Doctrinas de la Gracia, Fe, Justificación, Obras, Salvación, Sola Fe, Solas

¿Es la Salvación por fe solamente, o por fe más obras?

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Uno de nuestros lectores nos ha sugerido publicar la Declaración conjunta de las Iglesias Católica y Luterana sobre la Doctrina de la Justificación por la Fe, por ello complaciendo a Alberto García Fumero hemos decido adosar dicho documento al final de este pequeño artículo sobre la Salvación. El mismo no forma parte de  una serie por lo que no es tan exhaustivo como quisiéramos.

Uno de los puntos principales de discordia entre Lutero y la Iglesia Católica fue si la salvación es por medio de la Fe o de las Obras, siglos después de separaciones y discusiones sin términos, parece que ambos estaban más en lo cierto que en disputas, todo depende del énfasis que se puso en realzar algunos de los hechos y textos fundamentales en esta Doctrina al igual que el lenguaje que se utiliza al explicarla.

Hoy en día hermanos protestantes afirman que la salvación es solamente por Fe (Sola Fides) y que las obras no cuentan para que como dice Pablo “no sea mérito de hombre sino del Señor”, otros católicos desconociendo la Doctrina de la Iglesia arremeten con una salvación basada solo en obras. Todo esto surge de tomar versículos de la Palabra de Dios y leerlos sin estudiar el contexto donde fueron escritos ni para quién estaban dirigidas y, por supuesto, sin la tutela del Magisterio de la Iglesia.

Para comprender la Palabra del Señor no basta tomar un versículo aislado y dar una interpretación de él, hay que leer el capítulo y estudiar de que se está hablando y a quién, y ver cuál es la enseñanza que se quiere dejar, así como, las posturas que la Tradición Oral Apostólica le ofrece al tema en cuestión.

Primero veamos que es Justificación, es el proceso por el cual el alma es regenerada por la gracia, esto no puede lograrse por medios o esfuerzo del hombre ni por cumplimiento de la Ley, es don gratuito de Dios. Gracia es la llamada de Dios al hombre para que se salve, es la amistad de Dios que genera salvación y es un don concedido más que merecido, en fin por la Redención Cristo mereció para nosotros la Gracia Santificante que significa la Salvación realizada por Cristo sin merecimiento por parte del hombre.

Dice el Catecismo de la Iglesia entre los puntos 1987 y 1995

“La Justificación es al mismo tiempo acogida de la justicia de Dios por la Fe en Jesucristo, la Justificación nos fue merecida por la pasión de Cristo que se ofreció en la Cruz como hostia viva y santa y agradable a Dios y cuya sangre vino a ser instrumento de propiciación por los pecados de los hombres. Nuestra justificación es obra de la Gracia de Dios”

La Iglesia proclama que nuestra Justificación viene de Dios y es un don gratuito que no se compra ni se gana, es pura Gracia, El Concilio de Trento en el año1534 en la sección de los Cánones sobre la Justificación en su Canon 1 dice:

Si alguno dijere que el hombre puede justificarse delante de Dios por sus obras que se realizan por las fuerzas de su humana naturaleza o por la doctrina de la Ley, sin la Gracia Divina por Cristo Jesús, SEA ANATEMA (Maldito)”

 ¿De dónde, entonces, viene la división? Primeramente viene del Maligno, después de una falta de diálogo muy grande; para poder entender el punto de la Iglesia vamos a hacer una decantación de dos conceptos, Redención y Salvación; un poco heterodoxo, pero para su buena comprensión. Digamos que:

       – Redención es el proceso por el cual Jesús nos compra a precio de Sangre de las garras del Diablo y nos trae a la vida Trinitaria de Dios

       – Salvación, es el proceso por el cual yo me hago parte o me apropio de esa Redención.

La Redención es pura misericordia de Dios, no hay hombre por santo y justo que sea que pueda por sus méritos u obras redimirse, esta redención solo pudo ser hecha y merecida por el mismo Dios, la Redención es un acto gratuito de Dios al hombre y solo Él la pudo efectuar. La Salvación es el proceso por el cual yo me agencio esta Redención, comienza en la Fe (por medio del Bautismo como dice Romanos 6: 3-4 donde somos adoptados por Dios e injertados en la vida de la Gracia) prosigue con mi conversión personal y florece en el ejercicio de las obras buenas que brotan de esta y que son testimonio de mi vivir en Cristo. Estas Obras son ayuda en el incremento del favor de Dios en mi vida al serle yo agradable y aumenta mi caudal de Salvación ante el Altísimo.

Nota: Sería muy injusto (y Dios no lo es) que consideráramos que las Obras malas me destituyeran de la Salvación y las buena no ayudaran, esta es pura lógica de Dios.

Nuestros hermanos de otras Iglesias que aun persisten en las controversias doctrinales nos bombardean continuamente con “que las Obras no sirven”. Cuando San Pablo habla de que las obras no sirven para nada se está refiriendo como en Romanos 3: 27-28 a las obras de la Ley judía, los judíos pensaban que ellos eran agradables a Dios y obtenían su favor por las cosas que hacían y que les indicaba la Ley, tal como los baños rituales, el lavado de objetos, etc., San Pablo le dice a los fieles que nuestra salvación ¡NO! viene de eso que hacemos, sino de lo que creemos pues esta ya se logró en Cristo, además esta forma de pensar llevaba al fariseísmo a pensar  “en lo bueno que soy yo” actitud que aun hoy es un peligro espiritual. No hay que confundir, San Pablo, el apóstol que escribió en 1 Corintios 13 el hermoso Himno a la Caridad (=Amor) no puede menospreciar las obras que nacen de la conversión:

“Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy.”   

 El gran peligro de nuestros hermanos de otras iglesias es que miran a Pablo desligado de Cristo o miran a Cristo a través de San Pablo, ¡gran error! , hay que mirar a Pablo a través de la Doctrina de Cristo y así se puede entender en su correcto sentido lo que dice el Apóstol.

Ahora bien, la Iglesia ha proclamado por siglos que la salvación es don de Cristo y se obtiene por Fe pero que una vez Justificada el alma el hombre puede acrecentar la santidad por las obras o perderla por la falta de las mismas, es sencillo si no hacemos una lectura parcial de la Biblia. Miremos algunos pasajes:

 “De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído.” Gálatas 5-4

El hombre puede perder la gracia si se rige solo por la Ley y puede perder su salvación si esta fe no va acompañada de buenas obras como por ejemplo veamos a:

“Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de juicio de las nacionsbeber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces losjustos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis. Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis. Entonces también ellos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no te servimos? Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis. E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.”  Mateo 25: 31-45

 En este capítulo vemos claramente como el Señor habló claro respecto del fin y del Juicio, como el hombre va a ser juzgado por sus obras la cual como dice Santiago son índice de su Fe, pues una Fe sin obras es Fe muerta (cf. Santiago 2: 17), es curioso este Evangelio donde Jesús reconoce a sus herederos no por lo que sintieron o dijeron, sino por lo que hicieron, cuando das frutos de buenas obras te asemejas a Dios y este se reconoce en ti y ve el fruto de su Redención actuando en tu vida. En este Evangelio inclusive hay hombres que son llamados al Reino sin saber que las obras que hacían eran al mismo Señor …Misterio de la Redención y de la Gracia…

“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras. De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino.”  Mateo 16: 24-28

En este Capítulo Jesús afirma que va a pagar a cada cual según sus obras y es sencillo, desde el momento en que el hombre acepta a Jesús como salvador por Fe, esta le da la Salvación; pero ha sido una decisión del hombre aceptarla, la salvación estaba ahí pues se mereció por el sacrificio de Jesús en la cruz; pero la aceptación de esta es un movimiento libre de la voluntad del hombre o sea una obra, si el hombre puede perder la salvación por el pecado (que es obra del hombre) bien puede acrecentar esta por obras buenas no para que se gloríe el hombre sino porque esta fe fructifica y como dijo Cristo “por sus obras los conoceréis” veamos:

 Entonces vino uno y le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna? Él le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios. Más si quieres entrar en la vida, guarda los Mandamientos. Le dijo: ¿Cuáles? Y Jesús dijo: No matarás. No adulterarás. No hurtarás. No dirás falso testimonio. Honra a tu padre y a tu madre; y, Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El joven le dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta? Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el Cielo; y ven y sígueme. Oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones. Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el reino de los Cielos.”  Mateo 19: 16-22

