesús, y nunca había desaparecido sino que siempre había sido perseguida (primero por los emperadores y luego, tras Nicea, por la Iglesia Católica) y por tanto había permanecido oculta. Ellos eran, simplemente, esa Iglesia oculta que ahora sale a la luz y desafía a la corrupta Roma y su religión inventada en un proceso que en vez de Reforma deberían llamar “Liberación”. Esta es hoy la teoría más extendida entre ellos.

—EVIDENCIA HISTÓRICA—

Pero si es cierto que la verdadera Iglesia de Jesús, esa a la que prometió proteger siempre y librar de todo error, ha existido durante 2000 años y ha permanecido oculta desde la época de Constantino (s. IV) hasta la llegada del protestantismo (s. XVI), ¿dónde está la evidencia histórica?

Cuanto más se ha profundizado en el conocimiento de la historia, más en evidencia quedaba esa supuesta Iglesia oculta de la que no tenemos ningún dato. Pero muchos protestantes usan ahora otra teoría que encajaría mejor con esa situación. Según ellos, esa verdadera Iglesia son los grupos de cristianos considerados herejes por la Iglesia oficial. De esta manera ya sí tenemos datos históricos de su existencia y de su persecución. En ese saco puede entrar casi cualquier grupo herético que fuera reprimido. De esta forma se aseguran una ascendencia continuada hasta el mismo Jesús, que sería su fundador, y al mismo tiempo pueden ofrecer multitud de testimonios históricos de esa Iglesia. En concreto, el texto que hemos citado al principio de este artículo mencionaba como ejemplo a dos de esos grupos disidentes: “los valdenses y los anabaptistas”.

Los valdenses fueron un movimiento formado por Valdo en Lyon a finales del XII. Su doctrina no tiene casi nada en común con los movimientos heréticos de siglos anteriores y sí tienen ya por primera vez rasgos que anuncian la llegada del protestantismo. En cuanto a los anabaptistas también citados, no surgirán hasta después de iniciada la Ruptura Protestante en el s. XVI en Suiza. La única explicación de que citen a estos como ejemplo de esa Iglesia primitiva es que en griego “anabaptista” significa “vuelto a bautizar”, y tal término se usa ya en el siglo V para referirse a los herejes que estaban en contra del bautismo de niños, y por tanto volvían a bautizarse al llegar a la edad adulta, llamando así anabaptistas a los montanistas, donatistas y novicianos. Pero esos “vueltos a bautizar” primitivos no tienen en su doctrina absolutamente nada que ver con los anabaptistas protestantes excepto en su rechazo al bautismo de infantes. Imagino que no citarían como ejemplo de la verdadera Iglesia a los anabaptistas del siglo V si supieran que, tema del bautismo aparte, casi todas sus doctrinas eran católicas.

PUZLE DE HEREJÍAS

El problema de esta estrategia de inventarse una Iglesia paralela es precisamente ese, que tenemos multitud de testimonios históricos de esos movimientos heréticos de los que ellos se consideran herederos, y podemos decir de ellos cualquier cosa excepto que formasen parte de una única Iglesia con una única e inmutable doctrina, la verdadera, y menos aún que sus creencias pudiesen hoy definirse como protestantes o evangélicas o nada de lo que ellos defienden ahora. Cada movimiento defendía una cosa distinta, veamos unos cuantos ejemplos para evaluar su protestantismo:

  • Arrianos (s.II)- Cristo es un hombre con atributos divinos, creado al principio de todos los tiempos y luego encarnado en Jesús, pero no era el Dios eterno. Por tanto niegan la Trinidad.
  • Adopcionistas (s.II)- Jesús era un hombre que fue elevado a la categoría de Dios. Por tanto también niegan la Trinidad y tendríamos un dios creado y otro dios no creado.
  • Montanistas (s.II)- Este grupo anabaptista no rechazaba nada de la doctrina católica, solo ponían énfasis en el profetismo y afirmaban que el fin del mundo estaba a punto de llegar. Por lo tanto creían que Jesús era Dios, parte de la Trinidad.
  • Novacianos (s.III)- Otra grupo anabaptista que en casi nada más se diferencia de los católicos excepto en que, igual que harán luego los donatistas, considera que los cristianos que flaquearon durante las persecuciones no debían ser perdonados y readmitidos en la Iglesia. Sus seguidores eran llamados “cátaros”, pero en nada tienen que ver con los cátaros que aparecerán en el sur de Francia en la Edad Media. Su visión de Jesús es la católica.
  • Modalistas (s.III)- Dios es uno pero no trino.
  • Apolinaristas (s.IV)- Jesús era solo Dios, no hombre. El Hijo se encarnó en Jesús, un cuerpo sin alma, y por tanto se puede considerar que Jesús era como una marioneta movida por Dios.
  • Donatistas (s.IV)- Otro grupo anabaptista que seguía las doctrinas católicas pero consideraba que los pecadores y quienes no se mantuvieron firmes en las persecuciones debían abandonar la Iglesia, pues ella tenía lugar solo para los santos. Si un sacerdote pecaba, la eucaristía y los demás sacramentos que impartiera carecían ya de valor. Creían por tanto también que Jesús era Dios.
  • Monofisistas (s.V)- En Jesús hay dos naturalezas, la humana y la divina, pero ambas quedan confundidas, de modo que la divina absorbe y anula la humana.
  • Nestorianos (s.V)- En Jesús hay dos naturalezas, la humana y la divina, pero ambas están totalmente separadas, de modo que una cosa es el hombre y otra el Hijo divino. Dos personas distintas, una humana y otra divina, unidas en un solo cuerpo.
  • Monotelistas (s.VII)- Jesús tenía dos naturalezas, la humana y la divina, y una única voluntad.
  • Cátaros (s.X)- Dios creó el mundo del espíritu y Satanás creó el mundo físico y la Iglesia Católica. Para purificarse y llegar a Dios había que rechazar el mundo físico y el cuerpo mediante férreo ascetismo y estricta castidad, aunque algunos preferían “castigar” al cuerpo dándose a todo tipo de excesos carnales, o sea, justo lo contrario. Consideraban que el mayor anatema propagado por la Iglesia Católica era enseñar la doctrina de la Encarnación, pues no hay mayor blasfemia que decir que Dios se encarnó en un cuerpo humano, obra de Satanás. Jesús simplemente se “apareció” bajo forma humana para enseñarnos el verdadero camino.
  • Valdenses (s.XII)- Este es el primer grupo herético que ya muestra un carácter protestante, rechazando la autoridad del papado y estableciendo la Biblia, interpretada a su modo, como única autoridad, pero rechazando también doctrinas protestantes como por ejemplo la sola fide al tiempo que recibían sin problemas la comunión de manos de los sacerdotes católicos. Ellos se consideran un remanente fiel de la verdadera Iglesia cristiana, así que tenemos aquí ya la semilla que dará origen a la teoría de las dos iglesias abrazada luego por muchos. Sus doctrinas influirán mucho en los reformadores protestantes y viceversa. Hasta la Reforma, los valdenses practicaban de forma simplificada los 7 sacramentos católicos, pero posteriormente rechazarán todos menos dos: el bautismo y la comunión. Por lo tanto tienen poco o nada en común con las herejías previas. Su visión de Jesús sin embargo es la misma del catolicismo.

Y estos son sólo algunos ejemplos centrados principalmente en la visión que tenían de Jesús. Los grupos protestantes que consideran que esa supuesta verdadera Iglesia que permaneció oculta se manifestó a través de la historia en esos grupos perseguidos considerados heréticos, tendrían que explicar cómo puede ser que cada grupo esté en desacuerdo con los demás incluso en algo tan fundamental como es quién era Jesús. Los valdenses no tienen raíces en herejías anteriores sino que son fruto de unas revelaciones que su fundador supuestamente tuvo en el siglo XII. Los anabaptistas primitivos tienen mucho de católicos y nada de protestantes. La teoría hace aguas por todas partes.

Si esos grupos minoritarios disidentes fueran manifestaciones de una misma Iglesia verdadera, cada vez que reaparecieran en la historia tendríamos que ver la misma doctrina, preservada e intacta desde la era apostólica, siempre invariable una y otra vez, mostrando así claramente que las promesas de Jesús se estaban cumpliendo en ellos. Desgraciadamente para ellos, el panorama que nos dibuja la historia es el contrario. Ni siquiera los propios protestantes podrían identificarse con las ideas de uno solo de esos grupos de los primeros siglos, por no mencionar que muchos de esos grupos heréticos se desvían de la Iglesia Católica en uno o varios puntos doctrinales pero permanecen fieles a la doctrina católica en todo lo demás. No será hasta la llegada de los valdenses en el s.XII cuando encontremos por primera vez unas doctrinas ya bastante parecidas a los protestantes, aunque todavía lejos de ser idénticas.