 El joven rico era un hombre de Fe que vivía de acuerdo a la Ley de Dios ; pero le faltaban las obras, darlo todo a los pobres, y Jesús le dice que si hace esto tendrá un tesoro en el Cielo, ¡no en la tierra!, en el Cielo, luego Jesús dice que es difícil para un rico entrar al Cielo o sea salvarse porque casi siempre va acompañado de la avaricia. Veamos otro pasaje donde el Apóstol habla de la importancia de las Obras:

 “Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo. Mas sabemos que el juicio de Dios contra los que practican tales cosas es según verdad. ¿Y piensas esto, oh hombre, tú que juzgas a los que tal hacen, y haces lo mismo, que tú escaparás del juicio de Dios? ¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento? Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, el cual pagará a cada uno conforme a sus obras: vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad” Romanos 2, 1-6

Vemos en Lucas 19: 8-9 como Zaqueo al convertirse entregó la mitad de sus bienes a los pobres y zebedeo y jesusJesús exclamó “Hoy ha entrado la salvación a esta casa” o sea Zaqueo fue salvo por que su Fe la demostró con las obras. Veamos otro pasaje del Evangelio donde se nos habla de la importancia de las Obras:

“Y yo os digo: Ganad amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando éstas falten, os reciban en las moradas eternas.” Lucas 16: 9

 En Lucas 16,9 Jesús pone de ejemplo a un mayordomo infiel que hizo arreglos para ser justificado delante de su amo con las deudas de los demás y Jesús terminando la parábola nos dice que hagamos el bien con nuestras limitaciones para que obtengamos la gloria.

 Veamos este otro pasaje de los consejos de San Pablo a Timoteo:

“Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren.” 1 Timoteo 4: 16

 El apóstol Pablo le dice a su discípulo que cuide de sí y de la doctrina para que se Salve y salve a otros porque el hombre va a ser juzgado por la responsabilidad que tenemos sobre la salvación de otros, la salvación es individual y a la vez colectiva pues somos responsables de aquellos que se nos han sido encomendado.

Veamos la gran importancia que le da Apocalipsis 20 y 2 Corintios a las Obras y el juicio:

  “Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.” Apocalipsis 20: 12-15

“Así que vivimos confiados siempre, y sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor (porque por fe andamos, no por vista); pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor. Por tanto procuramos también, o ausentes o presentes, serle agradables. Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.”    2 Corintios 5: 8-12

Según vemos en 2 Corintios y Apocalipsis 20 el juicio de Dios va s ser sobre las obras que el hombre ha hecho, muchos hermanos protestantes dirán que Pablo en muchas ocasiones dice que la salvación viene por Fe y no por obras para que el hombre no se envanezca y ¡es cierto!, puesto que la Palabra de Dios no se puede contradecir y en esto la Iglesia ha sido clara: la salvación viene de Dios por el sacrificio de su Hijo Jesucristo en la cruz y es dada al hombre por Fe aun sin merecerlo; pero esta Fe si es sincera se transforma en obras hacia los demás o sea en caridad sin la cual nada es perfecto y por estas obras va a juzgar el Señor, cuando venga con gloria pues como dice su palabra “no todo el que dice Señor, Señor entrara en el Reino de los Cielos” (Mateo 7: 21). Dice el apóstol Santiago en su carta:

“Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras. Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan. ¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta? ¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras?”    Santiago 2: 14-26

 Santiago nos aclara la función de la Fe y las Obras, Fe sin obras no existe pues es Fe muerta y las obras son testimonio de la Fe, “todo árbol sin frutos será cortado y echado al fuego” (cf. Mateo 3: 10, 7: 19), Cristo Justifica y salva; pero también juzga al hombre por la Fe a través de sus obras, porque los demonios creen y tiemblan y no por esto son salvos.

En fin hermanos, la Salvación es por el camino estrecho, con trabajos, no es una salvación de Burger King, de hacer una oracioncita y ser salvo, el que predique una salvación fácil no ha leído el Evangelio ni conoce el Espíritu de estos, es un fatuo que lleva a sus ovejas al despeñadero, la Redención es un Don de Dios la posibilidad de Salvarme que comienza en la Gracia y sigue en la Fe es un don gratuito de Dios, pero el hombre responde a esa Redención y a esa salvación por las obras de amor que nos asemejan al dulce Jesús, Jesús no hablo de Teologías en su vida mesiánica, hablo de amor incondicional, de hermosas relaciones humanas, cosas todas que nos asemejan a Él. El camino de la Salvación es estrecho, y amplio el que conduce a la perdición.

A Continuación les ofrecemos la Declaración conjunta firmada por la Iglesia Católica y por la Federación Mundial Luterana donde se confiesa nuestra conformidad en la Doctrina de la Justificación y de la salvación, piedra de división de ambas Iglesias en la Reforma, ha terminado un largo capítulo de incomprensiones, sigamos orando para que un día seamos uno y digno Cuerpo de Cristo el Cordero. Amén.

 DECLARACION CONJUNTA SOBRE LA DOCTRINA DE LA JUSTIFICACION

FEDERACION LUTERANA MUNDIAL-CONSEJO PONTIFICIO PARA LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS

 Un documento histórico «Podemos alegrarnos por este importante logro ecuménico». Con estas palabras Juan Pablo II comentó el 28 de junio la «Declaración conjunta sobre la doctrina de la justificación» firmada por la Santa Sede y la Federación Luterana Mundial. Se trata de un documento que quiere poner fin a condenas históricas entre las dos confesiones cristianas. El pontífice reconoció que, «si bien la Declaración no resuelve todas las cuestiones relativas a la doctrina de la justificación, expresa un consenso en verdades fundamentales de tal doctrina». Al final del documento publicamos las aclaraciones que ilustró el cardenal el cardenal Edward I. Cassidy, prefecto del Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos, al presentar oficialmente la Declaración conjunta.

 DECLARACION CONJUNTA SOBRE LA DOCTRINA DE LA JUSTIFICACION

(Propuesta definitiva) FEDERACION LUTERANA MUNDIAL-CONSEJO PONTIFICIO PARA LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS

Preámbulo

  1. La doctrina de la justificación tuvo una importancia capital para la reforma luterana del siglo XVI. De hecho, sería el «artículo primero y principal» (1), a la vez «rector y juez de las demás doctrinas cristianas» (2). La versión entonces fue sostenida y defendida en particular por su singular apreciación contra la teología y la iglesia católicas romanas de la época que, a su vez, sostenían y defendían una doctrina de la justificación de otra índole. Desde la perspectiva de la Reforma, la justificación era la raíz de todos los conflictos, y tanto en las Confesiones luteranas (3) como en el Concilio de Trento de la Iglesia católica romana hubo condenas de una y otra doctrinas. Esta últimas siguen vigentes, provocando divisiones dentro de la Iglesia.
  2. Para la tradición luterana, la doctrina de la justificación conserva esa condición particular. De ahí que desde un principio, ocupara un lugar preponderante en el diálogo oficial luterano-católico romano.
  3. Al respecto, les remitimos a los informes «The Gospel and the Church» (1972) (4) y «Church and Justification» (1994) (5) de la Comisión luterano-católica romana; «Justificación by Faith» (1983) (6) del Diálogo luterano-católico romano de los Estados Unidos y «The Condemnations of the Reformation Era – Do They Still Divide?» (1986) (7) del Grupo de trabajo ecuménico de teólogos protestantes y católicos de Alemania. Las iglesias han acogido oficialmente algunos de estos informes de los diálogos; ejemplo importante de esta acogida es la respuesta vinculante que en 1994 dio la Iglesia Evangélica Unida de Alemania al estudio «Condemnations» al más alto nivel posible de reconocimiento eclesiástico, junto con las demás iglesias de la Iglesia evangélica de Alemania (8).
  4. Respecto a los debates sobre la doctrina de la justificación, tanto enfoques y conclusiones de los informes de los diálogos como las respuestas trasuntan un alto grado de acuerdo. Por lo tanto, ha llegado la hora de hacer acopio de los resultados de los diálogos sobre esta doctrina y resumirlos para informar a nuestras iglesias acerca de los mismos a efectos de que puedan tomar las consiguientes decisiones vinculantes.
  5. Una de las finalidades de la presente Declaración conjunta es demostrar que a partir de este diálogo, las iglesias luterana y católica romana (9) se encuentran en posición de articular una interpretación común de nuestra justificación por la gracia de Dios mediante la fe en Cristo. Cabe señalar que no engloba todo lo que una y otra iglesia enseñan acerca de la justificación, limitándose a recoger el consenso sobre las verdades básicas de dicha doctrina y demostrando que las diferencias subsistentes en cuanto a su explicación, ya no dan lugar a condenas doctrinales.
  6. Nuestra declaración no es un planteamiento nuevo o independiente de los informes de los diálogos y demás documentos publicados hasta la fecha; tampoco los sustituye. Más bien, tal y como lo demuestra la lista de fuentes que figura en el anexo, se nutre de los mismos y de los argumentos expuestos en ellos.
  7. Al igual que los diálogos en sí, la presente Declaración conjunta se funda en la convicción de que al superar las cuestiones controvertidas y las condenas doctrinales de otrora, las iglesias no toman estas últimas a la ligera y reniegan su propio pasado. Por el contrario, la declaración está impregnada de la convicción de que en sus respectivas historias, nuestras iglesias han llegado a nuevos puntos de vista. Hubo hechos que no solo abrieron el camino sino que también exigieron que las iglesias examinaran con nuevos ojos aquellas condenas y cuestiones que eran fuente de división.
  8. EL MENSAJE BIBLICO DE LA JUSTIFICACION
  9. Nuestra escucha común de la palabra de Dios en las Escrituras ha dado lugar a nuevos enfoques. Juntos oímos lo que dice el Evangelio: «De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito para que todo aquel que en él cree no se pierda sino que tenga vida eterna» (San Juan 3, 16). Esta buena nueva se plantea de diversas maneras en las Sagradas Escrituras. En el Antiguo Testamento escuchamos la palabra de Dios acerca del pecado (Sal 51, 1-1; Dn 9, 5 y ss; Ec 8, 9 y ss; Esd 9;6 y ss) y la desobediencia humanos (Gn 3, 1-19 y Neh 9, 16-26), así como la «justicia» (Is 46, 13; 51, 5-8; 56, 1; cf. 53, 11; Jer 9, 24) y el «juicio» de Dios (Ec 12, 14; Sal 9,5 y ss; y 76, 7-9).
  10. En el Nuevo Testamento se alude de diversas maneras a la «justicia» y la «justificación» en los escritos de San Mateo (5,10; 6, 33 y 21, 32), San Juan (16, 8-11); Hebreos (5, 1-3 y 10, 37-38), y Santiago (2, 14-26) (10). En las epístolas de San Pablo también se describe de varias maneras el don de la salvación, entre ellas: «Estad pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres» (Gá 5, 1-13, cf. Ro 5, 11); «tenemos paz para con Dios» (Ro 6, 11-23) y «santificados en Cristo Jesús» (1 Co 1, 2 y 1, 31; 2 Co 1, 1). A la cabeza de todas ellas está la «justificación» del pecado de los seres humanos por la gracia de Dios por medio de la fe (Ro 3, 23-25) que cobró singular relevancia en el período de la Reforma.
  11. San Pablo asevera que el Evangelio es poder de Dios para la salvación de quien ha sucumbido al pecado; mensaje que proclama que «la justicia de Dios se revela por fe y para fe» (Ro 1, 16-17) y ello concede la «justificación» (Ro 3, 21-31). Proclama a Jesucristo «nuestra justificación» (1 Co 1, 30) atribuyendo al Señor resucitado lo que Jeremías proclama de Dios mismo (23, 6). En la muerte y resurrección de Cristo están arraigadas todas las dimensiones de su labor redentora porque él es «Señor nuestro, el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación» (Ro 4, 25). Todo ser humano tiene necesidad de la justicia de Dios «por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios» (Ro 1, 18; 2, 23 3, 22; 11, 32 y Gá 3, 22). En Gálatas 3, 6 y Romanos 4, 3-9, San Pablo entiende que la fe de Abraham (Gn 15, 6) es fe en un Dios que justifica al pecador y recurre al testimonio del Antiguo Testamento para apuntalar su prédica de que la justicia le será reconocida a todo aquel que, como Abraham, crea en la promesa de Dios. «Mas el justo por la fe vivirá» (Ro 1, 17 y Hab 2, 4, cf. Gá 3, 11). En las epístolas de San Pablo, la justicia de Dios también es poder para aquellos que tienen fe (Ro 1, 17 y 2 Co 5, 21). Él hace de Cristo justicia de Dios para el creyente (2 Co 5, 21). La justificación nos llega a través de Cristo Jesús «a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre» (Ro 3, 2, véase 3, 21-28). «Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. No por obras…» (Ef 2, 8-9).
  12. La justificación es perdón de los pecados (cf. Ro 3, 23-25; Hechos 13, 39 y San Lucas 18, 14), liberación del dominio del pecado y la muerte (Ro 5, 12-21) y de la maldición de la ley (Gá 3, 10-14) y aceptación de la comunión con Dios: ya pero no todavía plenamente en el reino de Dios a venir (Ro 5, 12). Ella nos une a Cristo, a su muerte y resurrección (Ro 6, 5). Se opera cuando acogemos al Espíritu Santo en el bautismo, incorporándonos al cuerpo que es uno (Ro 8, 1-2 y 9-11; y 1 Co 12, 12-13). Todo ello proviene solo de Dios, por la gloria de Cristo y por gracia mediante la fe en «el Evangelio del Hijo de Dios» (Ro 1, 1-3).
  13. Los justos viven por la fe que dimana de la palabra de Cristo (Ro 10, 17) y que obra por el amor (Gá 5, 6), que es fruto del Espíritu (Gá 5, 22) pero como los justos son asediados desde dentro y desde fuera por poderes y deseos (Ro 8, 35-39 y Gá 5, 16-21) y sucumben al pecado (1 Jn 1, 8 y 10) deben escuchar una y otra vez las promesas de Dios y confesar sus pecados (1 Jn 1, 9), participar en el cuerpo y en la sangre de Cristo y ser exhortados a vivir con justicia, conforme a la voluntad de Dios. De ahí que el Apóstol diga a los justos «…ocupaos en vuestra salvación por temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad» (Flp 2, 12-13). Pero ello no invalida la buena nueva: «Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús» (Ro 8, 1) y en quienes Cristo vive (Gá 2, 20). Por la justicia de Cristo «vino a todos los hombres la justificación que produce vida» (Ro 5, 18).
  14. LA DOCTRINA DE LA JUSTIFICACION EN CUANTO PROBLEMA ECUMENICO
  15. En el siglo XVI, las divergencias en cuanto a la interpretación y aplicación del mensaje bíblico de la justificación no solo fueron la causa principal de la división de la iglesia occidental, también dieron lugar a las condenas doctrinales. Por lo tanto, una interpretación común de la justificación es indispensable para acabar con esa división. Mediante el enfoque apropiado de estudios bíblicos recientes y recurriendo a métodos modernos de investigación sobre la historia de la teología y los dogmas, el diálogo ecuménico entablado después del Concilio Vaticano II ha permitido llegar a una convergencia notable respecto a la justificación, cuyo fruto es la presente Declaración conjunta que recoge el consenso sobre los planteamientos básicos de la doctrina de la justificación. A la luz de dicho consenso, las respectivas condenas doctrinales del siglo XVI ya no se aplican a los interlocutores de nuestros días.
  16. LA INTERPRETACION COMUN DE LA JUSTIFICACION