Otro caso clave a menudo mencionado es el arrianismo. Los arrianos defendían la idea de que Jesús es un ser divino pero fue creado al principio de los tiempos, o sea, en el momento de la Creación, pero antes de ese momento no existía, por lo tanto no es parte de Dios mismo sino una criatura suya como nosotros, si bien la más importante y la primera. Pues bien, actualmente los mormones y los testigos de Jehová (dos denominaciones surgidas en el s. XIX) estarían de acuerdo con esa idea, así que podrían decir que los arrianos eran esa verdadera Iglesia fiel a la doctrina original que fue perseguida y sobrevivió en la clandestinidad. Pero el problema sería de nuevo que los arrianos solo divergían del catolicismo oficial en ese aspecto, en todo lo demás seguían la doctrina católica (transubstanciación, veneración a los santos y difuntos, jerarquía eclesial, liturgia, etc.), así que los arrianos son simplemente católicos con una idea de Jesús equivocada.

El mismo caso nos encontraríamos con cualquier otro grupo herético que analicemos en la historia antes de los valdeses, una denominación protestante podría encontrar en este o aquel grupo alguna doctrina suya y decir, “ahí estamos nosotros”, pero si analizas el resto de doctrinas de ese grupo siempre encontrarán que sus creencias en poco o nada se parecían a las suyas. Por lo tanto ninguna denominación protestante, ni el protestantismo en general, podrá encontrar en la historia antes de la Edad Media un grupo cristiano divergente no ya que se parezca, sino simplemente que pudiera considerarse muy genéricamente como de tipología protestante.

NADA NUEVO BAJO EL SOL

Y es que este argumento no es ni mucho menos nuevo, que un grupo se separe de la doctrina apostólica y luego diga que ellos son los verdaderos herederos de los apóstoles ya ocurrió en alguna otra ocasión. Las palabras de Tertuliano, apologeta cristiano del siglo II, podrían estar igualmente dirigidas a esos protestantes modernos, pues su mensaje tiene exactamente la misma vigencia:

Por lo demás, si algunas [herejías] se atreven a insertarse en la edad apostólica para parecer transmitidas por los Apóstoles por cuanto existieron en tiempo de los Apóstoles, nosotros podemos decir: publiquen, entonces, los orígenes sus iglesias, desplieguen la lista de sus obispos, de modo que, a través de la sucesión que discurre desde el principio, aquel primer obispo haya tenido como garante y antecesor a alguno de los Apóstoles o a alguno de los varones apostólicos, pero que haya perseverado con los Apóstoles… En efecto, de esa manera dan a conocer sus orígenes las iglesias apostólicas: como la iglesia de los esmiornitas cuenta que Policarpo fue puesto por Juan, como la de los romanos que Clemente fue ordenado por Pedro. De igual modo, ciertamente, también las otras iglesias muestran qué vástagos de semilla apostólica poseen destinados al episcopado por los apóstoles. Inventen algo semejante los herejes. Pues, luego de tanta blasfemia ¿qué es ilícito para ellos?

Algunos dicen que si no tenemos evidencias históricas sobre esa supuesta Iglesia clandestina es porque la Iglesia oficial durante siglos quemó todos los escritos de los verdaderos cristianos para que no quedase constancia de sus creencias, pero esa teoría no es sostenible. La Iglesia Católica intentó hacer eso con los escritos herejes, eliminarlos, y sin embargo es tarea imposible, a través del tiempo han sobrevivido una gran cantidad de fragmentos y libros enteros escritos por grupos heréticos, además de los escritos católicos que atacan y describen sus doctrinas, dejando al mismo tiempo constancia de ellas. Y si además suponemos que ese grupo de cristianos se habría mantenido en existencia durante 20 siglos ininterrumpidamente, no solo habrían sobrevivido escritos y referencias, sino que ellos mismos habrían tenido mucho celo en conservar clandestinamente esos escritos para preservarlos. Pero no existe tal cosa. La idea fundamental de protestantes y derivados es la doctrina de la “sola scriptura”, junto a las otras “solas”, y en ningún grupo herético con continuidad en el tiempo podemos ver esa creencia reflejada como pilar básico de su fe hasta bien entrada ya la Edad Media. Más agua.

La idea de que los americanos tienen guardadas naves extraterrestres y cuerpos alienígenas pero silencian a todo el que habla de ello tiene la misma lógica de funcionamiento (no hay evidencias porque ellos las han borrado), y con esa misma lógica cualquier teoría es posible: los venecianos del siglo XV viajaron a marte, pero los florentinos, celosos, borraron toda evidencia y reescribieron la historia. No es por burlarse de los que creen en lo de las 2 iglesias, es solo para mostrar con más claridad la falacia de ese tipo de argumentos.

Otra cuestión importante en este asunto es la idea de las persecuciones perpetradas por la Iglesia Católica contra esa otra Iglesia verdadera e inocente. Es un asunto importante porque siendo la Iglesia Católica la agresora cruel y la otra Iglesia la víctima inocente, es más fácil pensar que el Espíritu Santo habitaba en los segundos y no en los primeros. En nuestro artículo “La Iglesia, perseguidora y perseguida” hemos explicado que esa visión no es ni mucho menos tan blanco-y-negro como muchos pretenden y que ambas partes tienen mucho por lo que pedir perdón.

—CONCLUSIÓN—

La Biblia dice claramente que Jesús fundó una Iglesia y prometió que nunca la abandonaría y que enviaría el Espíritu Santo, al que también llama “Espíritu de la Verdad”, para evitar que jamás cayera en el error. Quienes afirman que esa misma Iglesia cayó en el error y apostató (restauracionistas) sencillamente contradicen a la Biblia. Quienes afirman que esa Iglesia protegida por el Espíritu no es la Iglesia Católica sino la suya, que supuestamente sobrevivió estos 2000 años clandestinamente desde Constantino hasta la Reforma (reformistas), no pueden mostrar ninguna evidencia histórica que demuestre su afirmación, así que carece de validez. La psicología también nos demuestra que el paso casi repentino de una Iglesia perseguida y mártir a una Iglesia que acepta una paganización y poco después vuelve a resistir persecuciones, es algo imposible de creer. Pero si todo eso no fuera bastante, la enorme diversidad de doctrinas diferentes que hay en el seno del protestantismo hoy, es prueba sobrada de que ahí no podemos encontrar preservada la Verdad de Jesús, pues ni ellos mismos se han puesto nunca de acuerdo en qué verdad es esa.

Sin embargo los católicos sí podemos demostrar que nuestra Iglesia es la misma que Jesús fundó en el siglo primero y que, tal como prometió Jesús, ha sido capaz de preservar la doctrina original libre de error. Para los escépticos, hemos publicado toda una serie de artículos (más de 20) en donde punto por punto vamos rebatiendo los argumentos que suelen usarse para afirmar lo contrario. En “¿Fundó Constantino la Iglesia Católica?” encontrará el índice de todos ellos y podrá comprobar cómo todas las doctrinas católicas tienen un sólido fundamento no solo en la Biblia sino también en los documentos históricos de los primeros tres siglos. La Iglesia Católica es la verdadera Iglesia fundada por Jesús hace 2 000 años, y la única que lo puede demostrar.

Para profundizar:

  • Por Apologia2.1.Disponible en:
  • Por ApologeticaCatolica.org. Disponible en:

    —APÉNDICE—

Apéndice: El Rastro de la Sangre, Historia de la Iglesia Bautista

Pequeño libro que circula en Internet y que es una traducción del original “The Trail of Blood” publicado en 1931 por J. W. Porter.

¿De qué va el libro?

La obra es un intento de rechazar uno de los argumentos más fuertes que la Iglesia Católica tiene contra el protestantismo, que estudiábamos en los posts anteriores. Y es, que Cristo fundó UNA sola Iglesia (Mateo 16,18) sobre la que las puertas del infierno no prevalecerán (Mateo 16,19) porque es columna y fundamento de la verdad (1 Timoteo 3,15). Para reconocer esta Iglesia hay que buscar sus notas características en la Revelación, que son: 1) Visibilidad perpetua durante todas las épocas, 2) Apostolicidad o origen apostólico, 3) Catolicidad o universalidad, 4) Unidad e 5) Indefectibilidad.

Es evidente al estudiar con seriedad bajo estas notas la historia de las denominaciones protestantes, que ya las tenemos que descartar a todas como la Iglesia verdadera, al hacernos la simple pregunta: ¿donde estuvieron los protestantes antes del siglo XVI?, pues en ningún lado porque no existían. Y si no existían en ese entonces y no eran la Iglesia verdadera, entonces tampoco lo son ahora. Porque si la Iglesia fue fundada en el año 33 por Cristo, no es lógico que desapareciera tanto tiempo para luego aparecer 1600 años después. Esta es una hipótesis que aunque sorprendentemente la han aceptado tantos protestantes, simplemente no es sensata ni está acorde a la Revelación.