  17. Las iglesias luterana y católica romana han escuchado juntas la buena nueva proclamada en la Sagradas Escrituras. Esta escucha común, junto con las conversaciones teológicas mantenidas en estos últimos años, forjaron una interpretación de la justificación que ambas comparten. Dicha interpretación engloba un consenso sobre los planteamientos básicos que, aun cuando difieran, las explicaciones de las respectivas declaraciones no contradicen.
  18. En la fe, juntos tenemos la convicción de que la justificación es obra del Dios trino. El Padre envió a su Hijo al mundo para salvar a los pecadores. Fundamento y postulado de la justificación es la encarnación, muerte y resurrección de Cristo. Por lo tanto, la justificación significa que Cristo es justicia nuestra, en la cual compartimos mediante el Espíritu Santo, conforme con la voluntad del Padre. Juntos confesamos: «Sólo por gracia mediante la fe en Cristo y su obra salvífica y no por algún mérito nuestro, somos aceptados por Dios y recibimos el Espíritu Santo que renueva nuestros corazones, capacitándonos y llamándonos a buenas obras» (11).
  19. Todos los seres humanos somos llamados por Dios a la salvación en Cristo. Sólo a través de Él somos justificados cuando recibimos esta salvación en fe. La fe es en sí don de Dios mediante el Espíritu Santo que opera en palabra y sacramento en la comunidad de creyente y que, a la vez, les conduce a la renovación de su vida que Dios habrá de consumar en la vida eterna.
  20. También compartimos la convicción de que el mensaje de la justificación nos orienta sobre todo hacia el corazón del testimonio del Nuevo Testamento sobre la acción redentora de Dios en Cristo: nos dice que en cuanto pecadores nuestra nueva vida obedece únicamente al perdón y la misericordia renovadora que de Dios imparte como un don y nosotros recibimos en la fe y nunca por mérito propio cualquiera que éste sea.
  21. Por consiguiente, la doctrina de la justificación que recoge y explica este mensaje es algo más que un elemento de la doctrina cristiana y establece un vínculo esencial entre todos los postulados de la fe que han de considerarse internamente relacionados entre sí. Constituye un criterio indispensable que sirve constantemente para orientar hacia Cristo el magisterio y la práctica de nuestras iglesias. Cuando los luteranos resaltan el significado sin parangón de este criterio, no niegan la interrelación y el significado de todos los postulados de la fe. Cuando los católicos se ven ligados por varios criterios, tampoco niegan la función peculiar del mensaje de la justificación. Luteranos y católicos compartimos la meta de confesar a Cristo en quien debemos creer primordialmente por ser el solo mediador (1 Ti 2, 5-6) a través de quien Dios se da a sí mismo en el Espíritu Santo y prodiga sus dones renovadores.
  22. EXPLICACION DE LA INTERPRETACION COMUN DE LA JUSTIFICACION
  23. La impotencia y el pecado humanos respecto a la justificación
  24. Juntos confesamos que en lo que atañe a su salvación, el ser humano depende enteramente de la gracia redentora de Dios. La libertad de la cual dispone respecto a las personas y a las cosas de este mundo no es tal respecto a la salvación porque por ser pecador depende del juicio de Dios y es incapaz de volverse hacia él en busca de redención, de merecer su justificación ante Dios o de acceder a la salvación por sus propios medios. La justificación es obra de la sola gracia de Dios. Puesto que católicos y luteranos lo confesamos juntos, es válido decir que:
  25. Cuando los católicos afirman que el ser humano «coopera», aceptando la acción justificadora de Dios, consideran que esa aceptación personal es en sí un fruto de la gracia y no una acción que dimana de la innata capacidad humana.
  26. Según la enseñanza luterana, el ser humano es incapaz de contribuir a su salvación porque en cuanto pecador se opone activamente a Dios y a su acción redentora. Los luteranos no niegan que una persona pueda rechazar la obra de la gracia, pero aseveran que sólo puede recibir la justificación ‘pasivamente’, lo que excluye toda posibilidad de contribuir a la propia justificación de negar que el creyente participa plena y personalmente en su fe, que se realiza por la Palabra de Dios.
  27. La justificación en cuanto perdón del pecado y fuente de justicia
  28. Juntos confesamos que la gracia de Dios perdona el pecado del ser humano y, a la vez, lo libera del poder avasallador del pecado, confiriéndole el don de una nueva vida en Cristo. Cuando los seres humanos comparten en Cristo por fe, Dios ya no les imputa sus pecados y mediante el Espíritu Santo les transmite un amor activo. Estos dos elementos del obrar de la gracia de Dios no han de separarse porque los seres humanos están unidos por la fe en Cristo que personifica nuestra justificación (1 Co 1, 30), perdón del pecado y presencia redentora de Dios. Puesto que católicos y luteranos lo confesamos juntos, es válido decir que:
  29. Cuando los luteranos ponen el énfasis en que la justicia de Cristo es justicia nuestra, por ello entienden insistir sobre todo en que la justicia ante Dios en Cristo le es garantizada al pecador mediante la declaración de perdón y tan sólo en la unión con Cristo su vida es renovada. Cuando subrayan que la gracia de Dios es amor redentor («el favor de Dios») (12) no por ello niegan la renovación de la vida del cristiano. Más bien quieren decir que la justificación está exenta de la cooperación humana y no depende de los efectos renovadores de vida que surte la gracia en el ser humano.
  30. Cuando los católicos hacen hincapié en la renovación de la persona desde dentro al aceptar la gracia impartida al creyente como un don (13), quieren insistir en que la gracia del perdón de Dios siempre conlleva un don de vida nueva que en el Espíritu Santo, se convierte en verdadero amor activo. Por lo tanto, no niegan que el don de la gracia de Dios en la justificación sea independiente de la cooperación humana.
  31. Justificación por fe y por gracia
  32. Juntos confesamos que el pecador es justificado por la fe en la acción salvífica de Dios en Cristo. Por obra del Espíritu Santo en el bautismo, se le concede el don de salvación que sienta las bases de la vida cristiana en su conjunto. Confían en la promesa de la gracia divina por la fe justificadora que es esperanza en Dios y amor por él. Dicha fe es activa en el amor y, entonces, el cristiano no puede ni debe quedarse sin obras, pero todo lo que en el ser humano antecede o sucede al libre don de la fe no es motivo de justificación ni la merece.
  33. Según la interpretación luterana, el pecador es justificado sólo por la fe (‘sola fide’). Por fe pone su plena confianza en el Creador y Redentor con quien vive en comunión. Dios mismo insufla esa fe, generando tal confianza en su palabra creativa. Porque la obra de Dios es una nueva creación, incide en todas las dimensiones del ser humano, conduciéndolo a una vida de amor y esperanza. En la doctrina de la «justificación por la sola fe» se hace una distinción entre la justificación propiamente dicha y la renovación de la vida que forzosamente proviene de la justificación, sin la cual no existe la fe, pero ello no significa que se separen una y otra. Por consiguiente, se da el fundamento de la renovación de la vida que proviene del amor que Dios otorga al ser humano en la justificación. Justificación y renovación son una en Cristo quien está presente en la fe.
  34. En la interpretación católica también se considera que la fe es fundamental en la justificación. Porque sin fe no puede haber justificación. El ser humano es justificado mediante el bautismo en cuanto oyente y creyente de la palabra. La justificación del pecador es perdón de los pecados y volverse justo por la gracia justificadora que nos hace hijos de Dios. En la justificación, el justo recibe de Cristo la fe, la esperanza y el amor, que lo incorporan a la comunión con él (14). Esta nueva relación personal con Dios se funda totalmente en la gracia y depende constantemente de la obra salvífica y creativa de Dios misericordioso que es fiel a sí mismo para que se pueda confiar en él. De ahí que la gracia justificadora no sea nunca una posesión humana a la que se puede apelar ante Dios. La enseñanza católica pone el énfasis en la renovación de la vida por la gracia justificadora; esta renovación en la fe, la esperanza y el amor siempre depende de la gracia insondable de Dios y no contribuye en nada a la justificación de la cual se podría hacer alarde ante Él (Ro 3, 27).
  35. El pecador justificado
  36. Juntos confesamos que en el bautismo, el Espíritu Santo nos hace uno en Cristo, justifica y renueva verdaderamente al ser humano, pero el justificado, a lo largo de toda su vida, debe acudir constantemente a la gracia incondicional y justificadora de Dios. Por estar expuesto, también constantemente, al poder del pecado y a sus ataques apremiantes (cf. Ro 6, 12-14), el ser humano no está eximido de luchar durante toda su vida con la oposición a Dios y la codicia egoísta del viejo Adán (cf. Gá 5, 16 y Ro 7, 7-10). Asimismo, el justificado debe pedir perdón a Dios todos los días, como en el Padrenuestro (Mt 6, 12 y 1 Jn 1, 9), y es el llamado incesantemente a la conversión y la penitencia, y perdonado una y otra vez.