“Antepasados de los bautistas”

Es aquí donde en aparece en medio del movimiento landmarkista (surgido en 1851 en el sur de los Estados Unidos) una nueva posición en la cual se cree que es posible trazar un “linaje” bautista histórico desde los tiempos de Juan el Bautista. El libro en cuestión lo que hace es desarrollar esta eclesiología, que aunque no es nueva, puede sorprender a muchos, porque hace ver que a diferencia de otros protestantes, los bautistas si estuvieron presentes durante toda la historia siendo la Iglesia verdadera, solo que bajo diversos nombres, mientras eran perseguidos por la Iglesia Católica, según ellos, la Iglesia corrupta institucional. Algunos extractos donde sostienen esto:

La conducta de parte de las Iglesias leales pronto incurrió en el furibundo desagrado de los devotos de la religión del Estado, muchos de los cuales, si no los más de ellos, no eran genuinos cristianos. Sin embargo, a partir de ese momento, se les negó el nombre de “cristianos” a los que integraban las Iglesias leales que rehusaban aceptar los nuevos errores. Es más: no sólo fueron despojados de ese nombre, sino que se les puso muchos otros nombres, de manera que unas veces eran llamados por uno, y otras por otro; y así se les llamó “montanistas”, “tertulianistas”, “novacianos”, “petrobrusianos”, etc.; y algunos, al menos, a causa de su práctica de rebautizar a los que habían sido bautizados en la infancia, fueron denominados “anabaptistas.”

“Durante el período que acabamos de recorrer, los perseguidos fueron llamados por muchos y variados nombres, como donatistas, petrobrusianos, cátaros, paulicianos y anabaptistas. Algo más tarde, fueron llamados amoldistas, enriqueños, albigenses y valdenses. A veces uno de estos grupos sobresalía sobre los demás, y otras, otro. Pero algunos de ellos casi siempre se destacaron a causa de lo persistente y terrible de la persecución.

Pero no se vaya a pensar, sin embargo, que todos estos perseguidos hayan sido siempre leales en todo sentido a las enseñanzas del Nuevo Testamento. En lo esencial, sí lo fueron.”

En pocas palabras, según el autor del libro, los cristianos que si fueron esencialmente fieles a las enseñanzas del Nuevo Testamento, que fueron esencialmente bautistas son:

  • Donatistas
  • Petrobrusianos
  • Cátaros 
  • Albigenses
  • Montanistas
  • Tertulianistas
  • Novacianos
  • Paulicianos
  • Arnoldistas
  • Enriquianos
  • Valdenses
  • Anabaptistas

Estudiemos brevemente la doctrina de estos grupos para determinar si ciertamente pueden considerarse unos antepasados espirituales de los bautistas.

Montanistas

Eran herejes del siglo II y III, seguidores de un tal Montano, al que consideraban el paráclito prometido por Jesucristo, tal como el mismo Montano se autoconcedía. Sostenía que Jesucristo no había enseñado todo, sino que había prometido a sus discípulos un paráclito con la tarea de completar su enseñanza, tarea que fue confiada a él.

En sus comienzos los montanistas no negaban las doctrinas católicas pero luego afirmaron que los pecados graves eran imperdonables (apostasía, adulterio, etc.), rechazaban el matrimonio y las relaciones conyugales, y consideraban el parto de las mujeres como diabólico.

Puede preguntar a un bautista moderno si reconoce a Montano como la encarnación del Espíritu Santo, o comparten su doctrina sobre el perdón de los pecados (sabemos que no lo hacen). De hecho, los autores bautistas recientes ya niegan esta filiación, como por ejemplo lo hace Justo Anderson en el tomo I su obra titulada Historia de los bautistas, editada por la Casa Bautista de Publicaciones, quien escribe:

Un análisis cuidadoso de los montanistas demuestra que es un equívoco considerarlos como un punto de partida de la denominación bautista. Como Troeltsch dice, fueron los primeros «tipo-secta» dentro del cristianismo. Al principio no se desviaron de la fe, pero empezaron un esfuerzo mórbido por la moralidad y la disciplina práctica, o sea, un puritanismo pentecostalista. Para el bautista, el desliz más serio fue la sustitución de la profecía continua por la revelación final en Cristo…Mucho de lo que se ha dicho de los montanistas se aplica a los novacianos y donatistas”
Justo Anderson, Historia de la Iglesia Bautista, Tomo I, Casa Bautista de Publicaciones, Colombia 2006, p. 130

Tertulianistas

Fundados por Tertuliano, notable escritor eclesiástico católico que terminó por convertirse en montanista y luego les abandonó para fundar su propia secta. Su doctrina se conoce por los escritos del propio Tertuliano en su período herético (De fuga in persecutioneDe monogamiaDe ieiunio adversus psychicosDe pudicitiaDe virginibus velandis) en donde defiende los postulados rigoristas, prohibiendo las segundas nupcias, niega el perdón de los pecados graves y establece la obligación del ayuno (doctrinas que tampoco comparten los bautistas y por tanto no pueden considerarse sus antepasados espirituales).