  37. Los luteranos entienden que ser cristiano es ser «al mismo tiempo justo y pecador». El creyente es plenamente justo porque Dios le perdona sus pecados mediante la Palabra y el Sacramento, y le concede la justicia de Cristo que él hace suya en la fe. En Cristo, el creyente se vuelve justo ante Dios pero viéndose a sí mismo, reconoce que también sigue siendo totalmente pecador; el pecado sigue viviendo en él (1 Jn 1, 8 y Ro 7, 17-20), porque se torna una y otra vez hacia falsos dioses y no ama a Dios con ese amor íntegro que debería profesar a su Creador (Dt 6, 5 y Mt 22, 36-40). Esta oposición a Dios es en sí un verdadero pecado pero su poder avasallador se quebranta por mérito de Cristo y ya no domina al cristiano porque es dominado por Cristo a quien el justificado está unido por la fe. En esta vida, entonces, el cristiano puede llevar una existencia medianamente justa. A pesar del pecado, el cristiano ya no está separado de Dios porque renace en el diario retorno al bautismo, y a quien ha renacido por el bautismo y el Espíritu Santo, se le perdona ese pecado. De ahí que el pecado ya no conduzca a la condenación y la muerte eterna (15). Por lo tanto, cuando los luteranos dicen que el justificado es también pecador y que su oposición a Dios es un pecado en sí, no niegan que, a pesar de ese pecado, no sean separados de Dios y que dicho pecado sea un pecado «dominado». En estas afirmaciones coinciden con los católicos romanos, a pesar de la diferencia de interpretación del pecado en el justificado.
  38. Los católicos mantienen que la gracia impartida por Jesucristo en el bautismo lava de todo aquello que es pecado «propiamente dicho» y que es pasible de «condenación» (Ro 8, 1) (16). Pero de todos modos, en el ser humano queda una propensión (concupiscencia) que proviene del pecado y compele al pecado. Dado que según la convicción católica, el pecado siempre entraña un elemento personal y dado que este elemento no interviene en dicha propensión, los católicos no la consideran pecado propiamente dicho. Por lo tanto, no niegan que esta propensión no corresponda al designio inicial de Dios para la humanidad ni que esté en contradicción con Él y sea un enemigo que hay que combatir a lo largo de toda la vida. Agradecidos por la redención en Cristo, subrayan que esta propensión que se opone a Dios no merece el castigo de la muerte eterna ni aparta de Dios al justificado. Ahora bien, una vez que el ser humano se aparta de Dios por voluntad propia, no basta con que vuelva a observar los mandamientos ya que debe recibir perdón y paz en el Sacramento de la Reconciliación mediante la palabra de perdón que le es dado en virtud de la labor reconciliadora de Dios en Cristo.
  39. Ley y Evangelio
  40. Juntos confesamos que el ser humano es justificado por la fe en el Evangelio «sin las obras de la Ley» (Ro 3, 28). Cristo cumplió con ella y, por su muerte y resurrección, la superó cuanto medio de salvación. Asimismo, confesamos que los mandamientos de Dios conservan toda su validez para el justificado y que Cristo, mediante su magisterio y ejemplo, expresó la voluntad de Dios que también es norma de conducta para el justificado.
  41. Los luteranos declaran que para comprender la justificación es preciso hacer una distinción y establecer un orden entre ley y Evangelio. En teología, ley significa demanda y acusación. Por ser pecadores, a lo largo de la vida de todos los seres humanos, cristianos incluidos, pesa esta acusación que revela su pecado para que mediante la fe en el Evangelio se encomienden sin reservas a la misericordia de Dios en Cristo que es la única que los justifica.
  42. Puesto que la ley en cuanto medio de salvación fue cumplida y superada a través del Evangelio, los católicos pueden decir que Cristo no es un «legislador» como lo fue Moisés. Cuando los católicos hacen hincapié en que el justo está obligado a observar los mandamientos de Dios, no por ello niegan que mediante Jesucristo, Dios ha prometido misericordiosamente a sus hijos, la gracia de la vida eterna (18).
  43. Certeza de salvación
  44. Juntos confesamos que el creyente puede confiar en la misericordia y en las promesas de Dios. A pesar de su propia flaqueza y de las múltiples amenazas que acechan su fe, en virtud de la muerte y resurrección de Cristo puede edificar a partir de la promesa efectiva de la gracia de Dios en la Palabra y el Sacramento y estar seguros de esta gracia.
  45. Los reformadores pusieron un énfasis particular en ello: en medio de la tentación, el creyente no debería mirarse a sí mismo sino contemplar únicamente a Cristo y confiar tan sólo en Él. Al confiar en la promesa de Dios, tiene la certeza de su salvación que nunca tendrá mirándose a sí mismo.
  46. Los católicos pueden compartir la preocupación de los reformadores por arraigar la fe en la realidad objetiva de la promesa de Cristo, prescindiendo de la propia experiencia y confiando sólo en la Palabra de perdón de Cristo (cf. Mt 16, 19 y 18, 18). Con el Concilio Vaticano II, los católicos declaran: Tener fe es encomendarse plenamente a Dios (19) que nos libera de la oscuridad del pecado y la muerte y nos despierta a la vida eterna (20). Al respecto, cabe señalar que no se puede creer en Dios y, a la vez, considerar que la divina promesa es indigna de confianza. Nadie puede dudar de la misericordia de Dios ni del mérito de Cristo. No obstante, todo ser humano puede interrogarse acerca de su salvación, al constatar sus flaquezas e imperfecciones. Ahora bien, reconociendo sus propios defectos puede tener la certeza de que Dios ha previsto su salvación.
  47. Las buenas obras del justificado
  48. Juntos confesamos que las buenas obras, una vida cristiana de fe, esperanza y amor, surgen después de la justificación y son fruto de ella. Cuando el justificado vive en Cristo y actúa en la gracia que le fue concedida, en términos bíblicos, produce buen fruto. Dado que el cristiano lucha contra el pecado toda su vida, esta consecuencia de la justificación también es para él un deber que debe cumplir. Por consiguiente, tanto Jesús como los escritos apostólicos amonestan al cristiano a producir las obras del amor.
  49. Según la interpretación católica, las buenas obras, posibilitadas por obra y gracia del Espíritu Santo, contribuyen a crecer en gracia para que la justicia de Dios sea preservada y se ahonde la comunión en Cristo. Cuando los católicos afirman el carácter «meritorio» de las buenas obras, por ello entienden que, conforme al testimonio bíblico, se les promete una recompensa en el Cielo. Su intención no es cuestionar la índole de esas obras en cuanto don, ni mucho menos negar que la justificación siempre es un don inmerecido de la gracia, sino poner el énfasis en la responsabilidad del ser humano por sus actos.
  50. Los luteranos también sustentan el concepto de preservar la gracia y de crecer en gracia y fe, haciendo hincapié en que la justicia en canto ser aceptado por Dios y compartir la justicia de Cristo es siempre completa. Asimismo, declaran que puede haber crecimiento por su incidencia en la vida cristiana. Cuando consideran que las buenas obras del cristiano son frutos y señales de la justificación y no de los propios «méritos», también entienden por ellos que, conforme al Nuevo Testamento, la vida eterna es una «recompensa» inmerecida en el sentido del cumplimiento de la promesa de Dios al creyente.
  51. SIGNIFICADO Y ALCANCE DEL CONSENSO LOGRADO
  52. La interpretación de la doctrina de la justificación expuesta en la presente declaración demuestra que entre luteranos y católicos hay consenso respecto a los postulados fundamentales de dicha doctrina. A la luz de este consenso, las diferencias restantes de lenguaje, elaboración teológica y énfasis, descritas en los párrafos 18 a 39, son aceptables. Por lo tanto, las diferencias de las explicaciones luterana y católica de la justificación están abiertas unas a otras y no desbarata el consenso relativo a los postulados fundamentales.
  53. De ahí que las condenas doctrinales del siglo XVI, por lo menos en lo que atañe a la doctrina de la justificación, se vean con nuevos ojos: las condenas del Concilio de Trento no se aplican al magisterio de las iglesias luteranas expuesto en la presente declaración y, la condenas de las Confesiones Luteranas, no se aplican al magisterio de la Iglesia Católica Romana, expuesto en la presente declaración.
  54. Ello no quita seriedad alguna a las condenas relativas a la doctrina de la justificación. Algunas distaban de ser simples futilidades y siguen siendo para nosotros «advertencias saludables» a las cuales debemos atender en nuestro magisterio y práctica (21).
  55. Nuestro consenso respecto a los postulados fundamentales de la doctrina de la justificación debe llegar a influir en la vida y el magisterio de nuestras iglesias. Allí se comprobará. Al respecto subsisten cuestiones de mayor o menor importancia que requieren ulterior aclaración, entre ellas, temas tales como: la relación entre la Palabra de Dios y la doctrina de la iglesia, eclesiología, autoridad de la iglesia, ministerio, los sacramentos y la relación entre justificación y ética social. Estamos convencidos de que el consenso que hemos alcanzado sienta sólidas bases para esta aclaración. Las iglesias luteranas y la Iglesia Católica Romana seguirán bregando juntas por profundizar esta interpretación común de la justificación y hacerla fructificar en la vida y el magisterio de las iglesias.
  56. Damos gracias al Señor por este paso decisivo en el camino de superar la división de la iglesia. Pedimos al Espíritu Santo que nos siga conduciendo hacia esa unidad visible que es voluntad de Cristo.