Donatistas

Los donatistas compartían básicamente todas las doctrinas católicas, pero sostenían que la Iglesia solo estaba compuesta de los buenos, y que los malos estaban excluidos, de tal manera que los que en tiempos de persecución rehuyeron la prueba del martirio, y los que no estuvieran dispuestos a aceptarla llegado el caso, no seguían perteneciendo a la Iglesia, por lo tanto los sacramentos administrados por los católicos carecían valor para ellos. Se caracterizaron por un fanatismo exagerado que les llevó a perseguir violentamente a los católicos, matándolos quemando sus altares, arrojando a los perros sus formas consagradas, y llegaron a recurrir incluso al suicidio colectivo. El cisma fue sofocado al quedar Donato exiliado y los obispos donatistas depuestos, pero durante el reinado de Juliano el apóstata volvió a tomar fuerza, pero las divisiones entre ellos causaron que incluso se mataran entre sí. En el Concilio de Cártago fue su doctrina condenada, ratificada luego esta sentencia por el Papa Honorio en el 411. Terminaron de desaparecer con la invasión de los vándalos que persiguió por igual a donatistas y católicos.

Ahora bien, a diferencia de los bautistas, los donatistas si creían en la sucesión apostólica (de hecho contaban con obispos válidamente ordenados), doctrina que rechazan los bautistas. Creían también en la validez de los sacramentos impartidos por ellos, incluida la Eucaristía, el bautismo de infantes (también rechazado por los bautistas). Los bautistas tampoco creen que la Iglesia se compone solo de los buenos, sino que reconocen que en ella también hay pecadores, y que por pecar no se queda apartado irremisiblemente de la Iglesia. No se entiende pues, como son considerados por esta obra como sus antepasados espirituales o cristianos fieles a la enseñanza del Nuevo Testamento.

Petrobrusianos

Descrito en el libro como “piadosísimos cristianos” eran discípulos de Pedro de Bruys en el siglo XII. Rechazaban el Antiguo Testamento, y del Nuevo Testamento solo aceptaban los evangelios. Pedro en venerable registra que negaban la necesidad del bautismo a los niños, proclamaba que había que quemar las iglesias y reemplazarlas por establos, predicaba la destrucción de todas las cruces a causa del horror que debían sentir los verdaderos cristianos al recordar la pasión del Señor, negaba la presencia de Cristo en la Eucaristía y la eficacia de la oración por los difuntos. Se distinguieron por recorrer las tierras del Delfinado y del sur de Francia saqueando templos y quemando cruces, insultando a los clérigos y sembrando discordia por donde pasaban. Pedro de Bruys fue finalmente apresado y condenado a la hoguera en el 1130.

Se puede entender que el autor de dicho libro se sienta tentado a considerar a los petrobrusianos como antepasados de los bautistas en la fe por su rechazo al bautismo de niños, pero el hecho de que ni siquiera tuvieran un mismo depósito de fe común (el no reconocer toda la Biblia como Palabra de Dios) hace que sea imposible considerarles seriamente como tales. Tampoco hay evidencia de que compartieran positivamente las doctrinas que los bautistas profesan hoy.

Cátaros

Era un movimiento religioso de carácter gnóstico que inició en el siglo X y creció en los siglos siguientes. Creían que existía una dualidad creadora (Dios y Satanás) y predicaba la salvación mediante el ascetismo y el estricto rechazo del mundo material, percibido por los cátaros como obra demoníaca. Postula dicha doctrina la existencia de los dos principios maniqueos del Bien y del Mal, que son igualmente la Luz y las Tinieblas, el Espíritu y la Materia. Sin embargo, el Todo y la Nada son dos aspectos de un mismo principio, que, a causa de la tendencia de la Nada por llegar a ser “algo” engendran un número ilimitado de seres eternos, hijos del principio Dios. A la cabeza de esa multitud ilimitada de hijos de Dios están el Espíritu Santo y Jesucristo. Estos no eran considerados propiamente Dios (Trinidad) más que en la medida que procedían efectivamente de Él, siendo el Padre el único Dios absoluto, mientras que el Hijo y el Espíritu Santo no participan de la omnipotencia.

Rechazaban el Antiguo Testamento, que en su opinión, relataba los hechos de Satanás y príncipe de este mundo. Creían que las Tablas de la Ley fueron entregadas a Moisés por el Demonio. Jesús era un “eón”, el más prestigioso de todos los “hijos de Dios” elegido y adoptado enseguida como hijo suyo para que fuera al mundo con la misión de conocer y honrar su nombre. Había para ellos por tanto la obligación de venerarle como su hermano mayor en Dios.

Tenían un único sacramento denominado el “Consolamentum” que era una especie de bautismo, comunión y extremaunción juntas y que consideraban el bautismo del Espíritu Santo. Era administrado a los adultos (considerados más fieles que se convertían en “Parfait” o “Perfectos”, los cuales se mantenían célibes y vegetarianos) y a los que estaban moribundos. Los que recibían el “consolamentum” llegaron a efectuar otra práctica conocida como la “endura”, en la cual ayunaban hasta morir considerando esta una muerte mística.