(1) Artículos de Esmascalda, II, 1; Libro de concordia, 292.

(2) «Rector et judex super omnia genera doctrinarum» Weimar Edition of Luther’s Works (WA), 39, I, 205.

(3) Cabe señalar que las confesiones vinculantes de algunas iglesias luteranas sólo abarcan la Confesión de Ausburgo y el Catecismo menor de Lutero, textos que no contienen condenas acerca de la justificación en relación con la Iglesia católica romana.

(4) «Report of the Joint Lutheran-Roman Catholic Sutdy Comission», publicado en «Growth in Agreement» (Nueva York; Ginebra, 1984) – pp. 168-189.

(5) Publicado por la Federación Luterana Mundial (Ginebra, 1994).

(6) «Lutheran and Catholics in Dialogue VII» (Minneapolis, 1985).

(7) Minneapolis, 1990.

(8) Gemeinsame Stellungnahme der Arnoldshainer Konferenz, der Vereinigten Kirche und des Deutschen Nationalkomitees des Lutherischen Weltbundes zum Dokument “Lehrverurteilungen-kirchentrennend” Ökumenische Rundschau 44 (1995) : 99-102; including the position papers wich underlie this resolution, cf. Lehrverurteilungen im Gespräch, Die ersten offiziellen Stellungnahmen aus den evangelischen Kirchen in Deutschland (Göttingen: Vandenhoeck & Ruprecht, 1993).

(9) En la presente declaración la palabra «iglesia» se utiliza para reflejar las propias interpretaciones de las iglesias participantes sin que se pretenda resolver ninguna de las cuestiones eclesiológicas relativas a dicho término.

(10) Cf. «Malta Report» paras. 26-30 «Justification by Faith», paras. 122-147. At the request of the Us dialogue on justification, the non-Pauline New Testament texts were addressed in «Righteousness in the New Testament», by John Reumann, with responses by Joseph A. Fitzmyer and Jerome D. Quinn (Philadelphia; New York, 1982), pp. 124-180. The results of this study were summarized in the dialogue report «Justification by Faith» in paras. 139-142.

(11) «All Under One Christ» p. 14 in «Growth in Agreement», 241-247.

(12) Cf. WA 8:106; American Edition 32:227.

(13) Cf. DS 1528

(14) Cf. DS 1530

(15) Cf. Apology II: 38-45, Libro de concordia, 105f.

(16) Cf. DS 1515

(17) Cf. DS 1515

(18) Cf. 1545

(19) Cf. DV 5.

(20) Cf. DV 4.

(21) «Condemnations of the Reformation Era», 27.

ACLARACIONES DE LA SANTA SEDE A LA DECLARACION CONJUNTA

Al presentar el 25 de junio en la Sala de Prensa de la Santa Sede la «Declaración conjunta sobre la doctrina de la justificación», el cardenal Edward I. Cassidy, prefecto del Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos, ilustró algunas cuestiones del documento que todavía tienen que aclararse para que alcance el acuerdo total por parte de la Santa Sede. El cardenal puso en evidencia que este documento, «sin lugar a dudas, debe ser entendido como un eminente resultado del movimiento ecuménico y como un hito en el camino hacia el restablecimiento de la plena unidad visible entre los discípulos del único Señor y Salvador Jesucristo». El purpurado reveló que por parte católica, el proyecto ha sido examinado principalmente por la Congregación para la Doctrina de la Fe y el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos. Asimismo, aseguró que la Santa Sede ha recibido una considerable ayuda de los comentarios ofrecidos por varias Conferencias Episcopales de países en los que un significativo número de luteranos y católicos viven juntos.

Los límites de la declaración

Cassidy explicó que «Al mismo tiempo, la declaración común tiene sus límites. Constituye un importante progreso, pero no pretende resolver todas las cuestiones que luteranos y católicos deben afrontar juntos en el camino que han emprendido para superar su separación y llegar a la plena unidad visible». «La Iglesia católica cree que no se puede hablar aún de un consenso tal que elimine toda diferencia entre católicos y luteranos en la comprensión de la justificación». «Las dificultades principales son las relativas al párrafo 4.4 de la declaración común, sobre la persona justificada como pecadora. (…) La explicación luterana parece en contradicción con la comprensión católica del bautismo, que borra todo lo que puede ser propiamente definido como pecado». «Uno de los puntos más debatidos de la declaración común se refiere a la cuestión tratada en el n. 18, relativa al modo según el cual los luteranos comprenden la justificación, que para ellos constituye el criterio sobre el que se basa la vida y la praxis de la Iglesia (…). También para los católicos, la doctrina de la justificación es ‘un criterio indispensable que constantemente orienta hacia Cristo toda la enseñanza y la praxis de nuestras Iglesias’. Los católicos, sin embargo, ‘se sienten vinculados por múltiples criterios’ y la Nota enumera estos últimos». «Con satisfacción, la Iglesia Católica ha puesto en evidencia que el n. 21 (…) declara que el hombre puede rechazar la gracia; pero hay que afirmar también que, junto a la libertad de rechazar, existe en la persona justificada una nueva capacidad para adherirse a la voluntad divina, una capacidad que -justamente- se define como ‘cooperatio’. Teniendo en cuenta este modo de comprender, y notando también que en el n. 17 luteranos y católicos expresan la convicción común de que la nueva vida proviene de la misericordia divina, y no de un mérito nuestro de cualquier tipo, no se ve bien cómo el término ‘mere passive’ pueda ser usado a este propósito por los luteranos». «La Iglesia católica mantiene también, junto con los Luteranos, que las buenas obras de la persona justificada son siempre fruto de la gracia. Al mismo tiempo, y sin disminuir mínimamente la total iniciativa divina, ésta (la Iglesia) las considera fruto del hombre justificado e interiormente transformado. Por lo tanto, se puede afirmar que la vida eterna es, al mismo tiempo, gracia y recompensa dada por Dios por las buenas obras y los méritos». «Sería especialmente deseable proceder a una reflexión más profunda sobre el fundamento bíblico que constituye, tanto para los luteranos como para los católicos, la base común de la doctrina de la justificación». «El acto formal de la firma de la declaración común está fijado para el próximo otoño, en una fecha que todavía no se ha establecido y en el marco de las celebraciones por el consenso alcanzado».

Para Profundizar:

  1. Preguntas Católicas. Por EWTN. Disponible en: Sobre las obras y la Salvación Disponible en: http://www.ewtn.com/v/experts/showresult_sp.asp?RecNum=622852&Forums=23%20or%20ForumID%20=%2024&Experts=17%20OR%20ExpertID%20=%2035&Days=90&pg5=1&pgnu=1&Author=&Keyword=&IDList=1   
  2. Las Obras y la Salvación. Por Apologética Siloé. Disponible en: http://apologeticasiloe.net/Apologetica/Obras%20y%20Salvacion.htm

 

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Acerca de José Carlos Pando Valdés

Gracias por dedicar parte de su tiempo a la lectura apologética, tan ncesitada dentro de la Iglesia actual. Que Dios lo colme de Bendiciones.

2 Comments

  1. Nilbia Luna

    SANTIAGO 2:14-26.

    Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno DICE QUE TIENE FE, Y NO TIENE OBRAS?

    Y NO TIENE OBRAS? ….. Y NO TIENE OBRAS? …. Y NO TIENE OBRAS?

    ¿PODRÁ LA FE SALVARLE? ¿PODRÁ LA FE SALVARLE? ¿PODRÁ LA FE SALVARLE?