Es imposible considerarles siquiera como cristianos ya que ni siquiera comparten una fe Trinitaria con nosotros ni con los mismos bautistas, por tanto mucho más difícil es considerarles antepasados bautistas. La obra de historia bautista ya citada de Justo Anderson a este respecto admite:

“Los otros grupos disidentes, los bogomilos de los Balcanes y los cátaros (albigenses) del sur de Francia eran una continuación histórica de los paulicianos. Algunos dicen que los bautistas surgieron de sus sucesores. Sin embargo, como dice Vedder: «Los Paulicianos, cátaros y bogomilos y albigeneses fueron, más o menos cristianos…aunque sus teorías dualistas son esencialmente anticristianos, y los separan rudamente lo los que profesan ser guiados solamente por la Palabra de Dios». Realmente, sería difícil nombrar en toda la historia del cristianismo a grupos que tuviesen menos en común con los bautistas que estos”. 
Justo Anderson, Historia de la Iglesia Bautista, Tomo I, Casa Bautista de Publicaciones, Colombia 2006, p.142

Como puede verse, si ya los propios bautistas rechazan este parentesco espiritual (por razones obvias), no queda mucho más que decir.

Paulicianos

Los paulicianos era un movimiento neo-maniqueo surgido en el siglo VII en Asia Menor pero que llegó a ser más visible en el siglo XIII en Bulgaria. Rechazaban el Antiguo Testamento y no admitían más que una parte del Nuevo. Eran también dualistas y presentaban una profunda oposición entre el espíritu y la materia. Para ellos, Cristo no había tenido más que un cuerpo aparente, y María no había sido más que el canal por el que se había manifestado. Posteriormente dejaron de tener sacerdotes y no administraban ni el bautismo ni la Eucaristía.

Aquí nuevamente ocurre lo mismo, porque los bautistas no comparten ninguno de estos postulados. No rechazan el Antiguo Testamento ni parte del Nuevo, no son dualistas ni creen que Cristo tuvo solo cuerpo aparente. A diferencia de estos si administran el bautismo a los adultos.

Novacianos

Herejes del siglo II que al igual que los donatistas compartían esencialmente todas las doctrinas católicas, y ninguna de las bautistas. Se separaron de la fe de la Iglesia al negar que esta tuviera autoridad de administrar el perdón de los pecados a los que en tiempos de persecución apostataron de la fe pero estaban ahora arrepentidos. Afirmaban que la Iglesia se había corrompido al ser demasiado indulgente con los pecadores, y exigía que quienes se hubieran alejado de la fe se volvieran a bautizar.

Dudo que algún bautista hoy diga que está de acuerdo con esos postulados, por lo que es también absurdo considerarles antepasados espirituales de los bautistas.

Valdenses

Los valdenses son herejes del siglo XII que en base a sus doctrinas tampoco pueden considerarse antepasados de los bautistas. Consideraban que el ministerio sagrado no podía confiarse más que a los laicos que vivieran piadosamente, el clero oficial se había auto-excluido por hacerse poseedor de bienes temporales desde los tiempos de Constantino. Se complacían en administrar los sacramentos y se negaban a recibirlos de sacerdotes debidamente ordenados. Decían que la transubstanciación solo se obra en la boca de quien recibe dignamente la Eucaristía, pensaban que el pan podía consagrarse en el curso de unas simples comidas en base a su interpretación de Malaquías 1,1. Rechazaban el ceremonial de la Misa, bautizaban, confesaban y daban la absolución, y negaban que solo los obispos pudieran administrar el sacramento de la confirmación. Condenaban el matrimonio que no tuviera por objeto único la procreación, rechazaban la posesión de tierras y el culto a los santos.

Si bien, como al igual que los grupos anteriores, rechazaban algunas doctrinas católicas, su doctrina dista enormemente de la doctrina de los bautistas. La misma obra de historia bautista más reciente ya citada reconoce:

Los valdenses tenían muy poco en común con los bautistas. Lo mismo puede decirse con respecto a los lolardos y los husitasAunque aquellos grupos rechazaron el bautismo infantil y practicaron el rebautismo tenían mucho en su doctrina que los bautistas modernos no aceptarían.