    15. Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día,
    16. y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha?
    17. Así también LA FE, SI NO TIENE OBRA, ES MUERTA en sí misma.
    18. Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras.
    19. Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan.
    20. ¿Mas quieres saber, hombre vano, QUE LA FE SIN OBRAS ES MUERTA?
    21. ¿No fue justificado POR LAS OBRAS Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar?
    22. ¿No ves que LA FE ACTUÓ juntamente con SUS OBRAS, y que la fe se perfeccionó POR LAS OBRAS?
    23. Y se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios.
    24. Vosotros veis, pues, que el hombre ES JUSTIFICADO POR LAS OBRAS, y no SOLAMENTE POR LA FE.
    25. Asimismo también Rahab la ramera, ¿no fue justificada por obras, cuando recibió a los mensajeros y los envió por otro camino?
    26. Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también LA FE SIN OBRAS ESTÁ MUERTA.

    EN UNA CONVERSACIÓN

    alguien me dijo:
    ¿ Entonces, tú crees que la salvación se puede perder ?

    yo le contesté con otra pregunta:

    Si la salvación no se puede perder ¿Porqué, tú y yo evitamos blasfemar contra el Espíritu Santo? ¿qué piensas tú, de cuál sería la consecuencia si lo hiciéramos?

    Si la salvación no se puede perder ¿por qué nadie se atreve a proferir palabras contra el Espíritu Santo?………

    ¿sabes por qué ninguno se atreve a TENTAR a Dios con semejante locura?

    Porque saben perfectamente que perderían para siempre su salvación;
    ¿y dónde queda lo de: “salvo siempre salvo?

    Es por eso, que: “salvo siempre salvo” es otra fábula más de maestros conforme a sus propias concupiscencias. (2 Timoteo 4:1-4)

    Ella dijo:
    ¡Dios me libre de hacer eso!, y además el Espíritu Santo no lo va ha permitír.

    Le dije:
    El Espíritu Santo no nos lo impide, tenemos libre albedrío; lo que pasa es que tú y yo sabemos que si lo hacemos no tendremos jamás perdón de Dios y la consecuencia es la condenación eterna;
    Y muchos (sin darse cuenta) ya han blasfemado del Espíritu Santo, cuando por envidia, soberbia y contumacia, lanzan improperios contra los hermanos que el Espíritu Santo usa, en sanidades, expulsión de demonios, milagros, profecías, hablar en lenguas, etc.

    Me dijo:
    La bíblia no dice que tenemos libre albedrío, Dios lo tiene todo predeterminado.

    Le dije:
    Si lo dice, lo que pasa es que tú no te das cuenta, pero lo dice de esta manera:

    “Todas las cosas ME SON LÍCITAS, mas no todas convienen; todas las cosas ME SON LÍCITAS, mas yo NO ME DEJARÉ DOMINAR de ninguna” (1 Corintios 6:12)

    “TODO ME ES LÍCITO, pero no todo conviene;TODO ME ES LÍCITO, pero no todo edifica” (1 Corintios 10:23).

    En lo personal, esta es mi convicción:

    “YO POR EL ESPÍRITU AGUARDO POR FE LA ESPERANZA DE LA JUSTICIA” (Gálatas 5:5)

    YO JAMÁS ME JUSTIFICARÉ A MÍ MISMA, QUIEN ME JUZGA ES EL SEÑOR
    (1Corintios 4:3-5) (Job 9:20)

    *******

    ¿¿ SALVO SIEMPRE SALVO ??

    LOS QUE DEFIENDEN la doctrina de que la salvación no se pierde, habrán tenido el testimonio del Espíritu Santo confirmándoles que son de los predestinados desde ántes de la fundación del mundo.
    Porque ciertamente hay versículos en la bíblia que garantizan la salvación de los predestinados por Dios. Pero también sabemos, que hay predestinados para condenación (Judas 1:4) (2Pedro 2:3).
    Y todos sabemos por las Escrituras, (de manera alegórica), que en una casa hay vasos de honra y vasos de deshonra (Romanos 9:19-24).

    PERO LA BÍBLIA REGISTRA QUE:
    DIOS “SUJETÓ A TODOS EN DESOBEDIENCIA”, para ”TENER MISERICORDIA DE TODOS” (Romanos 11:32), esto incluye a los salvos por predestinación.
    Todos necesitamos del arrepentimiento para salvación (Lucas 13:1-5); y todos dependemos de la fe, vivencia y obediencia) (Apocalipsis 7:9, 13-17).

    DIOS DIJO:
    “Porque NO QUIERO LA MUERTE DEL QUE MUERE, dice Jehová el Señor; convertíos, pues, y viviréis” (Ezequiel 18:32)

    NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO DIJO:
    “ASÍ, NO ES LA VOLUNTAD DE NUESTRO PADRE que está en los cielos, QUE SE PIERDA uno de estos pequeños” (Mateo 18:14)

    EL APÓSTOL PABLO DIJO DE DIOS:
    “el cual QUIERE QUE TODOS LOS HOMBRES SEAN SALVOS y vengan al conocimiento de la verdad” (1Timoteo 2:4).

    Y EL APÓSTOL PEDRO ESCRIBIÓ:
    “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, NO QUERIENDO QUE “NINGUNO” PEREZCA, SINO QUE “TODOS” PROCEDAN AL ARREPENTIMIENTO” (2 Pedro 3:9)

    Fíjese, que dice: “Que Dios Sujetó a todos en desobediencia”, .. y después .. “Para tener misericordia de todos”, .. luego, .. “No quiero la muerte del que muere”, .. y .. “No es la voluntad de mi Padre, que se pierda uno de estos pequeños”, .. también …. “Quiere que todos los hombres sean salvos”. …. y por último, .. “No queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento”; .. esto incluye a los predestinados (Romanos 11:32).

    TOMANDO COMO BASE estos versículos anteriores, consideremos el siguiente ejemplo hipotético:

    Supongamos que de veinte (20) personas, solo cinco (5) serán salvas (predestinados), las quince (15) restante se perderán; (acuérdence que estamos haciendo un ejemplo hipotético)
    ¿Cómo puede Dios, decirles a las quince (15) perdidas: “No quiero que ustedes se pierdan, arrepiéntance”? (Ezequiel 18:32) (2Pedro 3:9) (1Timoteo 2:4). etc…..

    ¿No sería considerado esto como una hipocresía por parte de Dios?, puesto que Él sabe que solo cinco (por predestinación) se salvarán; entonces, ¿por qué ínsta a las demás a que se arrepientan, porque Él no quiere que se pierdan, sino, que sean salvas?

    Si la salvación no está condicionada al hombre sino a Dios, … ENTONCES …
    ¿DE QUIÉN DEPENDE LA PERDICIÓN? ¿del hombre? … ¿o de Dios?

    Porque ¿quién ha resistido a su VOLUNTAD? (Romanos 9:11-24);
    porque ¿quién hizo los vasos de ira y de deshonra? (Romanos 9:22);
    porque ¿quién es el que produce el querer como el hacer? (Filipenses 2:13);
    porque ¿quién es el que mata , y el que da vida; que hace descender y que hace subír? (1 Samuel 2:6) (Mateo 10:28);
    porque ¿quién estorbará lo que Él hace? (Isaías 43:13)

    ENTONCES:
    ¿Por qué razón, Dios, siendo soberano, dice: “NO QUIERO QUE “NINGUNO” PEREZCA, SINO QUE “TODOS” “TODOS” “TODOS” PROCEDAN AL ARREPENTIMIENTO”? (2 Pedro 3:9); Y QUE TODOS SEAN SALVOS (1Timoteo 2:4)

    ¡¡ HERMANOS ESTO NO PUEDE SER ASÍ; DIOS NO PUEDE SER TENTADO !!
    (Éxodo 17:2) (Mateo 4:1; 4:7; 22:18) (Santiago 1:13) (Hebreos 3:8-9) (Salmos 95:9) (Marcos 12:15) (Lucas 4:12; 20:23) (Hechos 15:10) (Deuteronomio 6:16).

    EL ALMA QUE PECARE ESA MORIRÁ (Ezequiel 18:4,20)

    HE OIDO DECÍR a los que sostienen la doctrina de Salvo Siempre Salvo (SSS), que los que se pierden es porque nunca fueron salvos, porque la salvación no está condicionada al hombre, sino que es un Don de Dios, sellado por el Espíritu Santo. Y USAN como base (sin ellos saberlo) los versículos que precísamente se refieren a los predestinados (Romanos 8:29-39) (Juan 10:27-29) etc. etc.

    PERO VUELVO Y REITERO: Los destinados para salvación no se perderán jamás (aunque estén plagados de tribulaciones: Hechos 20:18-24). Y los destinados para condenación no se salvarán jamás (Judas 1:4). PORQUE LOS DESTINADOS PARA CONDENACIÓN JAMÁS SON PARTÍCIPES DEL ESPÍRITU SANTO (Judas 1:19).

    PERO LOS (NO) DESTINADOS (que son la gran, gran, gran mayoría) aunque sean PARTÍCIPES DEL ESPÍRITU SANTO, tendrán que mantener la fe para preservación del alma; de lo contrario perderían su salvación (Hebreos 6:4-6; 10:39)

    NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO DIJO:
    “No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio (Juan 7:24); Nuestro Señor Jesucristo, nos motiva a escudriñar, meditar y evaluar las cosas para obtener resultados más explícitos y evidentes.
    En la cita bíblica de: Hebreos 6:4-6, haremos un análizis del texto, con la finalidad de mostrar que la doctrina de SSS, (mal canalizada por muchos), tiende a que la libertad que tenemos en Cristo Jesús, sea usada por muchos, como pretexto para hacer lo malo (libertinaje), Y VIENEN A SER TROPEZADERO PARA LOS DÉBILES EN LA FE (1Corintios 8:9-11) (Romanos 14:15) (1Pedro 2:16) (Gálatas 5:13) (Santiago 2:12) etc. etc.

    HEBREOS 6:4-6

    -Porque ES IMPOSIBLE que los que UNA VEZ FUERON ILUMINADOS y gustaron del DON CELESTIAL, Y FUERON HECHOS PARTÍCIPES DEL ESPÍRITU SANTO, y asimismo GUSTARON DE LA BUENA PALABRA DE DIOS y los PODERES DEL SIGLO VENIDERO, Y RECAYERON, SEAN OTRA VEZ RENOVADOS PARA ARREPENTIMIENTO, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio.

    DEDUCCIONES QUE SACAMOS DE ESTE VERSÍCULO

    1). Se trata de una advertencia dirigida a todos los creyentes; es una de las tantas amonestaciones que Dios a manifiestado atravez de su palabra; Dios en todas las épocas, siempre a advertido al hombre de las consecuencias que trae el pecado y la desobediencia;
    Ejemplos:
    (Ezequiel 18:24-30) (2 Reyes 17:13) (Zacarías 3:6) (Salmos 125:5) (Mateo 5:29-30; 16:25; 18:14) (Gálatas 5:16-21) (2 Corintios 13:6-8) (1 Tesalonicenses 5:6-11) (Números 16:26) (Josué 6:18) (Isaías 52:11) (Jeremías 17:13) (Sofonías 1:6) (2 Corintios 6:17; 11:29) (1Corintios 6:9-20) (2 Pedro 2:1-22) (2Samuel 12:9) (1 Reyes 16:19) (Romanos 2:4-16; 13:2; 14:15) (1Timoteo 1:9-10) etc. etc.

    2). No se refiere a los destinados para salvación, ni tampoco a los destinados para perdición, porque los destinados para condenación jamás son partícipes del Espíritu Santo (Judas 1:19).

    3). Se observa que FUERON ILUMINADOS por la Luz de Cristo (la Luz verdadera); La Luz de Dios en la faz de Jesucristo (Hebreos 10:32) (Isaías 2:5; 5:20; 60:19) (Salmos 4:6; 36:9; 44:3; 56:13; 89:15; 90:8; 90:17) (Proverbios 4:18) (Daniel 2:22) (Mateo 17:2) (Juan 1:4,7,8,9; 3:19; 8:12; 12:35,36,46) (Hechos 22:9,11; 26:18) (Romanos 13:12) (2 Corintios 4:4,6; 6:14) (Efesios 5:13-14) (1 Juan 2:8-10) etc. etc.

    4). Dice que GUSTARON DEL DON CELESTIAL, osea, participaron del llamamiento celestial, recibieron el Don de la justicia, el Don de la fe, (porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es Don de Dios), el Don inefable de Dios: (Hechos 2:38; 10:45; 11:17) (Romanos 5:15-17) (2 Corintios 9:15) (Efesios 2:8) (Hebreos 3:1) (Santiago 1:17) (1 Pedro 4:10) etc. etc.

    5). Dice que fueron hechos PARTÍCIPES DEL ESPÍRITU SANTO, lo cual demuestra que recibieron el Espíritu Santo de Dios; por lo tanto partíciparon de algun don del Espíritu (1Corintios 12:7-11);
    y a la vez estaban sellados con las arras del Espíritu (2 Corintios 1:22; 5:5).

    6). Sexto: dice que GUSTARON LA BUENA PALABRA DE DIOS, osea, participaban de la predicación del evangelio; la doctrina de Cristo, la comunión, el pan, las oraciones, ayunos y la esperanza en la gloria, los poderes y las bendiciones de la vida eterna en el siglo venidero (Marcos 10:30) (Lucas 18:30) (1 Tesalonicenses 2:13) (Lucas 8:11; 11:28) (Hechos 8:14; 11:1; 13:7; 17:13; 18:11) (Romanos 10:17) (Efesios 6:17) (Colosenses 1:25) (Hebreos 4:12; 13:7) (1 Pedro 1:23) (Hechos 2:41-47). etc. etc.

    CONCLUSIÓN

    SI LA SALVACIÓN no está condicionada al hombre sino a Dios, y su garantía está autenticada por la presencia y llenura del Espíritu Santo en la persona;

    ¿CÓMO ES POSIBLE QUE HEBREOS 6:4-6 CONTRADICE ESTA AFIRMACIÓN?.
    Se supone que no deberían perderse, puesto que fueron hechos partícipes del Espíritu de Dios.

    Si la salvación no está condicionada al hombre sino de Dios, .. ENTONCES …
    ¿DE QUIÉN DEPENDE LA PERDICIÓN? ¿del hombre? … ¿o de Dios?

    ¿Por qué Dios dice?: “NO QUIERO QUE “NINGUNO” PEREZCA, SINO QUE “TODOS” “TODOS” “TODOS” PROCEDAN AL ARREPENTIMIENTO”? (2 Pedro 3:9) y EL CUAL QUIERE QUE TODOS LOS HOMBRES SEAN SALVOS (1Timoteo 2:4)

    ¿ACASO SE EQUIVOCÓ DIOS?
    Porque ciertamente hay versículos en la bíblia que garantizan la salvación de los predestinados (pero solo Dios sabe quiénes son (2Timoteo 2:19), y aquellos a quien el Espiritu Santo se lo ha confirmado)

    PERO HOY (en días de apostasia) MUCHOS LÍDERES Y PASTORES CORROMPEN LA SANA DOCTRINA, atribuyéndose para sí mísmos, justificándose ellos mismos (sin la menor confirmación del Espíritu Santo) los versículos referente a los predestinados, TRASTORNANDO la libertad y la Fe de los débiles.

    LA DOCTRINA DE SSS, (mal canalizada por muchos), tiende a que la libertad que tenemos en Cristo Jesús, sea usada como pretexto para hacer lo malo (libertinaje), Y VIENEN A SER TROPEZADERO PARA LOS DÉBILES EN LA FE (1Corintios 8:9) (Romanos 14:15) (1Pedro 2:16) (Gálatas 5:13) (Santiago 2:12) etc. etc.

    NO SE EQUIVOQUEN; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres. Velad debidamente, Y NO PEQUÉIS; porque algunos no conocen a Dios; para vergüenza vuestra lo digo (1Corintios 15:33-34)

    PORQUE ESCRITO ESTÁ: Sed santos, “PORQUE YO SOY SANTO”. (1 Pedro 1:16)

    ASÍ QUE, EL QUE PIENZA ESTAR FIRME, MIRE QUE NO CAIGA (1Corintios 10:12).

    ¡¡¡ A DIOS SEA SIEMPRE TODA LA GLORIA !!!

    • Entre todo, buenas palabras.
      Gracias por su comentario y perdone la demora es que estábamos presentando dificultades.

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