Concuerdo con el doctor Vedder cuando dice: «Es incuestionable que por cuatro siglos enteros antes de la Reforma hubo grupos cristianos con varios nombres, difamados por la Iglesia Romana como herejes, que profesaron aproximadamente…la fe y la práctica de los bautistas modernos…Esto es bastante diferente que probar la identidad sustancial de estas sectas con los modernos bautistas…Una cosa es probar que las varias sectas dieron testimonio, ora la una, ora la otra, a esta o aquella verdad sostenida por una denominación moderna, y otra bastante distinta es el identificarlas todas o algunas de estas sectas con cualquier corporación moderna»
Justo Anderson, Historia de la Iglesia Bautista, Tomo I, Casa Bautista de Publicaciones, Colombia 2006, p.147-148

Anabaptistas

El único grupo que puede si reconocerse como origen de los bautistas son los anabaptistas, un grupo revolucionario religioso surgido ya en pleno siglo XVI, que negaba el bautismo a los niños y hacía rebautizar a los conversos. Tuvo en Alemania un caracter tan violento, que manifestaban saqueando Iglesias y degollando en nombre del Evangelio, que el propio reformador protestante Martín Lutero tuvo que mandar a ejecutarlos en público o privado en su obra Contra las bandas rapaces y asesinas de los campesinos, que desencadenó en la masacre de más de 100.000 campesinos anabaptistas.

Conclusiones

Queda claro que la cuestión es algo más complicado para los bautistas modernos que ponerse a elegir grupos heréticos antiguos a diestra y siniestra y etiquetarlos de manera simplista como “bautistas”. En su intento de establecer una cadena espiritual hasta Juan el Bautista y poder conectarse como lo hace la Iglesia Católica, con los tiempos apostólicos, no han tenido empacho en identificarse con grupos gnósticos y maniqueos de todo calibre. “Dime con quién andas y te diré quién eres”. Hay que reconocer que más inteligentes son otros protestantes, que no cometen el error de identificarse con esos antiguos grupos. Es imposible saber si este error procedió de la negligencia de los autores de esta hipótesis al investigar la historia, o realmente es un intento deshonesto de reescribirla.

Sea cual sea el caso, no es lo relevante ahora. El hecho es que ninguna denominación protestante –bautistas incluidos- puede identificar ningún grupo religioso que haya profesado sus doctrinas en los primeros XVI siglos cristianos. Y si sus doctrinas no son “antiguas”, y si es así quiere decir que sus doctrinas son relativamente “nuevas”, y si “nuevas” a ellas se aplica aquello de que:

“…Vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por su propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el prurito de oír NOVEDADES” (2 Timoteo 4,3).

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Acerca de José Carlos Pando Valdés

El autor no ha proporcionado ninguna información.

3 Comments

  1. Yipsi Vera

    En mi humilde opinión yo creo que la iglesia de Jesús somos todos los que creemos en él y le amamos con nuestros defectos y virtudes sean protestantes o católicos, los que hacen su voluntad y cumplen su palabra aunque somos pecadores. En la Biblia no se menciona ninguna denominación ni siquiera la católica pero la palabra iglesia si está y es esa la que Jesús ama y con la que está y estará hasta el fin él ha permitido en su voluntad que existan varias denominaciones y todas tienen algo de su gloria digo algo porque la perfección no está en nada en esta tierra y si lo ha permitido por algo será. No perdamos más el tiempo desacreditándonos unos a otros porque el que gana en todo esto es satanás. Prediquen el evangelio y punto para que muchos que los lean sean salvos eso es lo que a Dios le interesa la salvación de las vidas, no cual iglesia es la mejor y la verdadera. Si yo conocí a Dios en la protestante y le soy fiel, ahí debo quedarme si lo conocí en la católica y le soy fiel también. Esa es mi humilde opinión. Saludos

    • Saludos y gracias por comentar. Si su pacifismo evangélico fuera una ley e intención universal hoy los católicos no tendríamos que estar dedicándonos a esto, que para nada nos gusta, pues la Iglesia madre históricamente es la Católica, de ahí que si alguien decidió irse fueron, entre otros, los que hoy se llaman protestantes que no aceptaron su comentario y se pusieron a hacerle la guerra a mi Iglesia.
      Yipsi la cuestión no es tan sencilla, todos llevamos en el corazón el ahnelo de contagiar a más personas con el mensaje de Jesús, pero es que no nos ponemos de acuerdo en cuál es exactamente este mensaje, así que ¿qué le decimos? si para uno Él mismo es Dios y para otros no, si para unos hace falta el obrar para lograr la salvación y para otros no, etc.
      Espero me comprenda, puede seguir comentando.
      DLB

    • Gurevich

      En la biblia no se menciona ninguna denominación, pero si se refiere a UNA sola iglesia… si su humilde opinión es que esa unica iglesia es una denominación protestante tenga en cuenta que está contrariando el único fundamento doctrinal del protestantismo “La Biblia”

      Saludos

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